Ecuador. Domingo 26 de Marzo de 2017
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Los 21 del Arbolito: ¿Trofeos de guerra o presos políticos?

Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador

“Las cloacas del poder se ponen en marcha: los culpables tienen que ser eliminados. Y si no se hallan, se inventan”. José Saramago, Ensayo sobre la lucidez.

El 3 de diciembre de 2015 marcó un hito en la historia reciente de la democracia ecuatoriana, produciéndose el destape de un proyecto político que finalmente decidió desenmascarar la intolerancia de su espíritu abusivo y desfigurador de la voluntad de sus mandantes. La falta de independencia de los distintos poderes del estado, sumidos reverencialmente a la voluntad de un líder absoluto y a la de un movimiento político que, traicionando a la esencia de la democracia, ha terminado destrozando los cimientos de la institucionalidad democrática ecuatoriana.

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La intolerancia gubernamental ha llegado a niveles tan exorbitantes, que el Ministro del Interior no ha encontrado mejor trofeo de guerra que presentar a su jefe la cabeza y libertad de 21 inocentes, atrapados como animales de caza, utilizando ilegalmente el uso excesivo de la fuerza policial, en un operativo contra un grupo de indefensos, desarmados y pacíficos ciudadanos que manifestaban su inconformidad con la imposición de las reformas constitucionales.

El proceso iniciado contra estos ciudadanos ecuatorianos ha estado cargado de violaciones a los derechos humanos, a los derechos constitucionales como el de la protesta y el debido proceso, así como a la inobservancia de instrumentos internacionales, jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y a la misma Constitución, Leyes Orgánicas y Ordinarias del Ecuador.

El Ministro del Interior, no solamente se ha valido del uso excesivo de la fuerza policial para pescar a rio revuelto en un brutal operativo ordenado por sus subalternos policiales, sino que también ha aprovechado la falta de ética e independencia de ciertos miembros de la función judicial que abiertamente han permitido violaciones al debido proceso, condenado inocentes sin la presentación de una sola prueba, sin que se identifique a los presuntos contraventores, sin la individualización de conductas atípicas ni de las penas impuestas, sin la existencia de un demandante, y aceptando partes policiales amañados, con datos falsos, e ignorando todas las infracciones policiales que violentaron los derechos humanos y constitucionales de los 21 ciudadanos ecuatorianos, entre los que se encuentra una joven adolecente de apenas 18 años de edad.

Los 21 del Arbolito, fuimos secuestrados e incomunicados por más de 8 horas por miembros de la Institución Policial, antes de que un oficial nos informara que se le había asignado la elaboración de un parte policial contra los 21 ciudadanos, de los 32 que originalmente fuimos llevados hasta la Unidad de Flagrancia. Los 20 varones detenidos estuvimos ilegalmente encarcelados por más de 10 horas en total en una celda de apenas 10 metros cuadrados en los calabozos de Flagrancia, donde con dificultad apenas podíamos respirar. Adicionalmente, durante nuestra estadía en esta dependencia del Ministerio del Interior, se nos privó de alimentación y agua por 24 horas. Posteriormente, luego de nuestra ilegal condena, se nos privó de la libertad en pabellones con otros presos condenados por delitos de robo, estruche, posesión de estupefacientes, asociación ilícita, asaltos y otros delitos mayores, a pesar de que el Código Orgánico Integral Penal específicamente establece que los privados de libertad por contravenciones deberán ser separados de las personas privadas de la libertad por delitos.

No fuimos retenidos por miembros de la Institución Policial en base a supuestos delitos, sino que tuvieron que inventar y argumentar supuestas contravenciones para justificar nuestro secuestro.

Se ha llegado a tales niveles de descaro judicial, que Tribunales Constitucionales conscientemente ignoran fallos, resoluciones, y mandatos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con el solo objetivo de servir al poder político al cual se han allanado sin el más mínimo recato ni escrúpulo.

El proceso emprendido contra “Los 21 del Arbolito” es una obscura mancha que terminará cicatrizando en el rostro de un gobierno que abiertamente ha decidido ignorar que los gobiernos tiranos terminan en el basurero de la Historia, y que los funcionarios que lideran las violaciones de los Derechos Humanos de sus compatriotas son finalmente aplastados por la justicia aplicada por las Cortes Internacionales de Derechos Humanos. Los jueces serviles al poder político, traidores a su condición de magistrados imparciales, también son un blanco favorito de esas Cortes. Pues se equivocan esos jueces que creen que sus bondades con el poder regente, con el objetivo de oprimir al pueblo, se les olvida a los ofendidos con el tiempo.

El Ministro del Interior se engaña creyendo que “Los 21 del Arbolito” fuimos su trofeo de guerra. Muy por el contrario, los abusos y violaciones a nuestros derechos nos colocan lejos de ser simples víctimas de la prepotencia… ¡fuimos presos políticos! defensores de la democracia, de los derechos constitucionales. El 3 de diciembre, se nos honró otorgándonos un lugar en el Olimpo de la democracia ecuatoriana. Honor que no soñábamos en conocer, cuando asumiendo nuestra obligación cívica y derecho constitucional a protestar abandonamos el calor de nuestros hogares para pacíficamente salir a manifestar nuestro rechazo a las reformas.

Mi homenaje a los verdaderos héroes de esa jornada: nuestras madres, esposas, hijas, hijos, padres, amigos, quienes estoicamente soportaron la angustia y desesperación impuesta por nuestro inicial secuestro y la posterior ilegal e injusta privación de nuestra libertad. Por los vejámenes y humillaciones con las que el caduco sistema carcelario ha castigado y denigrado a nuestras madres, esposas e hijas para acceder a visitarnos. A los ciudadanos ecuatorianos heridos, cuyos derechos fueron pisoteados por el accionar policial de ese 3 de diciembre, convirtiéndolos en víctimas de la violencia de quienes están llamados a protegernos y no a masacrarnos. A los ecuatorianos que se han manifestado en las calles o mediante cualquier mecanismo a favor de nuestra libertad, o por el respeto a la democracia y al estado de derecho. Al equipo de abogadas y abogados, a la Universidad Andina, a todos los organismos de Derechos Humanos y movimientos sociales, por su profesional labor jurídica y desinteresada actuación en defensa de la justicia, del respeto a nuestros derechos… que en el fondo es el de todos los ecuatorianos ofendidos con los abusos del poder.

Quito, diciembre 18 de 2015