Ecuador. Viernes 30 de septiembre de 2016
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El cine como una oportunidad de olvidar la violencia en El Salvador

El Salvador. Fotografía cortesía de Cinetour

En El Salvador, un cine gratuito y al aire libre se ha convertido en un espacio de paz para millones de familias. Entre películas, palomitas de maíz, y una alfombra roja, Cinetour  busca opacar la violencia extrema que se vive en esta región e invita a la gente a soñar en un futuro mejor.

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En uno de los países más pequeños de América continental y con mayor densidad poblacional, la violencia se ha convertido en el monstruo que aqueja a diario a millones de salvadoreños. La cifra de fallecidos en los últimos meses a causa de la violencia por parte de las pandillas se acerca a la registrada en los peores años de su guerra interna que se  desarrolló entre 1979 y 1992. Según  un portal de El Salvador, lainformación.com, el pasado 2015 se cerró con 6.657 homicidios. La tasa de 103 muertos por cada 100.000 habitantes lo sitúa a la cabeza los países más violentos del mundo.

De acuerdo con una encuesta reciente realizada por la empresa de servicio de datos Predictvia, el 79 por ciento de la población desea salir del país, lo que significa que millones de salvadoreños perdieron la esperanza que tenían de una nación sin violencia. En esta región en donde las cifras de homicidios  están al nivel de países en guerra declarada, como Siria, Cinetour surge como un espacio de concienciación y paz.

Llevar el cine a los lugares más desfavorecidos

Pero, ¿qué es Cinetour? En palabras de Federico Rivas, joven emprendedor y fundador de esta iniciativa junto a su hermano Edwin, Cinetour es la oportunidad de llevar cultura y armonía a esos lugares que están sumergidos en la violencia.

En el 2013, inspirado por la película de Giuseppe Tornatore Cinema Paradiso, Federico decidió comenzar a construir espacios de paz, y promover el acceso a un cine gratuito al aire libre en las plazas públicas de todo El Salvador. Cinetour llega a los lugares marginados y restaura la paz  en las zonas estigmatizadas por el conflicto, permitiendo a la gente volver a soñar, aunque sea por un momento, y hacerles creer que hay más que sólo la difícil situación.

El Salvador. Fotografía cortesía de Cinetour.

El Salvador. Fotografía cortesía de Cinetour.

Espacios libres de violencia con Cinetour

Cada fin de semana se instala una enorme pantalla en una plaza pública de un barrio desfavorecido de El Salvador, y se invita a todos los vecinos a disfrutar del cine. La gente va llegando en familia e ingresan por una alfombra roja a tomar sus asientos en espera de ver la película. Como parte del Cinetour, se interactúa con las personas y se exhiben videos cortos sobre temas de prevención de la violencia, la nutrición y los valores morales.

Para Federico es maravilloso como la gente reacciona “ellos se muestran incrédulos al ver algo tan bien montado, ¿en serio es esto para nosotros?, y ¿es gratis?” Él explica que Cinetour llega a alrededor de veinte mil personas cada fin de semana gracias al apoyo de auspiciantes quienes aprovechan de la función de cine para ofrecer degustaciones de sus productos.

Cinetour según Federico es un ejemplo de la oportunidad que se presenta al integrar un proyecto social con metas de afinidad comercial, “sí es verdad que están en polos opuestos, pero  al crear alianzas se puede lograr proyectos maravillosos en beneficio de la gente”. Cinetour, por ejemplo, durante tres años ha permitido a cientos de miles de personas disfrutar durante los fines de semana de los espacios libres de violencia.

Para Federico de 26 años, los jóvenes deben comprometerse con proyectos que promuevan la paz en su país. “Buscamos crear un impacto importante en las personas a través del cine comunitario, no solo brindamos cine, otorgamos la oportunidad de soñar a millones de personas afligidas por la violencia”.

Actualmente se han expandido a varios países de América Central como Honduras, Costa Rica y Guatemala. Y Federico no descarta llegar a muchos lugares más en donde las comunidades estén ansiosas de paz y cultura. (I)

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Por Gabriela Yépez Díaz

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