Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Dale un carguito

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay

Veamos el caso de “Podemos”, el novel y pujante movimiento político español, que con el profesor Pablo Iglesias a la cabeza y su colega Juan Carlos Monedero como mano derecha, irrumpió en las elecciones europeas obteniendo 1.2 millones de votos y ganando cinco escaños en el Parlamento de la unión.

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay


Publicidad

Podrá haber diferencia en el nombre del personaje, pero el dicho, desde España a Brasil, es universal: “Si quieres conocer a Juancito, dale un carguito”. En la práctica, pocos escapan a la sentencia.

Veamos el caso de “Podemos”, el novel y pujante movimiento político español, que con el profesor Pablo Iglesias a la cabeza y su colega Juan Carlos Monedero como mano derecha, irrumpió en las elecciones europeas obteniendo 1.2 millones de votos y ganando cinco escaños en el Parlamento de la unión.

Fue a partir del movimiento “Indignados” que surgió esta nueva fuerza, muy crítica de la “casta política” y las prácticas de los partidos y acomodos de sus dirigentes y cuestionadora de la democracia representativa formal, a la que oponía su “democracia directa” con la consulta permanente, la discusión y la participación activa de las bases, constituidas en asambleas de ciudades y barrios, llamados “círculos”. En estos círculos se analizaba, debatía y resolvía todo, con la utilización plena de las redes sociales, además. Una nueva y verdadera democracia.

El viejo líder socialista Felipe González no anduvo con vueltas: los calificó de “bolivarianos”.

Y esto ¿por qué?

Quizás porque el movimiento Podemos y sus líderes se declaran simpatizantes del “chavismo”, de Rafael Correa y de Evo Morales, o porque el propio profesor Monedero, el segundo de abordo, fue asesor por años de Chávez, y otros dirigentes de Podemos lo han sido de Correa.

Y parece que, además, nuevos los hechos le están dando la razón al expresidente.

Los aún por asumir cinco puestos en el Parlamento Europeo —sin duda un lindo rebusque para los que pasan a ocuparlo, y para aquellos que les tocara ser sus asesores— ya han provocado enfrentamientos en la interna. Iglesias, Monedero y otros popes resolvieron realizar una elección por internet, no abierta y casi de un día para otro, de un equipo de 25 personas, digitados de antemano, encargado de decidir las estructuras (y todo lo que venga) del nuevo partido. ¿Una especie de Nomenclatura? (Seguramente de ahí surgirán los asesores para Estrasburgo y las otras sedes, con todos sus beneficios).

Y todo sin la discusión y participación, directa y democrática, de los círculos. Hay que ver cómo cambian las cosas.

Pero los círculos se resistieron y protestaron: no aceptan que se aplique en lo interno, lo que es el centro de su crítica en lo externo. Hubo choques.

¿Y qué dijo Monedero, vocero de la dirigencia mayor? “Los círculos no son democráticos”. Así nomás, lapidario. Como Diosdado Cabello. Pero no se frenó ahí: denunció un “golpe de Estado” desde afuera para quedarse con el movimiento. Tal cual lo hacía cada tanto Chávez, y lo hacen periódicamente Maduro y Correa. (Mira de quién fue la idea).

Felipe, entonces, no estuvo tan equivocado.

Y hay otros ejemplos. Hace unos días, horas antes de comenzar el Mundial en Brasil, los trabajadores en huelga del Metro de San Pablo fueron duramente calificados por las autoridades brasileñas con el argumento de que “no pueden anteponer el interés corporativo al interés general”, al tiempo que les hacían un llamado a “la reflexión sobre lo que están haciendo…”, y a que piensen “en que perjudican a miles de personas que van a trabajar”.

Alguien imagina a Lula (y demás creadores del gobernante Partido de los Trabajadores) haciendo llamados a la reflexión y preocupándose por el resto de los trabajadores en épocas en que aquel era obrero metalúrgico y dirigente sindical, y movilizaba a su gente.

Cómo calificar este doble discurso; a estas diferentes conductas, de antes y después del carguito: ¿Hipocresía? ¿Cinismo?

Quizás ambas: hipocresía (actitud de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades o estándares que no se tienen o no se sienten) para antes, y cinismo (desvergüenza, descaro en el mentir o en la defensa y práctica de actividades reprochables) para después.

___

Danilo Arbilla es periodista uruguayo, fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario La Prensa, de Nicaragua.