Ecuador. martes 26 de septiembre de 2017
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Fallece Nicholas Sand, quien popularizó el LSD

Foto sin fecha de Nicholas Sand (izq) y su pareja Gina "Usha" Raetze, Sand, creador junto con Tim Scully de la mejor versión de LSD jamás consumida, falleció a fines de abril mientras dormía. Seguía convencido de que las drogas psicodélicas pueden forjar un mundo mejor. (William Radacinski/Lorenzo Hagerty via AP)

 


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LOS ÁNGELES (AP) — El científico suizo Albert Hofman puede haber inventado el LSD y Timothy Leary es la figura más prominente asociada con el ácido.

Pero fue un químico autodidacta que le huía al candelero llamado Nicholas Sand quien lo popularizó y estuvo detrás de las experiencias alucinógenas de decenas de millones de personas de varias generaciones al producir el ácido más puro y de mejor calidad jamás consumido.

Sand, quien con su colega Tim Scully produjo la legendaria versión de LSD conocida como “Orange Sunshine”, que salió a la venta inicialmente en las calles de San Francisco en 1967, falleció el 24 de abril mientras dormía en su casa de Lagunitas, comunidad del norte de California.

Tenía 75 años recién cumplidos y el día previo había hablado en una Conferencia de Ciencias Psicodéoicas en Oakland, donde se había presentado la película “The Sunshine Makers” (Los creadores del Sunshine).

Nick le dijo a algunos amigos que había sido el mejor fin de semana de su vida. Después se fue a su casa y murió mientras dormía”, comentó su viejo amigo Lorenzo Hagerty, conductor del programa de la internet “The Psychedelic Podcast”.

Sand nació en Brooklyn el 10 de mayo de 1941, hijo del prominente químico Clarence Hiskey, que trabajó en el ultrasecreto Manhattan Project para producir una bomba atómica hasta que las autoridades descubrieron que espiaba para la Unión Soviética. Su esposa Marcia se divorció de él y retomó su nombre de soltera, que le pasó a su hijo.

Nicholas Francis Sand completó estudios de antropología y sociología en el Brooklyn College en 1966, pero para entonces ya estaba encaminado en otra dirección.

Dos años antes, cuando el LSD era todavía legal, este aficionado al yoga se sentó desnudo en la posición de loto frente a una granja que se estaba incendiando en el estado de Nueva York y consumió por primera vez LSD.

Sentí que flotaba en un enorme espacio negro”, recordó años después. “Me dije, ‘¿qué estoy haciendo aquí?’. Y de repente sentí una voz en mi cuerpo que me decía ‘tu misión en este planeta es fabricar psicodélicos y alucinar al mundo’”.

Si pudiésemos alucinar a todo el mundo”, agregó, “tal vez podríamos tener un mundo nuevo de paz y amor”.

Sand había sido invitado a la granja por el ex profesor de la Universidad de Harvard Richard Alpert, quien pronto pasaría a ser conocido como el gurú psicodélico Baba Ram Dass. Leary, un antiguo colega de Alpert en Harvard, había formado allí la Liga de Descubrimiento Espiritual (en inglés League for Spiritual Discovery, o LSD).

Un año después, Sand ya se había hecho fama de químico abocado a la producción de drogas psicodélicas en San Francisco, donde otro químico autodidacta, Owsley Stanley, producía millones de dosis de LSD.

Sand conoció a Scully, igualmente químico autodidacta, a través de Stanley y ambos comenzaron a producir el Orange Sunshine.

Habían producido cuatro millones de dosis cuando las autoridades, que para entonces habían declarado ilegal el LSD, en 1966, los pillaron.

Condenado a prisión, Sand se fue a Canadá, donde se le perdió la pisada, y vivió prófugo durante los siguientes 20 años, en los que produjo millones de dosis de LSD.

Dijo que había distribuido drogas entre los soldados estadounidenses en Vietnam para tratar de frenar la guerra, se las había dado a personas presas y las había llevado a la India, tras comenzar a seguir al gurú indio Shree Rajneesh. Cuando finalmente su laboratorio fue allanado en 1996, afirmó que confiscaron suficientes dosis de la droga como para poner a volar a todos los canadienses, dos veces.

Estuvo preso tres años y pasó otros cuatro en libertad supervisada. Cuando recuperó la libertad total y regresó a su casa, declaró a la National Geographic en el 2009 que había producido unos 140 millones de dosis de LSD. Nadie ha cuestionado esa cifra.

Estaba dedicado a la idea de que las drogas psicodélicas, bien usadas, podían cambiar el mundo”, dijo su amigo Hagerty a la Associated Press el martes. “Creía en lo que hacía y lo pagó caro”.

(I)