Ecuador. domingo 24 de septiembre de 2017
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Fuente Ovejuna

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

Sería bueno conversar sobre los responsables de la situación económica actual.

Especialmente cuando ciertos oficialistas hablan de corresponsabilidad. Aclaremos conceptos. Para que exista corresponsabilidad, debe existir reciprocidad: cada parte tiene que cumplir con sus obligaciones. Algunos administradores públicos de la última década han incumplido y participaron en la dilapidación de los recursos del Estado.


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Tenemos a un ex ministro de finanzas que parece haber permitido exceder el límite de endeudamiento previsto en el Código Orgánico de Planificación y Finanzas. Nos endeudaron con plazos cortos y tasas altas, mientras han falseado cifras y no se sanciona a los culpables. Además, en cuatro años hemos pasado de un déficit de ochocientos millones a uno de siete mil millones, cuando nos decían que la economía estaba en crecimiento.

Contamos con un vicepresidente que desconocía los actos de corrupción que se suscitaron en el sector del que era responsable. Pobrecito, estaba pintado en la pared. Eso significa en el mejor de los casos, que fue negligente en la administración de nuestros recursos.

Hemos perdido institucionalidad. Las funciones del Estado obran con dependencia del poder ejecutivo. No existe la función judicial ni legislativa. Tampoco hay capacidad para actuar de oficio ante graves indicios de responsabilidad penal.

Hace un poco más de dos meses el expresidente exigía votar por Lenin. Actualmente nos informa que el jefe del ejecutivo electo es lo peor. ¿Será porque el nuevo mandatario expone verdades incómodas?

Tenemos la oportunidad de escoger entre más de lo mismo o probar algo nuevo. Ya sabemos dónde nos llevó el socialismo del siglo XXI: hacia el enriquecimiento ilícito y decrecimiento como país. Corrupción que involucra desde falsificación de títulos universitarios hasta solicitud de coimas. Privilegios, en lugar de oportunidades para la mayoría. Quiebra de empresas incautadas y desempleo. Compañías públicas que malgastaron nuestros recursos en decenas de millones de dólares.

Si ya conocemos dónde nos lleva todo esto, lo responsable es cambiar el rumbo. La solución no es redistribuir la riqueza. Esa acción serviría para solventar solamente tres meses de gastos del gobierno actual. Hacerlo implica la quiebra de más empresas, más desempleo y caos. El camino está en fomentar el crecimiento económico, no en restringirlo. El sector público debe ajustarse el cinturón después de la fiesta ovejuna. Es hora de regresar la administración pública al orden.