Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Privilegios del siglo XXI

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

El ser humano casi ha erradicado las pestes por enfermedades infecciosas, las guerras y el hambre.

Tres cosas que afectaron a la humanidad durante miles de años. Hoy el azúcar mata más que la pólvora. Hay más obesos que personas con hambre.


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La nueva agenda sobrepasa la propiedad de activos. Se concentra en el conocimiento, la inmortalidad y la felicidad. Los que alegan que el mundo sigue igual, aquejado por el hambre, las enfermedades y la violencia, como antes de los primeros años del siglo XX, perpetúan un punto de vista derrotista. Si eso fuera así ¿qué sentido tendría invertir recursos en más investigación médica, reformas económicas o en nuevas iniciativas de paz?

La mayor parte del mundo crece económicamente. Al contrario de lo que el gobierno pasado alegó para justificar su negligencia en la administración de los recursos públicos. Es un crecimiento fenomenal que proporciona comida, medicina, energía y materias primas en abundancia.

El ser humano ha logrado desde mediados del siglo XX los cambios más rápidos de su existencia. Gracias a los avances de científicos de otros países hemos casi duplicado la esperanza de vida. Google, a través de una compañía denominada Calico, ha puesto en marcha un proyecto “para resolver la muerte” usando biotecnología. La muerte por enfermedades es consecuencia de un fallo técnico del cuerpo y cada problema técnico tiene una solución técnica. No es un asunto metafísico.

Existen impresoras 3D que nos permitirán imprimir cualquier producto desde la comodidad de nuestro hogar. Por otro lado está Amazon: una empresa cuyo objetivo es vender de todo, a todos, mediante su portal en internet. Son dos ejemplos que muestran que ya no existen las fronteras comerciales que aquí siguen promoviendo.

El 80 % de las exportaciones de los Estados Unidos de América involucran propiedad intelectual. En otras palabras: conocimiento. Requerimos solucionar la visión que tenemos sobre la propiedad intelectual con dos objetivos: firmar un acuerdo comercial con los Estados Unidos e impulsar la innovación por parte de autores nacionales.

Las piezas de los productos se hacen en varios países competitivos y finalmente otro los ensambla. Se requiere importar para fabricar y posteriormente exportar. Creando empleos en varias naciones. Por eso es vital es respeto a la propiedad intelectual de quien innova. Todos ganan en esa cadena productiva especializada.

Continuar analizando las cosas como si estuviéramos en el siglo XIX no tiene sentido. El mundo ha cambiado rápidamente y continuará transformándose. Estamos globalizados, aunque no les guste a algunos. Podemos comunicarnos inmediatamente y gratis con cualquier persona del planeta. Internet nos permite leer e informarnos de todo.

Entonces llama la atención que se quieran implementar medidas restrictivas al comercio. Existe el interés de que se legitime más de lo mismo. Los indicadores económicos mostraron que el modelo aplicado por el gobierno anterior no fue el correcto. Más aun cuando hemos constatado el crecimiento de las ventas al haberse cumplido la disminución del IVA y el cronograma de eliminación de las salvaguardias.

No es necesario implementar salvaguardias, timbres cambiarios, ni incrementar los aranceles. Eso desmejora el nivel de vida del consumidor. Hace al país más caro, menos competitivo y reduce el empleo adecuado. El problema de fondo es el excesivo gasto público que se quiere financiar con estas medidas, afectando el normal desenvolvimiento del comercio. Es como que nos quieran hacer pagar por la lujosa fiesta de un vecino, porque alega que no tiene recursos económicos. El sector público quiere que la sociedad civil pague la fiesta.

Las empresas que apoyan la subida de los aranceles, aduciendo que necesitan proteccionismo para sobrevivir, buscan privilegios en perjuicio de la mayoría. La solución es que sean competitivas, no que los demás paguemos su ineficiencia.