Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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El debate republicano, más allá de Donald Trump

La precandidata presidencial republicana, Carly Fiorina, a la derecha, habla mientras, de izquierda a derecha, Donald Trump, Jeb Bush y Scott Walker la observan durante el debate presidencial republicano en la Biblioteca y Museo Presidencial Ronald Reagan en Simi Valley, California el miércoles 16 de septiembre de 2015. (Foto AP/Mark J. Terrill)

SIMI VALLEY, California, EE.UU. (AP) — Más allá de la polémica en torno a Donald Trump, la carrera para la nominación republicana a la Casa Blanca dio un giro sustancial y serio en el debate de la noche del miércoles, con los candidatos discutiendo sobre inmigración, matrimonio homosexual y política exterior.


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El cambio de política acalló a Trump, el impetuoso multimillonario que ha sacudido el campo republicano, durante largos períodos de un debate que superó las tres horas y que parecía ser un alivio para otros candidatos que han luchado para abrirse paso hacia la nominación presidencial.

Carly Fiorina, la única mujer que aspira a convertirse en candidata republicana a la presidencia de Estados Unidos, lanzó una emotiva petición para retirar la financiación a Planned Parenthood, hizo alarde de su experiencia en el mundo empresarial y cargó contra Trump por los comentarios despectivos que hizo sobre su apariencia. El exgobernador de Florida Jeb Bush, que entró en el debate enfrentando dudas sobre si tenía agallas para combatir a Trump, también se enzarzó en un diálogo directo con el magnate inmobiliario al tiempo que intenta cumplir su promesa de realizar una campaña alegre.

En un intercambio que sirve de ejemplo para la batalla que se vive dentro del Partido Republicano, Bush y Trump se enfrentaron por la influencia de los grandes donantes que han ayudado al exgobernador de recaudar más de 100 millones de dólares. Trump, que en gran medida autofinancia su campaña, dijo acerca de estos contribuyentes: “Entiendo el juego, he estado en el otro lado toda mi vida y tienen mucho control sobre nuestros políticos”.

En otro momento de la noche, Bush presionó Trump para que pidiese disculpas por sus comentarios sobre la esposa de origen mexicano de Bush. Trump se negó y dijo que el exgobernador era “débil en materia de inmigración”.

Durante el extenso debate, los candidatos fueron preguntados sobre temas variopintos como sus candidatas para aparecer en el billete de 10 dólares y sus nombres en clave para el Servicio Secreto si saliesen elegidos presidente. Bush recogió los mayores aplausos al elegir “Eveready”. Luego se volvió hacia Trump y señaló que era un nombre con “gran energía” — un guiño a las críticas de su rival de que es un candidato con poca energía.

El inesperado y duradero ascenso de Trump en las encuestas es visto como un reflejo de la frustración de los votantes con Washington y los políticos tradicionales. Como hijo y hermano de presidentes, Bush, más que cualquier otro candidato, es considerado un representante del status quo.

Fiorina, ex ejecutiva de Hewlett-Packard, busca también sacar provecho a su condición de recién llegada a la política. Esta fue su primera aparición en la primera plana del debate republicano tras una sobresaliente actuación en actos menores en los últimos meses.

La candidata resaltó que su pasado empresarial podría ayudarle a negociar con líderes mundiales complicados, como el presidente ruso.

“Vladimir Putin recibiría el mensaje”, dijo la candidata.

El tercer candidato ajeno a la política tradicional — el tranquilo neurocirujano retirado Ben Carson — se presentaba con grandes expectativas tras una reciente subida en las encuestas que le dio la llave para participar en el debate. Pero su propuesta quedó en un segundo plano en un escenario repleto de aspirantes.

Incluso en un debate tan largo, los 11 precandidatos republicanos tuvieron un tiempo limitado para exponer su propuesta ante el pueblo estadounidense.

El senador de Florida Marco Rubio trató de sacar el máximo partido a sus intervenciones, recordando a los votantes su cautivadora historia personal, incluyendo el viaje de sus padres desde Cuba a Estados Unidos. También argumentó que era más cualificado para ser comandante en jefe ante un panorama internacional turbulento.

El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, empleó su tiempo limitado para apuntar que, aunque estaba entretenido por los intentos de Trump y Fiorina por mostrar un mejor registro empresarial, “al trabajador de la construcción de 55 años que está en el público esta noche y que no tiene trabajo, que no puede financiar al educación de sus hijos — tengo que decirles la verdad — no le importan sus carreras”.

Quizás más que ningún otro aspirante, el gobernador de Wisconsin Scott Walker llegó al segundo debate republicano con la necesidad de realizar una actuación memorable. Habló enérgicamente sobre sus logros como gobernador pero sigue intentando atraer la atención del electorado.

En política exterior, los precandidatos se mostraron divididos sobre la ruptura del pacto nuclear del presidente Barack Obama si llegan a la Casa Blanca. El senador de Texas Ted Cruz argumentó en favor de desestimar el acuerdo, a pesar de haber sido negociado junto con los aliados de Washington. El gobernador de Ohio, John Kasich, adoptó una postura más comedida apuntando que quien quiera anularlo no está preparado para ser presidente.

En la conversación sobre matrimonio homosexual y libertad religiosa, el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee se mostró claramente a favor del derecho de la funcionaria del condado de Kentucky Kim Davis a desafiar la decisión del Tribunal Supremo sobre la legalización de los enlaces entre personas del mismo sexo. “Pensaba que todo el mundo aquí había aprobado civismo en noveno grado. Los tribunales no pueden legislar”, señaló.

Bush, por su parte, dijo que apoya la defensa de los derechos que hacen las personas religiosas al negarse a aprobar el matrimonio gay, pero agregó que otro de los funcionarios de la oficina de Davis debería firmar los certificados ya que el fallo de la Corte Suprema es la ley.

En el debate se habló además de cambio climático, política antidroga y vacunas infantiles.

Aunque la figura de Trump se desvaneció un poco en las conversaciones sobre política, difícilmente pasó inadvertido. Se elogió a sí mismo al tiempo que atacó a sus rivales en los primeros compases del debate celebrado en la Biblioteca Presidencial Reagan, en el sur de California.

De pie en el centro del escenario, Trump dijo que tiene un “temperamento fenomenal” y un historial en los negocios que le ayudarán en el escenario mundial. Con su característico descaro, pronto atacó a sus rivales señalando que el senador por Kentucky Rand Paul, uno de sus mayores críticos, no debía estar presente en el concurrido debate.

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Por JULIE PACE y STEVE PEOPLES, Associated Press. Julie Pace informó desde Washington.

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La periodista de AP Julie Pace está en Twitter en http://twitter.com/jpaceDC y Steve Peoples en http://twitter.com/sppeoples