Ecuador. Miércoles 7 de diciembre de 2016
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Arte para curar las heridas de la guerra y el desplazamiento

Foto: vivelohoy.com

Bagdad,  (EFE).- Las heridas más difíciles de curar a los niños desplazados iraquíes no son las que se pueden ver en sus cuerpos, sino las ocultas en sus almas. Sin embargo, varias personas y organizaciones humanitarias han encontrado una medicina: el arte.

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A través de clases de pintura, música, teatro, lectura y escritura, un grupo de personas, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y otras organizaciones locales intentan borrar de sus cabezas los recuerdos de la guerra y las consecuencias de su huida.

“Al principio, juntaba a algunos niños en mi tienda de campaña, donde les enseñé a pintar, a leer y a escribir”, dice a Efe Aliaa Ibrahim, una profesora de pintura desplazada en el campamento de Abu Graib, a dos kilómetros al oeste de la capital, Bagdad.

Después, la afluencia era tan grande, que Aliaa decidió establecer una tienda de campaña solo para las clases, gracias al permiso de la dirección del campo de desplazados.

“A un grupo de personas de zonas próximas, que acudieron un día a repartir ayuda a los desplazados, les gustó la idea y decidieron ayudarme con lápices, colores, cuadernos y algunos regalos para los niños”, continúa.

El boca a boca hizo el resto. El número de estudiantes empezó a crecer gradualmente, por lo que Aliaa tuvo que recurrir a otras desplazadas del campamento con títulos académicos para que la ayudaran en las clases.

La profesora considera que el proyecto que realiza junto con sus compañeras, a pesar de no alcanzar al gran número de desplazados que existen, es un paso en el camino correcto para rehabilitar a los niños y sacarles del círculo de la violencia.

Por el momento, Aliaa financia sus clases con una subvención de una organización que se ocupa de asuntos infantiles, además de donaciones de vecinos del área.

En otro campamento cercano a la ciudad de Baquba, capital de la provincia de Diyala, al noreste de Bagdad, Tahsin Ali señala que “las dificultades siempre generan nuevas ideas, la necesidad agudiza el ingenio”.

“En medio de estas difíciles circunstancias en el campamento, donde reina el desempleo y la pobreza, cada persona debe pensar en una salida a esta situación que nos ha tocado vivir”, añade.

A sus 21 años, Ali, reconoce tener la habilidad para pintar y cantar. Pero, entre todo lo que dejó atrás en su huida de los combates, se quedaron su laúd y los utensilios que empleaba para dibujar.

Pese a ello, no desesperó y le pidió a un amigo que le prestara un laúd para salir de la pobreza y ayudar a su familia.

Ahora, Ali organiza pequeños conciertos para sus vecinos del campo de desplazados, con el objetivo de hacerles olvidar, aunque solo sea por unas horas, la difícil situación en la que se encuentran.

Junto al joven y su laúd, un grupo musical con un teclado y un tambor actúan también en otros centros de desplazados cercanos, así como en bodas y otros eventos, y consiguen así unos ingresos con los que apoyar a sus parientes.

De esta manera, Ali afirma que se siente “feliz por poder alegrar a los desplazados y ayudarles” con la única herramienta de la que dispone.

Además de la música y la pintura, en otros campos de desplazados se pueden encontrar clases de costura y peluquería, ofrecidas por organizaciones humanitarias locales e internacionales.

Estos cursos se imparten en los campos de desplazados ubicados en la región autónoma del Kurdistán, como en Dohuk, Erbil y Suleimaniya, explicó a Efe Mujalad Jalaf, trabajador de la misión de la ONU en Irak.

Según las estimaciones de Naciones Unidas, existen cuatro millones de desplazados en Irak y se teme que este número aumente sustancialmente cuando de comienzo la ofensiva militar para expulsar al grupo yihadista Estado Islámico (EI) de la ciudad de Mosul, ubicada en el norte de Irak y donde permanecen a día de hoy más de un millón de civiles.

A los niños desplazados de Mosul, cuando tengan que abandonar sus hogares, también les estarán esperando maestros con sus pinceles, laúdes, tijeras y alfileres para curarles las heridas de la guerra. EFE

ah-se-em/fc/ah

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