Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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El inconfesable José Serrano

Felipe Burbano de Lara
Quito, Ecuador

¿De qué tanto se quejan Rafael Correa y Jorge Glas por las negociaciones y amarres con los Bucaram?

Han puesto el grito en el cielo para denunciarlas como el retorno del viejo país, del Ecuador de los repartos, y de ese modo seguir trazando una línea demarcatoria entre el anterior Gobierno, limpio, revolucionario e incorruptible, con el actual de su coideario Lenín Moreno. Glas llega al extremo alucinante de acusar al nuevo Gobierno de querer institucionalizar la corrupción. A quien todos los indicios vinculan con múltiples redes de corrupción, ahora anticipa la ruina moral del leninismo. Una audacia sin límites frente a todo lo que estamos viendo espantados: el tío, el excontralor, los exministros de Energía e Hidrocarburos, los exfuncionarios de Petroecuador, las hidroeléctricas, los pagos por servicios de cortesía… Frente a todo eso, Glas se rasga las vestiduras y Correa truena desde Bélgica.


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Pero el inconfesable José Serrano, presidente de la Asamblea Nacional, cuyas ínfulas políticas y deseos de poder empezamos a desvelar, se encargó, todo tembloroso frente a las cámaras de Teleamazonas, de callar al expresidente y al actual vicepresidente con el tema Bucaram. Lo hizo mediante una declaración que es a la vez el reconocimiento de un acto inconfesable pero justificado por los fines nobles que buscaba: salvar el proyecto político y de paso a Glas. Serrano admitió un viaje a Panamá junto con Eduardo Mangas, una de las figuras más importantes del gobierno de Moreno. Al hacerlo, lanzó más suciedad a esta transición desquiciante que vive el Ecuador. “Pero lo que sí le puedo decir es que estos son los costos de proteger y defender a este proceso político. Y en ese proceso político, a nuestro vicepresidente de la República, Jorge Glas…”. Los hechos empiezan a coincidir. Abdalá Bucaram volvió, Dalito cerró su venenosa boca, y semanas después Correa empieza a denunciar el retorno del viejo país.

Las declaraciones de Serrano son extraordinarias por su franqueza y desvergüenza y a la vez porque constituyen una bomba política en contra de la revolución ciudadana. Es suficiente volverlas a reproducir para dimensionar su escandaloso significado: “Yo no voy a polemizar sobre el tema del viaje (…). Hemos tenido que tomar acciones durante el proceso de la campaña para que efectivamente ese proceso (se refiere a la revolución ciudadana) pueda ser el que triunfe en las elecciones del pasado 2 de abril. Entonces, en esa perspectiva, lo fundamental aquí es que nosotros y yo personalmente he hecho absolutamente todo lo que tenía que hacer para que este proceso triunfe, de manera legal, de manera lícita, de manera transparente, en esas elecciones (…)”. Causa risa su postura. De manera legal y transparente, dice. ¿Qué entiende Serrano por esas palabras? Si sus acciones son tan transparentes y lícitas, por qué pidió en la misma entrevista guardar los pormenores del viaje.

No cabe especular aquí sobre el costo al que se refiere Serrano para salvar el proceso y a Glas. Debe explicarlo él. Por lo pronto, basta recordar la expresión coloquial el pez por su propia boca muere. Frente a las acusaciones de Correa y Glas, Serrano se sintió obligado a contar el viaje a Panamá, pero al hacerlo hundió más a todos, lanzó una nueva estela de dudas e interrogantes sobre esta transición política marcada por el colapso de la estructura de poder de Alianza PAIS y la decadencia moral de su liderazgo. Y Glas advirtiéndonos de la corrupción en ciernes. (O)

  • El texto de Felipe Burbano de Lara ha sido publicado originalmente en El Universo.