Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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La cárcel en Cuba

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

A Cuba se le complica el caso de Ángel Carromero, el joven español que protagonizó un accidente de tráfico en el que murieron dos disidentes cubanos. Uno, Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, y su acompañante Harold Cepero. Raúl Castro acaba de declarar en Santiago de Chile que en su país tienen suspendida la pena de muerte y que ya no se aplica. Sin embargo, el caso de Payá podría ser un ajusticiamiento.

Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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A Cuba se le complica el caso de Ángel Carromero, el joven español que protagonizó un accidente de tráfico en el que murieron dos disidentes cubanos. Uno, Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación, y su acompañante Harold Cepero. Raúl Castro acaba de declarar en Santiago de Chile que en su país tienen suspendida la pena de muerte y que ya no se aplica. Sin embargo, el caso de Payá podría ser un ajusticiamiento.

Carromero, entrevistado por The Washington Post, de los Estados Unidos, dijo que el juicio fue una farsa y habló de sus días en una prisión cubana y los interrogatorios a los que fue sometido.

Afirma él que fue drogado después del accidente, ya que en el hospital le dieron sedantes en dosis injustificadas. Obligado por las amenazas que le hicieron en prisión, se vio obligado a declarar que nadie embistió el coche en que viajaban en la provincia de Granma, a 730 kilómetros al sureste de La Habana, sino que se incrustó contra un árbol después de perder el control del coche debido a la velocidad que llevaba. Sin embargo, la fotografía que distribuyó el propio Gobierno cubano muestra el coche que tiene destrozada la parte trasera. Extraña forma de chocar contra un árbol.

En la entrevista dijo: “Me mantuvieron incomunicado y nunca pude ver la luz del día. Caminamos entre las cucarachas hasta que me pusieron en la celda de enfermería, junto con otro preso cubano. Las condiciones eran deplorables. Un chorro de agua caía desde el techo una vez al día, la letrina no tenía tanque, y se podía usar solamente cuando uno lograba acumular un cubo de agua para luego tirarlo en el recipiente. La celda estaba llena de insectos que me despertaban al caerme encima”. Sobre los interrogatorios dijo que cada vez que repetía que lo habían embestido por detrás a gran velocidad, sus carceleros se ponían furiosos: “Uno me dijo: ‘Tú eres muy joven para perder la vida aquí. Lo que cuentas no ha pasado, y si insistes en tu versión pasarás largos años en esta cárcel’. Luego, vino un experto del Gobierno que me dio la versión oficial del accidente y me informó que si yo la confirmaba, nada me pasaría. Yo lo que quería era escapar como fuese de ese infierno y decidí hacer lo que ellos me pedían, firmé y grabé el vídeo. Pero todo fue una farsa”.

Ángel Carromero tuvo un juicio oral y público, anunciado incluso por el diario oficial Granma de La Habana. Sin embargo, no se les permitió la entrada a los familiares de Payá ni a los disidentes que viajaron hasta el lugar para poder asistir al mismo. Los familiares, que no pusieron ninguna denuncia en contra de Carromero, dijeron, desde el primer momento, que Oswaldo había sido muerto por los servicios de seguridad del Estado.

El joven sueco que les acompañaba, y que salió ileso, no fue imputado y apenas pudo regresó a Suecia diciendo que no sabía nada, pues se encontraba durmiendo cuando ocurrió el accidente y que “solo quería olvidar toda esta pesadilla”. Carromero, después de varias gestiones del Gobierno, pudo regresar a España con la condición de que cumpliera aquí, en una cárcel, el tiempo de condena que había recibido: cuatro años de prisión.

The Washington Post, después de publicar la entrevista, editorializó sobre el tema pidiendo una investigación internacional sobre lo ocurrido en Cuba, ya que todo lo dicho por Carromero “son un testimonio que sugiere poderosamente que agentes del gobierno de Castro querían matar a Payá y que trataron de encubrir su asesinato”.

El periódico oficial “Granma”, ante las primeras versiones que corrieron sobre la muerte de Payá, editorializó sobre el tema atribuyendo tales comentarios a los enemigos de la Revolución, ya que “los testimonios irrefutables de peritos y testigos presenciales, incluidos los dos extranjeros participantes en el trágico suceso, le han cerrado el paso a la infame insinuación de que el régimen haya podido asesinar a estos dos líderes de la oposición” y concluye diciendo que “es conocida la historia inmaculada de la revolución que triunfó y ha sido mantenida por medio siglo sin una sola ejecución extrajudicial, sin un desaparecido, un torturado, un secuestrado, un solo acto terrorista”.

El columnista del periódico español “El País”, Moisés Naim, con mucho sentido de la ironía, después de contrastar ambas versiones concluye apelando al lector: “Usted, ¿quién cree que está mintiendo?”.

* Jesús Ruiz Nestosa es periodista paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color, de Paraguay.