Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Francisco deja la diplomacia ante Myanmar

Nicole Winfield
Daca, Bangladesh

El papa Francisco ya se ha metido en problemas anteriormente por hacer a un lado el protocolo y llamar a las cosas por su nombre, como cuando dijo desde el altar de la Basílica de San Pedro que la masacre de armenios en el imperio otomano había sido un “genocidio”.

El pontífice asumió las consecuencias (Turquía convocó a su embajador en el Vaticano en protesta) a cambio de defender a un pueblo oprimido que hace casi un siglo estuvo a punto de ser exterminado del mapa.


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Con la oportunidad de hacer lo mismo en Myanmar, donde las fuerzas armadas han lanzado lo que las Naciones Unidas han denunciado como una campaña de limpieza étnica contra la minoría musulmana rohinya, Francisco optó esta vez por la diplomacia. No solo evitó usar el controvertido término “rohinya” en sus afirmaciones, sino que ignoró completamente la peor crisis de refugiados en Asia en décadas y no les reclamó a sus anfitriones por orquestarla.

Los grupos defensores de los derechos humanos se quejaron. Los rohinya se quejaron. Los periodistas y los expertos se preguntaron si el legado de Francisco como un cruzado intrépido en favor de los más marginados del mundo _los pobres, los que carecen de hogar, los refugiados y los prisioneros_ estaba ahora en duda.

Para el viernes, el corazón del pontífice no pudo más y se expresó.

En un emotivo encuentro con 16 refugiados rohinya, Francisco dijo lo que probablemente quería decir desde el principio. Con la voz temblorosa después de que saludó a los hombres, las mujeres y los niños que se habían visto obligados a huir de sus hogares en Myanmar para irse a horribles campamentos en Bangladesh, el papa les rogó que lo perdonaran por lo que habían sufrido y la “indiferencia del mundo” ante su difícil situación.

“La presencia de Dios hoy también se llama ‘rohinya’”, les dijo.

Y con esa palabra, Francisco borró días de especulaciones de que el papa que dice las cosas como son se había vendido a los diplomáticos profesionales del Vaticano, los cuales estaban dispuestos a negarle a una minoría perseguida su misma identidad con tal de cumplir con la política global y local.

El Vaticano había defendido el silencio inicial de Francisco como algo necesario para “construir puentes” con Myanmar, que apenas en mayo estableció relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

“La diplomacia del Vaticano no es infalible”, les dijo el portavoz Greg Burke a los reporteros en Yangón. “Ustedes pueden criticar lo que se ha dicho, y lo que no. Pero el papa no va a perder autoridad moral en esta cuestión aquí”.

Burke añadió que la Iglesia católica es una minoría en Myanmar. La implicación era clara: los católicos ya son discriminados en este país predominantemente budista, y ciertamente no necesitan ninguna represalia de parte de la gran mayoría de birmanos que rechazan el término “rohinya” porque implica un reconocimiento oficial de ellos como un grupo étnico.