Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Juan Carlos Olivas: “Mi poesía está siempre al servicio del asombro”

Juan Carlos Olivas, poeta costarricense. Foto de su perfil de Facebook.

“Vengo a buscarte, hermano, porque traigo el poema,/ que es traer el mundo a las espaldas”, escribe Jorge Debravo; la palabra como alucinación de la memoria (Rimbaud), rehacer un nuevo humanismo por medio de la poesía. El pasado como arte poética que es retornar al vacío y escribir. Así se presenta el poemario Honor del delirio, del poeta Juan Carlos Olivas (Costa Rica, 1986) que este año fue ganador del Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero.


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Alfredo Pérez Alencart, de Perú/España; Ana Cecilia Blum, de Ecuador; Omar Lara, de Chile; María A. Pérez, de España; y, Hugo Francisco Rivella, de Argentina fueron quienes conformaron el jurado, quienes luego de haber realizado una atenta y detallada lectura de los 312 libros que llegaron al concurso, decidieron otorgar el premio al libro Honor al delirio.

A continuación, presentamos un diálogo con el poeta Juan Carlos Olivas.

– Raúl Zurita, ante el cuestionamiento de Sergio Rodríguez Saavedra sobre el papel de la poesía ante la memoria, respondía que dentro “de un mundo de víctimas y victimarios a la poesía le ha correspondido ser la primera víctima y también la primera que se levante de entre los caídos” ¿Cuál es la función que cumple tu poesía?

La poesía, mi poesía está siempre al servicio del asombro. La capacidad de crear empatía con el prójimo, con quien sufre, con quien no sufre, con quien quiera congregarse a esta esfera de las letras, porque ante todo la poesía sirve para humanizarnos en medio de un mundo que tiende cada vez más a deshumanizar. Es un acto de desobediencia ante lo que día con día nos quieren imponer en esta cultura de hambre y desunión.

– En tu libro La sed que nos llama, escribes que “…tú y yo quizá,/ escribimos el poema/ entre las cosas que hieren,/ se desdicen, y no vuelven/ sino para sangrar.” ¿Estamos ante una poética del dolor?

Sí. Estamos ante el testimonio de un ser humano más, como cualquiera, que se levanta y sale a caminar y observa (con manía voyerista) las calles, sus habitantes y trata de retratar lo que se le presenta en el camino, con todo el riesgo que eso conlleva. Ese el problema de acercarse al fuego, el de vivir muchas vidas a la vez, de pronto olvidás tu vida y sos otro, y a la hora de escribir eso otro u otros se revelan con voracidad y el poeta se convierte en un médium que vuelve en sí hasta que el poema se ha dicho.

– Leyendo tu obra encuentro que dialogas con algunas poéticas, generas una interpretación con varias voces, así encuentro a Pound, Pizarnik, Rimbaud, ¿Cómo es tu proceso de creación? ¿Cómo dialogas con la tradición?

– Decía José Emilio Pacheco que “no leemos a otros: nos leemos en ellos”. La labor de cualquier escritor es leer muchísimo más que escribir. Si vemos la historia de la poesía desde que existe los tres grandes temas de la misma son: el amor, el paso del tiempo y la muerte. Todo lo que se ha escrito en realidad son variaciones de estos temas tratados de forma original y diferente. El mismo Pound decía “make it new”, hazlo nuevo, y es lo que humildemente trato de hacer, crear según mi circunstancia el entorno en que mi poesía se desarrolla y se comunica con el lector, creando así un puente que une dos islas: la tradición que el poeta lleva a cuestas y la realidad circundante del lector, que hallará en los textos algún lazo de su propio ser que reconocerá.

– En Honor del delirio se ha hecho acreedor al Premio de Poesía Internacional Paralelo Cero. Es un libro que sigue los temas de tus anteriores libros ¿Qué me puedes contar de tu libro?

– Este es mi séptimo libro de poesía y es un honor enorme haber ganado este prestigioso premio. Lo acepto con gratitud y humildad. Cada nuevo proyecto surge como respuesta a las inquietudes que se presentaron en el libro anterior. Evidentemente hay una voz que creo que poco a poco voy sintiendo más propia; sin embargo, mis libros son bastante diferentes entre sí. Intento reinventarme y retarme a mí mismo en cada nuevo poemario. Me gustan mucho los poemarios conceptuales, con una unidad estructural y temática, aunque de este tipo de libros, como en Honor del delirio, aparecen distintas voces que dialogan entre sí. En el caso específico de este reciente poemario el tema central es el delirio, el mío, el de los otros y el de la poesía misma como elemento de ruptura ante el caos generacional de nuestro entorno.

– ¿En una sociedad que está signada por la rapidez, crees que todavía es útil el poeta?

– Se vuelve cada vez más útil porque la poesía es una especie de apuesta contra el olvido. La necesidad de la memoria colectiva nos lleva inevitablemente al acto poético. Muchos poetas incluso han dicho que la poesía no sirve para nada, y esto me hace pensar en el arte en general, ya que es exactamente igual a decir que las obras de Miguel Ángel no son útiles en tiempos modernos, que de nada nos sirve La Piedad, o la Gioconda, o la música de Brahms o Rachmaninov. Quizás muchos pueden vivir sin arte, pero para mí el arte es tan primordial como respirar, comer o hacer el amor. No concibo la vida sin poesía, tampoco la muerte, que es un ensueño poético al que todos estamos destinados. No se puede escapar de la poesía.

– ¿Existe esperanza en la poesía?

– Para responder esa pregunta me tomaré la libertad de contestar con un poema incluido en Honor del delirio:

HALLAZGO EN ALTAMIRA

Le hablo al hombre

que dibuja bisontes

en la cueva de Altamira.

 

Le digo que se detenga,

que no vale la pena

dejar registro

de existencia humana alguna,

que los cazadores

nos cazamos a nosotros mismos,

que fracasamos en un intento de futuro,

que no aprendimos a remendar

las hilachas del corazón

y a la forma del círculo

solo la utilizamos

para forjar monedas.

 

Le insisto en que no somos dignos

de contar nuestra historia,

que dejamos sobre mesas de fuego

el papel de la creencia,

de lo que conscientemente

nos hacía discernir

entre un atardecer

o el incendio en la casa de la misericordia.

 

Le digo que ya basta,

que no se atreva,

que para qué tanta lata

en sobrevivir más allá de la memoria.

 

Pero el hombre de Altamira me da la espalda,

finge no escucharme, no saber que estoy ahí,

y sigue dibujando

sus bisontes.

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Entrevista realizada por Cristian López Talavera