Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Siguen combates entre facciones libias con el trasfondo de amenaza yihadista

Foto: EFE/Archivo

Trípoli, 21 feb (EFE).- Grupos yihadistas afines al Estado Islámico (EI) en Libia han redoblado su reto al Gobierno asentado en Tobruk al tiempo que ganan posiciones en la costa, mientras siguieron hoy los combates que libran las fuerzas de los dos Ejecutivos libios.


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Una fuente policial de la oriental Bengasi informó a Efe de que los enfrentamientos entre las milicias islamistas moderadas que apoyan al Gobierno rebelde en Trípoli y los mercenarios del general Jalifa Hafter, al que respaldan Egipto y el Gobierno internacionalmente reconocido de Tobruk, se prolongaron esta madrugada en varios de los barrios del centro de esa ciudad.

Según la misma fuente, en una de las múltiples escaramuzas murió Abdelá al Fakih, un comandante leal a Hafter, y siete combatientes resultaron heridos.

Los combates se entablaron pocas horas después de que grupos vinculados a la rama del EI en Libia perpetraran un triple atentado contra intereses de Hafter y del Ejecutivo de Tobruk en la localidad de Al Quba, en el este del país.

Los ataques, realizados con tres coches bomba en las cercanías de la casa del presidente del Parlamento de Tobruk, Akila Saleh, una comisaría y una gasolinera, mataron a medio centenar de personas, en su gran mayoría civiles.

Ajenas a esa acción, las milicias islamistas moderadas afines al Ejecutivo paralelo de Trípoli atacaron esa misma tarde el aeródromo militar de Al Abraq, al este de la capital, informó a Efe la fuente policial de Bengasi.

Según su relato, unidades de combate de los grupos “Maylis Shura” y “Muyahidin Derna” lanzaron cuatro cohetes clase “Grad” con el objeto de destruir la pista de aterrizaje e impedir el despegue de los aviones.

Los islamistas moderados dispararon cuatro cohetes más contra la localidad de Ain Mara, vecina a la oriental Derna, bastión de la rama libia del EI, que horas antes había asumido la autoría de los atentados en Al Quba.

Libia es un Estado fallido, escenario de una guerra civil que ensombrece la vida cotidiana de sus habitantes desde que en octubre de 2011 la OTAN contribuyera al derrocamiento del régimen dictatorial de Muamar el Gadafi.

Beneficiados por la anarquía y el vacío de poder, yihadistas procedentes de los Estados vecinos han logrado hacerse con el control de Derna y establecer allí una franquicia del EI.

Integrados por radicales tunecinos, egipcios, libios y argelinos y de otras nacionalidades del Sahel que han viajado a Siria e Irak y regresado con entrenamiento y experiencia en combate, avanzan hacia ciudades de la costa, como Sirte, en cuyas calles ya patrullan, como pudo comprobar Efe en los últimos días.

El conflicto entre los dos Gobiernos es considerado la principal razón para este avance radical, que según las web islamistas tiene como objetivo final la capital del país.

Una situación que la comunidad internacional trata de atajar con una nueva ronda de negociaciones, que con toda probabilidad tendrá lugar la próxima semana en Marruecos, reveló hoy a Efe un responsable del Parlamento rebelde en Trípoli.

Mohamed Measeb explicó que el diálogo se celebrará bajo el auspicio de la ONU y se centrará en la formación de un Gobierno que acabe con la división y genere un frente común militar contra la amenaza yihadista.

Es una solución urgente que expertos y diplomáticos consideran difícil debido a las agudas diferencias que separan a ambas partes, presionadas igualmente por los intereses de los países vecinos y el resto de la comunidad internacional.

Días atrás, tanto Egipto como el Parlamento internacionalmente reconocido pidieron el fin del embargo de armas que pesa sobre Libia con el objetivo declarado de hacer frente a la amenaza yihadista.

El Cairo trata también de convencer a la comunidad internacional de la necesidad de intervenir militarmente en Libia, una tesis que no comparten los otros vecinos amenazados, Argelia y Túnez, que apuestan por una solución política.

Responsables diplomáticos evacuados en Túnez subrayaron que el temor reside en que el Gobierno instalado en Tobruk utilice esa fuerza militar para someter al Parlamento rebelde de Trípoli, lo que podría llevar a una radicalización de las milicias islamistas moderadas. EFE