Ecuador. Lunes 26 de septiembre de 2016
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Isolda Morillo, una peruana inmersa en las círculos literarios de China

PEKÍN, 25/06/2016.- Fotografía facilitada por la propia periodista peruana Isolda Morillo, que llegó a Pekín de niña en 1980, y se ha convertido en uno de los primeros extranjeros, y seguramente la primera latinoamericana, en publicar en China poesía y prosa escrita en mandarín y en introducirse en el complejo mundo literario chino. Morillo, nacida en Ayacucho pero limeña de corazón, hija del también escritor Juan Morillo y con una vida nómada que le ha llevado por tres continentes, es la pluma estrella de la nueva edición de la revista literaria china "Leemos el mundo", dirigida por el prestigioso librero Xu Zhiyuan, donde la escritora peruana ha colaborado con la novela corta "El amante ideal", un relato semiautobiográfico, según cuenta en una entrevista a Efe. EFE

Pekín, (EFE).- La periodista peruana Isolda Morillo, que llegó a Pekín de niña en 1980, se ha convertido en uno de los primeros extranjeros, y seguramente la primera latinoamericana, en publicar en China poesía y prosa escrita en mandarín y en introducirse en el complejo mundo literario chino.

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Morillo, nacida en Ayacucho pero limeña de corazón, hija del también escritor Juan Morillo y con una vida nómada que le ha llevado por tres continentes, es la pluma estrella de la nueva edición de la revista literaria china “Leemos el mundo”, dirigida por el prestigioso librero Xu Zhiyuan, donde la escritora peruana ha colaborado con la novela corta “El amante ideal”, un relato semiautobiográfico, según cuenta en una entrevista a Efe.

“Es una historia bastante sencilla”, comenta Isolda en una tarde de granizo estival en Pekín, “sobre una chica peruana que viene a China con sus padres en los 80 y se encuentra un país donde no habla el idioma y no entiende muy bien las cosas que ve”.

Morillo, que en esa infancia vivió con sus padres en el mítico Hotel de la Amistad (por el que pasaron extranjeros de Latinoamérica y otros países “amigos de China” desde los años 50 hasta comienzos de este siglo), cuenta en un monólogo interior los problemas de adaptación y las dificultades para tener amigos y amoríos con los habitantes locales.

También describe el choque cultural inverso que experimentaría después, al salir de China para estudiar, formar una familia o buscar sus primeros trabajos.

La ayacuchana, que trabaja como periodista y suele usar inglés y español en su trabajo diario, decidió dar el salto al mandarín en 2014, tras regresar al Pekín de su infancia y decidida a estudiar un idioma que no acabó de dominar en su primera etapa pequinesa.

“Quizá lo que me empujó a ello es que cuando escribo mis noticias o hago mis reportajes de televisión mis amigos chinos no lo pueden ver, para ellos lo que yo hago no existe”, explica.

“Empecé a tener la idea de que si quería existir para los chinos tenía que ponerme a escribir en chino, y lo hice muy tímidamente, mostrando mis escritos a algunos amigos, quienes me dijeron que podía comenzar a publicarlos”, añade.

Como regresando a los tiempos predigitales, Morillo se ha introducido en el arcano mundo literario chino de la forma más clásica: yendo a tertulias de escritores en cafés, publicando poemas en sus revistas, participando en lecturas y, en definitiva, siendo un escritor más en un mundo cultural muy desconocido fuera de este país (exceptuando a su Nobel Mo Yan).

“Los poetas son los que me han acogido mejor”, cuenta la peruana, quien reconoce que escribir en chino es más difícil que hacerlo en español o inglés pero seguramente le apasiona más.

“Me encanta, porque es un proceso que te hace muy consciente, al escribir en castellano lo tomamos como algo natural y es posible que caigamos en frases hechas, lugares comunes, y con el mandarín tardo más pero tienes que reflexionar en el estilo o el punto de vista”, explica.

Añade Morillo que el mandarín “es un idioma muy conciso, condensado, en el que un carácter te puede decir mil cosas”, lo que da a los textos varios sentidos a la vez, añadiendo complejidad pero también planteando un reto apasionante.

En su faceta periodística Morillo ha tratado temas de derechos humanos o de falta de libertad de expresión, y admite que ella misma ha sido víctima de la censura al publicar el relato, donde las autoridades han borrado una parte en la que la protagonista en Perú bromea con un simpatizante del maoísmo sobre las relaciones amorosas de Mao, su esposa Jiang Qing y un presunto amante de ésta.

“No quiero leerlo”, confiesa sobre la versión editada de su cuento, quien según ella puede perder una parte importante de lo que quería contar a los lectores chinos, ya que deseaba explicarles que en el Perú de los 80 y 90 hubo maoísmo, encarnado en el grupo terrorista Sendero Luminoso.

El padre de Isolda, Juan Morillo, viajó en los 80 a Pekín por curiosidad y, a diferencia de ella, ha permanecido en esa ciudad todo este tiempo, pero curiosamente ha desarrollado toda su obra literaria en español y tratando temas esencialmente peruanos en novelas como “Memoria de un naufragio” o “Las trampas del diablo”.

“Le dije a mi padre que escribo en chino para que él no sepa de lo que estoy hablando”, bromea Morillo, quien está convencida de que en el futuro otros creadores extranjeros, desde escritores a cineastas se animarán también a utilizar el intrincado mandarín para expresarse en sus obras. EFE (I)

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