Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Remembranza de la Canuda: la desaparecida librería de viejo más grande de España

Librería Canuda. Octubre del 2013. Fotos de María Augusta Albuja.

La llovizna dócil que se derrama sobre los edificios y calles de Barcelona no da señales de tener un final posible. Las minúsculas gotas de lluvia caen perpetuamente sobre las veredas, abarrotadas de gente. El verano se ha terminado y es preciso cambiar de vestuario. Las tiendas de ropa de enormes y elegantes fachadas reciben a los transeúntes. Por la Plaza Cataluña, que dos años atrás habían concentrado a los indignados, desfilan con sus fundas llamativas los compradores de las marcas de ropa que imponen la moda. A cinco minutos de allí, entre la Rambla y la Puerta del Ángel, se encuentra la Librería Canuda, sobre la calle del mismo nombre. Es una de las más viejas del centro de Barcelona y la más grande de libros de segunda mano en toda España.


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Increíblemente la Canuda está repleta de potenciales clientes y eso es algo que hasta hace poco no sucedía muy a menudo. Barcelona, desde hace mucho, es una ciudad con librerías solitarias y silenciosas. El motivo de la concurrencia es la pancarta amarilla que en la puerta informa sobre la liquidación y los libros a mitad de precio. Es como una bomba de tiempo cuyo reloj marca los segundos que faltan para llegar a la ineludible cita del 22 de Noviembre cuando, a las ocho de la noche, la Canuda cerrará para siempre sus puertas.

Santiago Mallafré, su propietario, es un hombre que debajo de su profunda barba blanca sostiene una generosa sonrisa. Un mandil azul de trabajo devela su condición de librero. Se puede apreciar su jovialidad al observar su semblante seguro y cordial. Recorre a gran velocidad la enorme librería de 800 metros cuadrados para atender a sus clientes y en un momento en el que por fin encuentra tiempo se acerca y comienza a contar la historia detrás de su negocio.

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Su padre, Don Ramón Mallafré Conill, comenzó a vender en las barracas de libros que, hace casi un siglo, había en la Rambla de Santa Mónica, hacia la zona del puerto. Ese sector de la ciudad congregaba a todo tipo de comerciantes. “No tuvo estudios pero fue un hombre con una capacidad de trabajo infinita y una intuición magnífica”, comenta Santiago para describir a su progenitor, un amante de la cultura que trabajó como librero desde su juventud hasta la edad de 88 años. En la mañana del 14 de Abril de 1931, Don Ramón fundó la Librería Cervantes en la calle Tallers, junto a la Plaza Universitat. “La abrió en la mañana –recuerda Santiago– y la tuvo que cerrar en la tarde porque se había proclamado la República y la ciudad era un caos”.

En 1949 abrió la Cervantes Canuda, la emblemática librería de Barcelona que irremediablemente cerrará a finales de noviembre para convertirse en una tienda de Mango. “Estamos ubicados en el mejor barrio de Barcelona”, señala el librero, “todos los locales de las librerías de esta zona, de nuevo o de viejo, pasarán a manos de multinacionales en muy poco tiempo”. La Canuda se mantuvo allí porque gracias a la Ley de Arrendamientos Urbanos (1994) se pagaba un alquiler muy bajo. Pero desde hace 20 años Santiago Mallafré sabía que el contrato amparado por esa norma finalizaba en diciembre del 2013 y, a partir de entonces, los dueños del edificio podrían imponer el alquiler que deseasen. “Este local se arrendará por 18 mil euros mensuales y la única forma de pagar esa cantidad sería poniendo cocaína entre las páginas de los libros”, bromea.

A una distancia de más o menos 150 metros de la Canuda se encuentra otra tienda de Mango. Así son las calles del centro de la Barcelona del siglo XXI: en cada cuadra cristales con decoraciones de lujo dan la bienvenida a las tiendas de las cadenas Zara, Benetton, H&M… Y la escena, que incluye a los McDonald y los Starbucks, se repite infinitamente de manzana en manzana. La ciudad que fue la capital editorial de los escritores de la lengua castellana observa, impávida e indolente, el cierre de su más emblemática librería.

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El Cementerio de los Libros Olvidados

Hace algunos años los jóvenes que recorrían Barcelona dentro de la ruta turística dedicada a Carlos Ruiz Zafón empezaron a visitar la Canuda y a pedir que se les permitiera bajar al sótano. Eso comenta el librero mientras me conduce a descender por escaleras que comprueban la antigüedad del edificio. Cuando estas se terminan aparece una gran bodega subterránea con enormes repisas de libros. “Esto era un almacén en donde se tiraban ejemplares que ya no servían, los muy deteriorados”, dice Santiago y recuerda que el autor de ‘La sombra del viento’ (2001) solía ser asiduo visitante de la librería en esa época. “No sé si él se inspiró aquí, pero nada más adecuado que esto para ser un cementerio de libros olvidados, como aquel que aparece en su obra”, agrega.

