Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Documental revive viaje psicodélico de Ken Kesey

Cuarenta horas de grabación en filmes de 16mm guardan la aventura del autor Ken Kesey (Alguien voló sobre el nido del cucú), quien emprendió un viaje desde California hacia la exposición universal de Nueva York en 1964, en un autobús escolar con una docena de amigos, un arsenal de drogas alucinógenas y un equipo de cámaras que dejarían constancia de la aventura que ahora es rescatada en un documental, según informa diario El País.


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Aquella delirante ruta fue la brecha que marcó el fin de la convencional década de los cincuenta. Aquí estaban los proto-hippiesque arrasarían entre los jóvenes de esa década. El cronista Tom Wolfe se encargó de contarlo en Ponche de ácido lisérgico y de convertir ese autobús en carne de leyenda.

Aunque la idea era montar una película, Kesey y su alucinada panda no lograron editar el material rodado. El sonido no estaba sincronizado. Lo proyectaron tal cual en varias de sus fiestas ante un público pasado de LSD. El metraje acabó en un granero de Oregón, en casa del novelista. Los directores Alex Gibney y Alison Ellwood lo han rescatado ahora en Magic trip, documental de hora y media de duración estrenado este verano en Estados Unidos. “Lo busqué como el Santo Grial”, dice Gibney, que reconoce que lo más complicado ha sido encontrar un hilo narrativo coherente. Los problemas con el audio los solucionaron gracias a una serie de entrevistas con los protagonistas que también encontraron en el granero.

El documental incorpora pequeños incisos. La historia arranca con una presentación de Kesey, un tipo aparentemente normal que se casó con su novia del instituto y competía en lucha libre en la universidad. Tras su éxito como novelista y en medio del shock del asesinato del presidente Kennedy, surgió la idea de cruzar el país en autobús. “Durante un tiempo fue una vía de escape. Luego se convirtió en un callejón sin salida”, dice Gibney.

Entre los compañeros de viaje de Kesey se encontraban desde una joven profesora de Stanford hasta el héroe beatnik Neal Cassady, el alter ego del personaje Dean Moriarty protagonista de la novela En la carretera, de Kerouac. Él se ocupó de conducir y los demás se turnaban para sentarse a su lado y escuchar sus largas peroratas alimentadas de speed. El autobús lo pintaron de colores unas diez veces y lo bautizaron como Further (Más lejos). Las distintas etapas del viaje incluyen desde la accidentada salida -apenas doscientos metros después de arrancar se quedaron sin gasolina- hasta su paso por el sur segregado estadounidense, donde sin darse cuenta acabaron bañándose en un área reservada a la población negra, o su paso por Arizona, donde quedaron encallados en el barro y siguieron el viaje vía LSD, tripeando durante horas.

La policía les paró más de una docena de veces y ellos siempre bajaban con sus cámaras. Les rodaban mientras explicaban que trataban de hacer un documental. Nunca les detuvieron. Nadie en ese momento buscaba drogas, y este grupo al fin y al cabo iban vestidos con los colores de la bandera americana. En Nueva York desfilaron durante horas por las calles antes de arrancar una fiesta con el poeta Ginsberg, que les llevó a la mañana siguiente a la casa de Timothy Leary. Éste nunca quiso recibirlos. Lo suyo era un experimento controlado, no el desfase jovial y alocado de The merry pranksters (Los alegres bromistas), que así se bautizaron los viajeros del autobús.

Magic trip también reconstruye la historia de Kesey con el LSD. Lo probó por primera vez como parte de un experimento para tratar las migrañas en la Universidad de Stanford. “Es muy irónico”, dice Gibney. “Los exámenes que condujo la CIA para probar drogas que podrían usar en los interrogatorios produjeron la explosión de la contracultura de los sesenta”.