Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Despertar

Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile

En más de una década, por una mezcla entre un periodo sostenido de buenos, muy buenos o excelentes términos de intercambio, sumados a políticas públicas focalizadas y/o de ampliación de la base de los beneficios sociales, América Latina ha experimentado un crecimiento sin precedentes de su clase media. Esta transformación se contrapone a la idea que históricamente se había instalado en el imaginario regional, de que la clase media estaba en proceso de desaparición y que el debate sobre el poder es uno entre ricos y pobres o sobre cómo los pobres pueden acceder al poder a través de una mediación política más arraigada en lo popular (populismo), o con una visión paternalista frente a la pobreza.

Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile


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En más de una década, por una mezcla entre un periodo sostenido de buenos, muy buenos o excelentes términos de intercambio, sumados a políticas públicas focalizadas y/o de ampliación de la base de los beneficios sociales, América Latina ha experimentado un crecimiento sin precedentes de su clase media. Esta transformación se contrapone a la idea que históricamente se había instalado en el imaginario regional, de que la clase media estaba en proceso de desaparición y que el debate sobre el poder es uno entre ricos y pobres o sobre cómo los pobres pueden acceder al poder a través de una mediación política más arraigada en lo popular (populismo), o con una visión paternalista frente a la pobreza.

La discusión sobre la clase media se había invisibilizado. Los votos de los pobres, por factor de acumulación, siempre han sido más apetecidos. Y el discurso y el enfoque que prima presupone mucho del asistencialismo y voluntarismo necesarios para animar a las masas populares.

En la institucionalidad estatal -y en su lógica funcional- prevalece una idea de inclusión desde el acceso a servicios públicos básicos como la educación, la salud y la seguridad social. Pero existe poco (y muchas veces ningún) énfasis en la mejora sustantiva de su calidad.

En los países en donde la pobreza es menor el debate es distinto y el imaginario de clase media cobra relevancia, un fenómeno cada vez más extendido a nivel regional. Tanto la Cepal como el Banco Mundial reportan una transformación sustantiva en América Latina, con la generación de 50 millones de clase media en los últimos diez años. Si bien la mayoría de la clase media es media-baja y, por tanto, muy vulnerable a una reversión de cualquiera de los dos factores que facilitaron su emerger, el aumento de la clase media ha permeado a lo largo de la región, con dimensiones notables en los casos de Brasil y Chile, lo que permite avizorar una redefinición de la forma de hacer política, de la necesidad de un diálogo igualitario y de nuevos modelos de participación.

Es ahí donde pareciera existir la paradoja: los beneficiados con el éxito de las políticas públicas y el crecimiento son los primeros que levantan la voz para pedir cambios.

Lo que ocurre es que la clase media despertó y quiere precautelar su sostenibilidad a través de una profundización de la calidad de los servicios públicos y de su participación activa en la sociedad, como veedores de la democracia. Quieren hacer sentir su voz en las calles y en el ciberespacio. Quieren expresar que no basta con el acceso y que se puede dar un salto de calidad para que la educación pública sea de excelencia como en Finlandia. Desean tener un sistema político sin corrupción y una justicia que se aplica sin distinción de bolsillos.

El cóctel entre información, tecnología y una mirada global, permite un abrupto y necesario despertar, que se agranda conforme la región deja un pasado anclado en la pobreza y empieza a creer que el desarrollo es posible.

* El artículo de Juan Jacobo Velasco ha sido publicado originalmente en diario HOY.