Detrás de las viejas paredes que rodean la bodega fantasmagórica se encuentran tumbas romanas pues esa zona, hace varios siglos, había sido en efecto un cementerio. Los anaqueles que cubren esas paredes se encuentran casi vacíos pues, en estos días de liquidación y desencanto, va llegando la hora de dejar el local en el que los más fascinantes personajes de la ficción serán reemplazados por maniquíes fríos y sin carisma.

La Librería Canuda llegó a tener un fondo de más de 200 mil volúmenes, así se convirtió en la librería de viejo más grande del país. Todos fueron libros de segunda mano que los adquirían a particulares: bibliófilos que fallecían, gente que se cambia de piso y ya no tiene espacio. Son libros que poseen su historia particular, de esos que no se encuentran en las librerías de nuevo: los descatalogados, los agotados, los raros. En la Canuda se podía encontrar de todo, libros de 3 euros y otros de hasta 50 mil. “La Encyclopédie de Diderot vendimos a esa cantidad”, recuerda Santiago en referencia a esa edición original de 35 volúmenes que databa de la época de la Revolución Francesa y que habitaba en la Canuda.

Las palabras de este librero barcelonés corroboran el enorme parecido de nuestro mundo a ‘Farenheit 452’, la novela de Ray Bradbury sobre la quema de los libros. Cuando le menciono esto, Santiago sonríe y hace notar que la gente que lee es una minoría absoluta. “Hay quienes tienen libros todavía empacados con el celofán”, comenta al explicar que una gran cantidad de personas en Cataluña solo va a las librerías una vez al año, por el día de San Jorge en el que, según una vieja tradición, los hombres regalan rosas y las mujeres libros. A esto agrega: “En Buenos Aires la gente lee, las librerías de viejo venden ediciones que están gastadas, tienen cuatro o cinco lecturas por lo bajo. Aquí hay libros viejos que nunca han sido leídos”.

Mientras se pasea por los escaparates relata que siendo adolescente leyó el ‘Lobo Estepario’ de Hermann Hesse. “En España no lo conocía nadie”, cuenta no sin que despierte en él una vieja indignación, “lo puse en escaparate y lo comencé a recomendar”. Tiempo después el representante de la editorial que tenía los derechos de Hesse en España le comunicó que su librería había sido la que más vendió libros del novelista alemán en la península ibérica.

Es difícil entender su situación, su desesperación no es tanto por el cierre de su negocio como por no saber qué hacer con su fondo de libros. Por eso dice, a modo de broma, que hubiera preferido tener una joyería y así no le sería tan difícil vender las últimas joyas. Cree que le quedan cerca de 80 mil libros por vender y ya no tiene tiempo. Si es que los lectores sobreviven a esta civilización del espectáculo, banalidad y entretenimiento, leerán libros electrónicos. No libros de papel, que ocupan espacio y son pesados.

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“El de librero es el oficio más bonito que hay en el mundo, para mí es imposible aburrirme en una librería. Estos 47 años me han pasado volando”, afirma Santiago con cierta nostalgia. Y es que son tantas las experiencias. Por ella pasaron Dalí, Picaso, Rafael Alberti, el ex presidente de Portugal Mario Suarez y casi todos los escritores del Boom Latinoamericano. Hace pocos años allí se filmó, con la legendaria actriz francesa Jeanne Moreau, una adaptación del cuento de Cocteau ‘Les parents terribles’. En ese local, de la calle Canuda, la cultura de Occidente ha perdido una de sus más heroicas batallas: la de los libros de viejo. Con el paso de los años el siglo XXI se tragará a todas las librerías de segunda mano. Santiago está cansado, quiere vender sus libros para retirarse definitivamente y dedicar el resto de su vida a su otra pasión: la navegación.

Caminamos a la puerta de la Canuda y nos despedimos. La librería de viejo más grande de España me dice adiós para siempre. Al salir a la calle la llovizna sigue cayendo sobre Barcelona y las luces de las tiendas de ropa, atestadas de gente, iluminan la noche.

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Miguel Molina Díaz

* El texto se publicó por primera vez en la revista Mundo Diners en su edición de Julio del 2014.