Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Haití en imágenes

Por Andrés López Rivera
Lyon, Francia

La fotografía de un hombre haitiano desnudo a quien se ve caminando de espaldas en medio de ruinas borrosas ganó el premio Ortega y Gasset poco tiempo después del terremoto que asoló Haití en 2010. Hoy, dos años después, podría tomarse la misma fotografía. Los escombros, las paredes cuarteadas, los campamentos de lonas mal tendidas y tiendas de campaña descuajaringadas, las ruinas sin apuntalar, la Catedral de Puerto Príncipe, dos veces decapitada, el hormigón, las vigas torcidas de acero inoxidable, las casas ladeadas, los retazos de vida esparcidos por los suelos, la muñeca desmembrada, las cacerolas y los andrajos; la desnudez.

Por Andrés López Rivera
Lyon, Francia


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La fotografía de un hombre haitiano desnudo a quien se ve caminando de espaldas en medio de ruinas borrosas ganó el premio Ortega y Gasset poco tiempo después del terremoto que asoló Haití en 2010. Hoy, dos años después, podría tomarse la misma fotografía. Los escombros, las paredes cuarteadas, los campamentos de lonas mal tendidas y tiendas de campaña descuajaringadas, las ruinas sin apuntalar, la Catedral de Puerto Príncipe, dos veces decapitada, el hormigón, las vigas torcidas de acero inoxidable, las casas ladeadas, los retazos de vida esparcidos por los suelos, la muñeca desmembrada, las cacerolas y los andrajos; la desnudez.

Es por esto que Intermón Oxfam muestra en la portada de su informe publicado esta semana una fotografía del campamento Golf en Pétionville que data del año de la catástrofe, como si el tiempo se hubiese detenido desde entonces. En la imagen figuran las carpas maltrechas, azules y rojas, desteñidas, que jalonan el terreno baldío levemente empinado en el que se encuentra el campamento. La atmósfera es seca y polvorienta. Hay árboles malparados de ramas torcidas esparcidos entre las viviendas improvisadas. Se nos recuerda así, entre otras cosas, que la mitad de los escombros siguen sin haberse recogido y que 519.000 personas todavía viven en campamentos. Empero, la imagen no es del todo negativa. En primer plano aparece un grupo de niños jugando a saltar la cuerda. Lo lúdico convive con lo trágico. Aún queda esperanza.

Más optimista, Unicef muestra en la portada de su último informe, publicado un par de días antes, la imagen de una niña sonriente de frente hacia la cámara, vestida con un uniforme escolar pulcro. Su rostro muestra un gesto modesto pero seguro. En segundo plano se puede apreciar parcialmente el aula, los pupitres azules y otras alumnas fuera de foco. La fotografía es cautivante. La niña encarna la esperanza y la dignidad de Haití. Se nos informa que más de 80.000 niños han sido escolarizados en 193 escuelas construidas por la organización y que otros 15.000 con desnutrición han recibido asistencia vital. En las páginas que siguen se puede ver a un hombre desatando la lona que le ha servido de techo del armazón de palos que la sostiene, seguida de la fotografía de un joven animoso en medio de viviendas recién construidas. Se puede apreciar igualmente la imagen de un bebé a quien se le suministra medicina por medio de un gotero… en fin, se nos muestra que la reconstrucción material y espiritual del país está en marcha.

El 12 de enero del año pasado, contemplábamos la imagen de los haitianos congregados alrededor de una catedral en añicos para conmemorar a las víctimas del terremoto. Vestidos de blanco, se encaramaban sobre los escombros para escuchar la misa y dejaban correr lágrimas de desahogo, al tiempo que juntaban las manos en signo de súplica con los rosarios entrelazados en los dedos. La conmovedora imagen podrá ser captada seguramente en este segundo aniversario de la catástrofe que acabó… ¿con todo? No, casi con todo; a los haitianos todavía les queda su fe, pero no sólo de fe vive el hombre.