Ecuador. jueves 23 de noviembre de 2017
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The Truman Show

Juan Carlos Díaz-Granados Martínez
Guayaquil, Ecuador

La corrupción aleja la inversión. Nadie quiere invertir en un país corrupto.

No podemos seguir juzgándola solamente por intereses políticos, sin que la función Judicial, de Transparencia y la Asamblea cumplan con su respectivo deber de proteger los intereses de la ciudadanía. En ese sentido, llama la atención que haya sido el presidente de la Asamblea, José Serrano, quien trajo a CAPAYA y no el fiscal, Carlos Baca Mancheno.


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Mientras tanto, otros países de la región se esfuerzan en ser más competitivos y productivos. Perú y Colombia, por ejemplo, además de tener un acuerdo con la Unión Europea, tienen un TLC con los Estados Unidos de América, nuestro principal socio comercial. Además, pertenecen a la Alianza del Pacífico. Ecuador no participa de esa iniciativa, aunque nos baña el Pacífico.

El SGP de Ecuador con Estados Unidos vence el 31 de diciembre. Es vital renovar el Sistema Generalizado de Preferencias con ese país para evitar la pérdida de cientos de miles de empleos adecuados directos y otros miles de empleos indirectos. Al no contar con estas preferencias, perjudicaríamos nuestra competitividad y otros países de la región aprovecharían para vender sus productos a nuestros compradores en esos mercados. Es por eso que debemos definir una hoja de ruta para firmar un acuerdo comercial con Estados Unidos y con la mayor cantidad de bloques comerciales.

Las salvaguardias, la tramitología excesiva, el incremento del IVA y del ICE ocasionaron el decrecimiento económico. Lograron que disminuya la recaudación tributaria como consecuencia de la desaceleración del comercio y el desempleo. Nadie está dispuesto a comprar productos que terminan costando demasiado por el exceso de impuestos y restricciones al libre comercio.

Chile en cambio, tiene aproximadamente sesenta acuerdos de libre comercio, que le permiten vender a 4500 millones de consumidores en el mundo. No solamente a dieciocho millones de chilenos. De esa manera, los chilenos también tienen acceso a los mejores productos del mundo a un precio económico.

Gracias al NAFTA, el 80 % de las exportaciones no petroleras de México van a Estados Unidos. Aquí nos rasgamos las vestiduras porque el precio del barril del petróleo cayó. Como si no existieran más productos para vender. Lo que pasa es que en este caso, lo malbarata el Estado; por eso es el drama.

Al gobierno anterior no se le ocurrió que los acuerdos de integración comercial son una forma de exportar más y facilitan la producción nacional a través de la importación de bienes de capital y materias primas más económicos.

El socialismo del siglo XXI ha tratado mal al sector privado. El sector público, en cambio, ha vivido en fiesta durante diez años, con el cuento de que es el motor de la economía; lo cual es imposible, porque el Estado vive de nuestros impuestos. Hoy debemos analizar si realmente no tenemos recursos en las arcas públicas o si estas se encuentran mal administradas gracias a la corrupción y la negligencia. Todavía queda grasa por cortar en la administración pública y vías por transitar, como las concesiones al sector privado, para que el gobierno use sus recursos en favor de los más necesitados de la sociedad.