Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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¿Quién manda en Hans Crescent?

Walter Spurrier
Guayaquil, Ecuador

No solo Rafael Correa, sino los jefes de Estado de China, Rusia, Cuba, entre otros países, simpatizan con Snowden. Pero ninguno de ellos ha emitido un documento a su favor ni le ha ofrecido asilo. ¿Es que Assange manda en el edificio de la calle Hans Crescent? Vivimos las consecuencias de permitir que el hacker australiano utilice nuestra Embajada como centro de operaciones políticas, y manipule los recursos diplomáticos de nuestro “insignificant country” (sus palabras) para sus designios, sin importarle las consecuencias para el país.

Walter Spurrier
Guayaquil, Ecuador


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El jueves, el presidente Correa negó haberle concedido salvoconducto a Edward Snowden, el empleado de Booz Allen, contratista del gobierno estadounidense para escuchas electrónicas, quien filtró información confidencial a la prensa y luego huyó a Hong Kong a ofrecerla a gobiernos extranjeros.

Univisión publicó un salvoconducto para Snowden emitido por el Consulado ecuatoriano en Londres el viernes 21 de junio.

El presidente observa que si alguien emitió el salvoconducto sin autorización, carece de validez.

Julian Assange, el conspicuo residente de la Embajada ecuatoriana en Londres, ubicada en la calle Hans Crescent, informó que fue con un documento de refugiado concedido por el Ecuador que el domingo 23 Snowden fugó de Hong Kong rumbo a Moscú antes de que pudiera ser deportado a los EE.UU. Washington le había anulado el pasaporte.

¡Qué eficiencia! ¡Emitido un viernes en Londres y usado en Hong Kong el domingo! El salvoconducto lo habría retirado el viernes de la delegación diplomática y llevado de inmediato a Hong Kong la colaboradora inglesa de Assange, Sarah Harrison.

Desde Hans Crescent, Assange revela que el plan es que desde la zona de tránsito de viajeros sin visa del aeropuerto Sheremetyevo, Snowden salga por camino seguro rumbo a Ecuador, que le concederá asilo.

Una vez que EE.UU. lo declaró prófugo de la justicia, cualquier aerolínea que traslade a Snowden a otro país podría ser sancionada por Washington. Quizá por eso es que Snowden no ha podido viajar a La Habana, como se presume que era el plan. Ni a Aeroflot ni al gobierno ruso le interesa desafiar a Washington, y los hermanos Castro están comprometidos a no volver a albergar a más prófugos de la justicia americana.

Para salir de Moscú, la mejor opción de Snowden es pasado mañana, cuando el avión presidencial venezolano despegue de Sheremetyevo rumbo a Minsk, luego de la visita de 24 horas del presidente Maduro a Rusia. En la capital de Bielorrusia, único país de régimen dictatorial que queda en Europa, firme aliado de Venezuela y Ecuador, Snowden no corre ningún peligro.

Queda por verse si una vez en Caracas, Maduro le otorga asilo a Snowden, lo cual dependería de que Chávez se le vuelva a aparecer como pajarito y lo recomiende, o si sigue rumbo a Quito, como dispone Assange.

Nos asalta un interrogante: una vez que renunció la embajadora Ana Albán y aún no presenta credenciales su sucesor Juan Falconí, ¿quién manda en la Embajada ecuatoriana? ¿Cómo es que el Consulado de nuestro país en Londres toma una decisión tan trascendente, sin conocimiento del presidente de la República?

No solo Rafael Correa, sino los jefes de Estado de China, Rusia, Cuba, entre otros países, simpatizan con Snowden. Pero ninguno de ellos ha emitido un documento a su favor ni le ha ofrecido asilo. ¿Es que Assange manda en el edificio de la calle Hans Crescent?

Vivimos las consecuencias de permitir que el hacker australiano utilice nuestra Embajada como centro de operaciones políticas, y manipule los recursos diplomáticos de nuestro “insignificant country” (sus palabras) para sus designios, sin importarle las consecuencias para el país.

* El texto de Walter Spurrier ha sido publicado originalmente en el diario El Universo.