Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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El Foro de São Paulo y sus corruptos en lista de espera (I)

Carlos Sánchez Berzaín
Miami, Estados Unidos

El Foro de São Paulo fue fundado en 1990 por el Partido de los Trabajadores (PT), integrado con los partidos y grupos de izquierda de Latinoamérica en la ciudad de São Paulo, Brasil, para “reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda para debatir el escenario internacional tras la caída del muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”.

Se trató de una iniciativa de Fidel Castro ante la crisis creada por la terminación de su fuente de subsistencia al extinguirse la Unión Soviética. Por entonces el único miembro del Foro de São Paulo en el poder era una dictadura: el Partido Comunista de Cuba. Pero veinte años después –en 2010–, la mayoría de sus miembros ejercían el Gobierno y la dictadura cubana había tomado el liderazgo político de la región.


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El Foro de São Paulo es resultado directo del fin de la Guerra Fría al desaparecer la Unión Soviética y, por eso, se formuló como premisa de acción política el plan castrista de “multiplicar los ejes de confrontación” ante la insuficiencia y desaparición de la confrontación del comunismo contra el capitalismo y la lucha del proletariado. Decidieron copar y operar temas de grupos sociales, sectoriales, funcionales y territoriales como el feminismo, el ecologismo, el regionalismo, el indigenismo, la defensa de género y todos los temas posibles para enfrentar a la democracia, la cual señalaron como neoliberalismo. Multiplicaron los ejes de confrontación para remodelar y disfrazar la derrota del comunismo marxista soviético que arrastraba al castrismo.

La década de los 90 es considerada una “década perdida para los izquierdistas del Foro de São Paulo” porque no pudieron desestabilizar ni afectar seriamente el creciente fortalecimiento de la democracia latinoamericana y atribuyeron su fracaso a la falta de recursos económicos en un momento en que el principal promotor del Foro –la Cuba castrista– estaba en la miseria con el denominado “periodo especial”. Las democracias fortalecidas de la región fueron indolentes respecto a la situación del pueblo cubano, porque no hicieron nada para la recuperación democrática en Cuba en el momento de mayor oportunidad. Si los 90 fueron la década perdida para los izquierdistas por falta de dinero, también fue una década perdida para la democracia latinoamericana que no se consolidó, sino permitió la supervivencia de la dictadura cubana y su recreación con la llegada del dinero y el petróleo venezolanos de la mano de Hugo Chávez.

La alianza entre Chávez y Castro permitió a la dictadura castrista estabilizarse al punto de reactivar su permanente objetivo de expandirse por las Américas convirtiendo el derrotado foquismo guerrillero de los 60 y los 70 en un foquismo electoralizado no desprovisto de violencia. Chávez fue la piedra angular con los recursos petroleros venezolanos y ejerció liderazgo regional con un Castro sutilmente subordinado y convertido en el “oráculo de La Habana”, derrocando gobiernos en Ecuador y Bolivia y desestabilizando otros. En principio los recursos para la política fluían de Venezuela y Chávez lo hacía abiertamente, hasta que Lula da Silva llegó al poder y, a partir de 2003, pone en marcha el mayor sistema de corrupción política transnacional institucionalizado para y con sus amigos del Foro de São Paulo.

La idea fundamental para internacionalizar la corrupción, confesada por no pocos políticos del esquema, era “independizar la acción política y los partidos políticos miembros del Foro de São Paulo de los empresarios”, contribuyentes a veces reticentes, roñosos o caprichosos en sus aportes. Se trataba de formar capital propio para cumplir la consigna de que “nunca más falte dinero para la acción política” y para eso Lula da Silva como Presidente usó el sistema para otorgar “créditos de Brasil” a “gobiernos amigos” (sus socios del Foro de Sao Paulo) para “obras de infraestructura” ejecutadas por “empresas brasileras” con un sistema de desembolso a las empresas, pero con un mecanismo –ahora develado– de coimas y comisiones para políticos y la política de los integrantes del Foro de São Paulo, que no tardó en expandirse a los servidores y simpatizantes a cambio de sus votos en los organismos internacionales y de su silencio cómplice en el desmantelamiento de la democracia en la región.

[©FIRMAS PRESS]

  • Carlos Sánchez Berzaín es abogado y politólogo boliviano. Director del Interamerican Institute for Democracy.