Ecuador. miércoles 18 de octubre de 2017
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Los líderes mundiales abren en París una cumbre tan decisiva como incierta

El presidente francés, François Hollande (dcha), conversa con su homólogo estadounidense Barack Obama (izda), durante una cena de trabajo celebrada en un restaurante de París, Francia, el 30 de noviembre del 2015. Obama asiste a la cumbre sobre cambio climático COP21 que se celebra en Le Bourget, cerca de París. La cumbre del clima de París abrió hoy doce días de negociaciones con la llegada de los más de 150 jefes de Estado y de Gobierno llamados a encontrar un acuerdo que evite que la temperatura del planeta aumente más de dos grados a finales de siglo. EFE/Thibault Camus

La cumbre del clima de París se abrió hoy entre grandilocuentes discursos y épicos llamamientos a la acción de más de 150 líderes mundiales, que deberán traducirse, al cabo de dos semanas de negociación, en un acuerdo universal para frenar el cambio climático.


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Se trata, según la organización francesa, de la mayor concentración de jefes de Estado y de Gobierno “en un mismo lugar en el mismo momento”.

Las fuertes medidas de seguridad en torno a la sede de la cumbre en el antiguo aeródromo de Le Bourget, en la periferia de París, precedieron a una batería de alocuciones en las que nadie ahorró adjetivos para catalogar la importancia de la cita, más conocida como COP21.

“Nunca antes el mundo había afrontado un desafío tan grande” proclamó el presidente francés y anfitrión de la cumbre, François Hollande.

En su estela, los mandatarios de las mayores -y más contaminantes- potencias económicas del mundo como el estadounidense Barack Obama y el chino Xi Jinping urgieron a todos los países a sumarse a las medidas destinadas a limitar el calentamiento global a dos grados centígrados en 2100.

“He venido aquí personalmente para decir que EEUU no solo reconoce su papel en la creación de este problema, sino que también asume su responsabilidad de hacer algo”, sentenció Obama.

Antes de intervenir en el plenario, Obama se reunió a puerta cerrada con Xi. Existen pocas dudas de que el éxito o fracaso de la conferencia dependerá en buena parte de la sintonía que logren los dos gigantes.

Sin embargo, ya desde las primeras intervenciones se apreciaron las primeras grietas, que subrayaron una obviedad: se barruntan unas negociaciones a brazo partido, con países en desarrollo poco dispuestos a renunciar al crecimiento y con otros, productores de energías fósiles, que no quieren perder su fuente de ingresos.

Las advertencias llegaron de Estados como la India, cuyo primer ministro, Narendra Modi, insistió en que las naciones desarrolladas tienen que “afrontar una responsabilidad histórica” porque “disponen de los mejores medios para proceder a las reducciones” de emisiones.

“Es justicia climática. Los países en vías de desarrollo deben mantener el espacio suficiente que permita el desarrollo”, indicó Modi, que tiene el objetivo de que 300 millones de indios accedan a la energía, algo que hoy por hoy no pueden hacer.

Ese concepto de justicia climática fue invocado por Hollande, antes de sentar las bases para la negociación: el acuerdo que reemplazará al Protocolo de Kioto deberá ser universal, diferenciado y vinculante, incluir mecanismos de revisión al alza de los compromisos nacionales cada cinco años y contar con la solidaridad de todos los Estados que lo rubriquen.

Casi 190 países han suscrito los objetivos nacionales (INDC, por sus siglas en inglés), aunque estos son voluntarios y su cumplimiento no es jurídicamente vinculante.

Por eso, el día de la inauguración de la COP21 estuvo regado ante todo de buenas intenciones y bellas palabras, aunque no de anuncios sorprendentes.

Sí se desgranó cierto número de iniciativas en paralelo a los discursos, entre las que destacan una alianza solar impulsada por Francia y la India que agrupa a una treintena de países, una campaña para fijar precio a las emisiones de carbono o un proyecto para duplicar la inversión en energías limpias suscrito por 20 Estados y respaldado por Bill Gates, el millonario fundador de Microsoft.

Por delante, hasta el 11 de diciembre (si se cumple, algo que rara vez sucede, el calendario previsto), quedan casi dos semanas de negociaciones.

Primero será el turno de los técnicos, que despejarán el camino para los ministros, a partir del lunes que viene.

Nadie en París quiere pensar en la palabra fracaso, pero prácticamente nadie se atreve tampoco a pronosticar que la COP21 alumbrará un pacto que evite al planeta un calentamiento de efectos impredecibles. EFE [I]