Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Calles y redes sociales, válvula de escape al descontento ciudadano en Ecuador

Marcha indígena se toma el Puente Payamino, en Orellana, el 18 de agosto de 2015. Foto colgada en la página de Facebook de la CONAIE.

Algunas calles y carreteras de Ecuador, así como las redes sociales, se han convertido en las últimas semanas en una válvula de escape del descontento de grupos sociales con ciertas políticas del Gobierno, pero también en el escenario de apoyo a la Administración de Rafael Correa, en el poder desde 2007.


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Los llamamientos al diálogo por parte del Gobierno no han calado en los líderes de las protestas, que desconfían del Ejecutivo, al que le piden, entre otros reclamos, archivar unas enmiendas constitucionales que estudia la Asamblea Nacional (parlamento) y que incluyen la reelección presidencial.

La prueba más reciente de ello han sido las protestas, algunas violentas, que se han registrado esta semana en zonas andinas y amazónicas del país, donde los manifestantes se han enfrentado con las fuerzas del orden, que los dispersaron con gases lacrimógenos.

Ello, mientras el Gobierno adelanta con otros sectores lo que denomina “Diálogo Nacional por la Equidad y la Justicia Social”.

Pero los líderes de la protesta no quieren dialogar con el Gobierno que, de su lado, tampoco pretende conversar con sectores a los que atribuye actos de violencia en algunas manifestaciones.

Los que secundan las protestas dicen que hay “infiltrados” en las manifestaciones, en las que, en los últimos días, la Policía ha tenido apoyo de los militares, en operativos de desbloqueo de las carreteras, pues el corte de vías está prohibido por la ley.

Mientras las acusaciones van y vienen, aumenta la cifra de heridos, que se cuentan por decenas, la mayor parte reportados desde las filas de policías y militares durante las protestas, que mantienen la expectativa en un país cuyo ritmo de actividad comercial, financiera, empresarial y educativa, entre otros, no se ha detenido.

Quienes apoyan al Gobierno también han optado por las calles para hacer escuchar su voz. En la plaza de la Independencia, frente a Carondelet, sede del Ejecutivo, por ejemplo, seguidores de Correa protagonizan vigilias y actos culturales por la democracia.

Y es que el oficialismo ve intentos desestabilizadores en las protestas, en las que se repite la consigna “fuera Correa fuera”, al tiempo que los líderes de las marchas aseguran que no buscan romper la democracia sino rectificaciones desde el Ejecutivo.

Pero Correa, que también tiene el apoyo de indígenas y sectores gremiales, no ve en las protestas un reclamo por derechos sino, más bien, un intento de imposición de una agenda política “contundente y recurrentemente derrotada en las urnas”, según ha dicho.

El oficialismo apunta que el paro nacional convocado por ciertos gremios y el levantamiento indígena no han tenido acogida en la población, mientras muchos ciudadanos aún recuerdan convocatorias a protestas contra otros Gobiernos, en las que había dificultades en el transporte público y marchas más concurridas en las calles.

En un país liderado por un Gobierno de izquierda, políticos y actores sociales se acusan mutuamente de representar a la derecha y de defender intereses particulares, pero coinciden en el derecho ciudadano a manifestarse pacíficamente.

Sin embargo, en redes sociales la violencia verbal es marcada: comentarios serenos, intentos de neutralidad, llamados a la calma se mezclan con improperios, burlas y descalificaciones que caldean los ánimos y profundizan heridas en Ecuador que, hace ocho años terminó con una década de inestabilidad política.

En su cuenta de la red social Twitter, el jefe de Estado ha pedido al pueblo seguir trabajando por una “patria nueva” y ha asegurado que no retrocederán ante la violencia ni cederán al “chantaje” del corte de carreteras, pues opina que eso es “volver al pasado: el país rehén de unos cuantos grupos”, escribió.

En la década anterior al Gobierno de Correa, siete presidentes pasaron por Carondelet, pero desde 2007, Correa y su movimiento oficialista han ganado en cuantos comicios se han convocado, aunque su triunfo no fue tan contundente como acostumbraban en las últimas elecciones seccionales.

El Gobierno defiende como uno de sus mayores activos la estabilidad política, reconocida también por los manifestantes que, no obstante, ahora temen que, de pasar las enmiendas, Correa pudiese permanecer en el poder más allá de 2017, cuando termina su período, aunque él ha dicho que no le interesa postular nuevamente.

Y mientras abundan los llamados al diálogo y las aseveraciones de diversos lados de que sí escuchan voces distintas, los obispos de Ecuador subrayan que las manifestaciones de violencia física o verbal, vengan de donde vengan, siempre serán la “vía incorrecta para conseguir el verdadero diálogo”. EFE [I]