Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Café descafeinado

Por Bernardo Tobar Carrión

Que la fiesta brava se convierta en su parodia o incluso se extinga cuando los toreros pierdan su valor, el público, su afición, o los empresarios, sus huevos -me refiero a los huevos de oro-, es un desenlace que habría que aceptar como parte del juego espontáneo de los cambios culturales, de las opciones personales, de las reglas del mercado, incluso de las modas, el signo de los tiempos, según dicen. Pero que desfallezca por imposición, ya originada en consulta popular, ordenanza o cualquier otra norma obligatoria, es una intolerable invasión de los dominios de la libertad individual. ¿Dónde está la línea que divide lo que puede decidir la mayoría de lo que debe ser materia de elección personal? Esta línea ha quedado desdibujada, removida, como un lindero usurpado que deja en mitad de la calle por la que pasan las masas, lo que antes era jardín propio, diseñado al antojo y sin consulta con el vecino.

Por Bernardo Tobar Carrión


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Que la fiesta brava se convierta en su parodia o incluso se extinga cuando los toreros pierdan su valor, el público, su afición, o los empresarios, sus huevos -me refiero a los huevos de oro-, es un desenlace que habría que aceptar como parte del juego espontáneo de los cambios culturales, de las opciones personales, de las reglas del mercado, incluso de las modas, el signo de los tiempos, según dicen. Pero que desfallezca por imposición, ya originada en consulta popular, ordenanza o cualquier otra norma obligatoria, es una intolerable invasión de los dominios de la libertad individual. ¿Dónde está la línea que divide lo que puede decidir la mayoría de lo que debe ser materia de elección personal? Esta línea ha quedado desdibujada, removida, como un lindero usurpado que deja en mitad de la calle por la que pasan las masas, lo que antes era jardín propio, diseñado al antojo y sin consulta con el vecino.

A los toros les habrán sacado el estoque, pero a los ciudadanos les han metido la punta, la que hiere, desgarra y abre la piel del albedrío, exponiéndola a cualquier despropósito con tal que surja de la voluntad de una mayoría. ¿Prohibirán también con esa fórmula la libertad de profesar la fe católica en las escuelas si la mayoría se rinde al dios Inti? ¿Qué pasaría con la unión homosexual si la consultamos al pueblo? ¿O con el matrimonio interracial, en una sociedad atada a sus complejos clasistas? No se trata de la integridad de la fiesta brava, de la supervivencia de una tradición, ni de discernir si las corridas de toros son arte o barbarie, que bárbaro resulta que a pretexto de sensibilidad animalista se hiera a la persona humana en su atributo esencial. La prohibición taurina es precedente que no debe dejar indiferente a nadie que esté consciente de su autonomía, aunque repudie la tauromaquia.

Quizá por eso, por esa sensación, a veces inconsciente, de que algo profundo anda mal, Quito no ha tenido la sal de antaño en sus festejos. No solo es la media entrada de espectáculos, restaurantes, hoteles, sino la falta de brillo, un aire de piezas incompletas, un ánimo a media asta, como presintiendo -si lo dejamos- el entierro de un Quito que ya no volverá a ser, que ve emerger una metrópoli anodina, insegura, de colorantes pero sin colorido ni auténtica diversidad, sin Cantuña que resuelva en horas las grandes vías que no se hacen en años, urbe de romances virtuales de cafe.net en lugar de serenata y balcón, sin sangre en los ruedos ni tampoco en las venas.

Como noche de bodas cortejando una novia prestada, a sabiendas que no se consumará el compromiso, o como un cheque que se gira como instrumento de timo, mas no de pago por falta de fondos, se han trasteado unos toros en un simulacro de lidia, que no se compromete en el duelo con la muerte a volapié, esa cita con la verdad que no admite florituras, distancias o dudas. Hoy apenas orejas de mentirijillas, para la foto, como los derechos y las libertades, para el discurso. La ciudad ha empezado a despedir un tufillo de café descafeinado en empaque plástico, sin esencias, saborizado mas no sabroso.

4 Comentarios el Café descafeinado

  1. Estimado Bernardo , Créo que has plasmado en tu artículo el verdadero sentimiento de frustración  y amargura que en estos momentos embarga a la gran mayoría de ecuatorianos,que empujados por discursos constantes y con mala intención ,están sumidos en  un ambiente  de odio entre hermanos, creado  para absorver más facilmente todo el poder que solo se consigue  dividiendo al país con esa propaganda que recibimos 24 horas diarias.
     Ya  conocimos hace más de 50 años en Cuba el inicio de esta política totalitaria que logro  convertirla en lo que es hoy,  esa dictadura hereditaria y quebrada de los Castro, y que como todas ellas ,comienza enfrentando a los hermanos , eliminando las libertades y controlando todos los poderes.
    El ejemplo más palpable del desastre actúal es  Venezuela que ha podido ser una de las economías más solidas del mundo, pero que   gobernada por un ignorante y prepotente oportunista , ha llegado a tener la mayor inflación de America , ser considerado uno de los paices más corruptos del mundo y por si fuera poco es el pais que ofrece la menor  confianza y seguridad para las inversiones en América.
    Con respecto a la fiesta brava , pienso que solo es otra intención más de dividir y enfrentar a los ecuatorianos , y seguir aprovechando la desunión .
    Como dice el dicho “Divide y Venceras”.

    Y nosotros como quien ve llover.
    Saludos  

  2. Los primeros en caer con la “Ley para el enriquecimiento no justificado: los funcionarios del gobierno. Ha sido tal la voracidad con la que llegaron y tanta la impunidad que les ha rodeado, que parece que es una consigna la recaudación ilícita de fondos que irán a concentrarse o repartirse en algún lugar. Si haci como por ejemplo la señora Chuji, ex miembro del gobierno en posición similar del gabinete, dice lo que dice, es porque sabe lo que los demás no conocemos. Los manejos ocultos de los comensales de Carondelet.

  3. Poco más de 350 mil dólares DIARIOS en comunicación para difamar,insultar ,denigrar es una barbaridad de dinero. Llegar a siquiera suponer que puede ser un monto RAZONABLE es de una ingenuidad CÓMPLICE o de una estolidez supina.

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