Ecuador. Miércoles 28 de septiembre de 2016
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El PMDB de Temer y el arte de gobernar sin ganar elecciones

Michel Temer

El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Michel Temer, aún presidente interino de Brasil, volverá a gobernar sin nunca haber ganado las elecciones si el Senado aprueba mañana la destitución de Dilma Rousseff.

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Pese a que jamás ha logrado pasar por la criba de las urnas en unas elecciones presidenciales, el PMDB es la mayor fuerza política del país, tiene las primeras minorías en las cámaras de Diputados y del Senado, y el mayor número de gobernadores y alcaldes del país.

Aún con esa inmensa presencia regional, el PMDB sólo presentó candidatos propios a la presidencia en 1989 y 1994 y ambas veces perdió por escándalo.

En la primera ocasión, postuló a Ulysses Guimaraes, uno de los más destacados líderes del partido, quien quedó séptimo con un 4,7 % de los votos. En 1994, lo intentó otra vez con Orestes Quércia, que apenas logró un 4,3 %.

Desde entonces, el PMDB renunció a candidaturas propias y siempre esperó al desenlace de los comicios, para inmediatamente ofrecerle su apoyo al gobernante de turno.

La posible destitución de Rousseff, que se debate hoy en el Senado, comenzó a gestarse para muchos analistas políticos el día que el PMDB, siempre a la sombra del poder, decidió dar un paso al costado y abandonar la coalición de Gobierno que apoyó a la mandataria, para la que había aportado a Temer como vicepresidente.

Fue el pasado 29 de marzo cuando unos 200 dirigentes del PMDB anunciaron que desembarcaban del Gobierno y se unieron en un coro que ha vuelto a resonar tras la destitución de Rousseff: “Brasil presente, Temer presidente”.

Por la estela del PMDB se fueron también los partidos del arco más conservador de la política nacional, que estaban en el Gobierno de Rousseff, quien perdió su base política y quedó prácticamente sin opciones de tratar de impedir su desalojo del poder.

De confirmarse, la destitución de Rousseff llevaría al PMDB por tercera vez al poder por asuntos ajenos a las urnas, como ya había pasado en 1985 y 1992.

En la primera ocasión, fue la muerte de Tancredo Neves, ganador de las primeras elecciones celebradas tras 21 años de dictadura y quien falleció días antes de asumir la Presidencia.

La enfermedad que le costó la vida a Neves dejó el poder en manos de José Sarney, un estrecho colaborador de la dictadura y de quien muchos creían que era un “infiltrado” del régimen y del propio PMDB en esas elecciones.

Sarney, sin embargo, gobernó entre 1985 y 1990, favoreció la transición y abrió las puertas para las primeras elecciones directas tras la dictadura, que llevaron al poder a Fernando Collor de Mello, quien tenía como vicepresidente a Itamar Franco, del PMDB.

Un colosal escándalo de corrupción minó el Gobierno de Collor y Franco, junto al PMDB, se desmarcó y apoyó el juicio de destitución abierto por el Senado contra el mandatario, quien finalmente dimitió cuando comprendió que no podría impedir su caída.

Franco completó entonces el mandato y gobernó entre 1992 y 1995, cuando le entregó la banda presidencial al socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, quien se postuló con apoyó del omnipresente PMDB.

En las últimas tres décadas, esta formación de centroderecha sólo estuvo fuera del ala del poder entre 2003 y 2005, años iniciales del primer mandato Luiz Inácio Lula da Silva.

Sin embargo, un sonoro escándalo de sobornos parlamentarios que puso a Lula al borde de un juicio de destitución obligó al carismático líder socialista a negociar con el PMDB y abrirle la puerta del Gobierno para impedir la instauración del proceso.

Frente al malestar que esa decisión generó en las bases de la izquierda, Lula siempre argumentó la necesidad de pactar con el PMDB para “garantizar la gobernabilidad”, excusa esgrimida también en 2010, cuando el Partido de los Trabajadores (PT) anunció a Temer como candidato a vicepresidente en la fórmula de Rousseff.

Ese “casamiento por interés” acabó finalmente en un traumático divorcio y el PMDB, el partido “sin candidatos”, puede gobernar con Temer hasta el 1 de enero de 2019, cuando vence el mandato que Rousseff no podrá completar si mañana el Senado decide destituirla por maniobras fiscales irregulares. EFE (I)

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