Ecuador. Martes 23 de Mayo de 2017
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Lu Xun, el escritor chino que desafió al feudalismo caníbal

Lu Xun, padre de la novela china moderna.

Pekín, (EFE).- El cigarrillo de Lu Xun, padre de la literatura china moderna, humea en todos sus retratos expuestos en el Museo de Arte Nacional de Pekín, un homenaje al autor que vio en el feudalismo confuciano chino un canibalismo social.

En la última planta del museo -de techo dorado y estilo tradicional, en una sucia avenida central de la ciudad- una exposición recuerda los 80 años de su muerte, a través de cuadros bucólicos, esculturas abstractas, revistas en las que trabajó y dibujos en blanco y negro inspirados en su obra.

Los carteles de la exposición, abierta hasta el 22 de mayo, son todos en chino, pero es fácil reconocer en los retratos expuestos escenas de su vida, que pasó escribiendo cuentos, traduciendo a Julio Verne o participando en reuniones donde se gritaba a favor de la modernidad occidental y se abucheaba a Confucio.

Varios dibujos expuestos -en blanco y negro, con escenas angustiosas y decadentes rayanas a la locura- podrían ilustrar el cuento “Diario de un demente”, una de sus obras más conocidas.

En ella, el protagonista descubre, o cree descubrir, en un juego ambiguo, que su vecinos, sus amigos y sus familia son caníbales que lo observan con ojos hambrientos.

Este relato, una siniestra alegoría del feudalismo confuciano, pretendía desenmascarar un sistema social que Lu Xun identificaba como causa de las desigualdades sociales y económicas del país.

El escritor fue uno de los líderes de las protestas de Tiananmen de 1919, conocidas como el “Movimiento del 4 de Mayo”, en las que los estudiantes universitarios pedían democracia, modernidad y ciencia, mirando con anhelo el desarrollo progresista europeo, en contra del anquilosado feudalismo atrincherado en Pekín.

El movimiento también era nacionalista: la chispa que lo encendió fue la firma del Tratado de Versalles, que ponía fin a la Primera Guerra Mundial e imponía a China -una potencia aislacionista en decadencia, asaltada durante décadas por los imperios extranjeros- la cesión de territorios a su vecino Japón.

La exposición abre con una estatua del escritor, de piedra negra y silueta erosionada, una de las miles que pueblan las ciudades de China: en los miles de artículos que se han publicado sobre Lu Xun, siempre se repite -sin saberse si es rumor o verdad- que es el literato que más efigies tiene de todo el mundo.

El literato de Shaoxing (provincia de Zhejiang) también es la imagen que el Partido Comunista chino ha usado para legitimarse a través de la literatura, ya que Lu Xun formó parte del “Movimiento Nueva Cultura”.

Aquel fue un grupo de escritores izquierdistas chinos que atacó los estrictos cánones confucianos, que no dejaban apenas espacio para la innovación literaria, y que defendía una política antipatriarcal e igualitaria, de tintes marxistas.

El Partido Comunista chino se proclama heredero de las ideas de Lu Xun -aunque el autor murió en 1936, trece años antes de la llegada de Mao Zedong al poder- y sus cuentos son de lectura obligatoria en las escuelas del país.

Sus obras -muy críticas con el carácter chino, que Lu Xun definía como esquizofrénico, donde se mezclaba el deseo de tiranizar al otro y el de arrodillarse servilmente ante el poder- son usadas por Pekín para recordar la tiránica sociedad feudal precomunista y un pasado imperial decadente, presuntamente dejado atrás.

Aunque, como apuntan algunos críticos, las proclamas antitradicionalistas de Lu Xun no están exentas de lecturas peligrosas: la caótica Revolución Cultural de los años 70, basada en proclamas contra “lo viejo”, siniestramente parecidas a las del escritor, supuso la destrucción de un inmenso patrimonio milenario.

También la persecución de intelectuales y ciudadanos considerados como “reaccionarios” a manos de la paramilitar Guardia Roja maoísta.

Cada año China inaugura exposiciones sobre Lu Xun, el mejor autor de la China moderna, omnipresente héroe de un país donde la relación entre política y literatura nunca ha sido inocente. EFE (I)