Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Smoke and mirrors

Por Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

Repentinamente ha vuelto al ruedo el asunto aquel del costo fiscal de la crisis bancaria de hace casi quince años. Y nuevamente se juega con las cifras, para llegar al cuento de los supuestos ocho mil millones de dólares. Claro, ese monto impacta si se calcula cuántas escuelas y hospitales podrían haber sido construidos con semejante cantidad, dizque “entregada” al bien estudiado genérico “banqueros”, para meter así en un solo saco a quienes quebraron por ladrones, a quienes quebraron sin mala fe y a quienes simplemente ni quebraron ni tenían por qué quebrar. “Smoke and mirrors” (humo y espejos) dicen en inglés para describir una engañifa, un ilusionismo, como este.

Por Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador


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Repentinamente ha vuelto al ruedo el asunto aquel del costo fiscal de la crisis bancaria de hace casi quince años. Y nuevamente se juega con las cifras, para llegar al cuento de los supuestos ocho mil millones de dólares. Claro, ese monto impacta si se calcula cuántas escuelas y hospitales podrían haber sido construidos con semejante cantidad, dizque “entregada” al bien estudiado genérico “banqueros”, para meter así en un solo saco a quienes quebraron por ladrones, a quienes quebraron sin mala fe y a quienes simplemente ni quebraron ni tenían por qué quebrar. “Smoke and mirrors” (humo y espejos) dicen en inglés para describir una engañifa, un ilusionismo, como este.

La cortina de humo se desvanece con un dato irrebatible: si en 1998 hubiesen quebrado todos los bancos, la garantía de depósitos a cargo de la AGD hubiese ascendido a no más de cinco mil millones de dólares. No requiere mayor explicación, es público y notorio, que los bancos con problemas fueron la mitad del sistema financiero; la otra mitad no recibió un centavo de ayuda estatal. Los depósitos garantizados por el Estado ascendieron, pues, más o menos a dos mil quinientos millones de dólares. Entonces, aun cuando el Estado hubiese pagado de contado a los depositantes, lo que no sucedió, obvio es que el costo fiscal máximo hubiese sido de dos mil quinientos millones. Impensable ocho mil.

Hay más: de lo pagado a los depositantes hay que restar los cobros hechos por la banca cerrada. Hasta el 2005, según informe oficial de la AGD, se recuperaron mil quinientos millones. Dos mil quinientos millones (en depósitos garantizados) menos mil quinientos millones (en recuperaciones) resulta en mil millones si la matemática no falla. Ese era el costo fiscal hace siete años. Más los respectivos intereses.

Finalmente, hay que restar todo lo recuperado del 2005 en adelante, tanto por préstamos como por incautaciones, que en este régimen ha sido bastante. Y aunque la cifra exacta aún no se conoce, debería bordear los mil millones de dólares. Pareciera, pues, que el costo fiscal se ha recuperado. Llegó la hora de las cuentas claras. No más “smoke and mirrors”.