Ecuador. Lunes 24 de Julio de 2017
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Vargas Llosa y sus amores

Foto: EFE/Archivo

Madrid, (EFE).- A sus casi 80 años Mario Vargas Llosa sorprendió con la separación de su esposa – y prima – Patricia tras 50 años de matrimonio, para unirse a Isabel Preysler. No fue la primera ruptura amorosa de un hombre que en 1955 se casó, siendo menor, con su tía política Julia Urquidi.


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En 1964, ya como escritor en París, abandonó a Julia por su prima Patricia, con la que se casaría al año siguiente y con la que tuvo a sus tres hijos: Álvaro, Gonzalo y Morgana.

Aquella primera relación fue contada en 1977 por el escritor en “La tía Julia y el escribidor”; años después, en 1983, recibió la dura respuesta de Urquidi en “Lo que Varguitas no contó”: un retrato de un matrimonio destruido por las infidelidades de él.

El matrimonio de Mario y Julia duró nueve años. Él tenía 19 años -la mayoría de edad en el Perú de entonces se alcanzaba a los 21- y Julia, 30. Él aspiraba a ser escritor, y ella, boliviana, se acababa de divorciar. Era hermana de Olga, casada con Luis Llosa, hermano de Dora, la madre de Mario.

A esa relación, el escritor le dedicó un capítulo en sus memorias, “El pez en el agua” (1993). Ahí detalla el comienzo de su relación, desde el día en que la conoció, a finales de mayo de 1955.

“Estoy segurísimo, eso sí, por un episodio posterior, de que en ese primer encuentro no me enamoré de Julia ni pensé mucho en ella luego de despedirnos, ni, probablemente, después de las dos o tres veces siguientes que la vi”, reveló.

Vargas Llosa recuerda sus citas clandestinas, sus paseos por el malecón de Miraflores y sus precipitada boda para evitar que les separara la familia al conocer la relación.

Así, la relación tuvo que ser aceptada y los primeros años funcionó bien, hasta que se apagó la pasión, reemplazada por “una rutina doméstica y una obligación que, a ratos, yo empezaba a sentir como esclavitud”, recuerda Vargas Llosa en sus memorias.

Los celos de Julia y los flirteos del escritor con otras mujeres contribuyeron a socavar el matrimonio, que se acabó cuando el escritor se enamoró de su prima Patricia, hija de sus tíos Lucho y Olga, hermana de Julia, su esposa.

Vargas decidió compensar a Julia con los derechos de su primera novela, “La ciudad y los perros”. Pero cuando ella dio su versión de la relación en “Lo que Varguitas no dijo” (1983), se los retiró.

Vargas Llosa se quejó entonces del “tremendo rencor” de su primera esposa contra él y contra Patricia. Fue la venganza en frío de Julia, que vio cómo su marido se enamoraba de su prima adolescente, a la que acogieron en su casa de París cuando tenía 15 años.

Mario y Patricia se casaron en 1965, cuando él tenía 29 años y Patricia 19.

Una unión sólida, de la que nacieron tres hijos, y en la que Patricia se convirtió no solo en esposa, sino también en secretaria y hasta en portavoz del escritor, que le rindió un sentido homenaje en su discurso de aceptación del Premio Nobel en 2010.

Se refirió a Patricia como “la prima de naricita respingada y carácter indomable”, con la que tuvo “la fortuna” de casarse hacía 45 años, “tan generosa” que hasta cuando riñe hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.

Con ella, celebró las bodas de oro, el pasado año, en Nueva York, rodeados de hijos y nietos.

Unas imágenes que habían pasado desapercibidas para el público hasta que se conoció la relación, que al parecer ya existía, entre Vargas Llosa e Isabel Preysler, una de las mujeres más conocidas de la prensa del corazón en España.

Tras días de rumores, aparecieron las primeras fotografías de la pareja en junio pasado, lo que provocó una airada reacción de su esposa Patricia. Pero la relación entre ambos, amigos desde hacía 20 años, era un hecho y no había marcha atrás.

Preysler, de 65 años y nacida en Filipinas, se hizo popular en España tras su boda en 1971 con el cantante Julio Iglesias. Luego se casó con el aristócrata español Carlos Falcó, marqués de Griñón, y en 1988 con el exministro socialista de Economía Miguel Boyer, que falleció en septiembre de 2014.

El nobel pidió a Patricia el divorcio en noviembre pasado. “Este ha sido el año más feliz de mi vida”, afirmó a la revista “Hola”, al intentar zanjar las especulaciones sobre su relación con Preysler.

Y en un reciente encuentro con periodistas, señaló: “Despierto curiosidad en cierta prensa desde hace algún tiempo por la mujer de la que estoy enamorado. Si ese es el precio que tengo que pagar por estar con la mujer de la que estoy enamorado, lo pago. Con resignación, no con entusiasmo”. EFE (I)