Crisis hídrica en Kabul podría dejar sin agua a cuatro millones de personas

Kabul

Kabul se enfrenta a una crisis hídrica que amenaza con dejar desabastecidas a cuatro millones de personas, sumiendo a los residentes de toda la ciudad en dificultades para acceder a agua potable a medida que los niveles de reservas subterráneas continúan desplomándose y la escasez se intensifica.

«La escasez y la crisis del agua son una grave amenaza para nuestras vidas en Kabul», aseguró a EFE un ingeniero especialista en gestión hídrica, Samiullah Jabarkhil.

El ingeniero señaló que el rápido crecimiento urbano, la sobreexplotación de las aguas subterráneas y la disminución de las precipitaciones están acelerando el agotamiento de las reservas de agua.

«Los acuíferos de la ciudad de Kabul y de otras zonas del país se están agotando más rápido de lo que pueden reponerse», añadió.

Caminar largas distancias para conseguir agua

Los residentes afirman que la situación se ha deteriorado en los últimos años, sobre todo en aquellas partes de la ciudad donde los pozos se han secado obligando a las familias a caminar largas distancias y esperar durante horas en las escasas fuentes de agua.

«Esperamos durante horas todos los días solo para conseguir agua, y luego la cargamos en bidones sobre nuestros hombros», declaró a EFE un residente, Khalil Ahmad.

Limitadas por las estrictas normas de movilidad del régimen talibán, las mujeres son las más afectadas por esta escasez.

«Caminamos durante media hora o una hora y luego esperamos durante horas en el frío y también en el calor para conseguir agua», lamentó una vecina, Setara, mientras aguardaba su turno en una fuente. «Cuando les digo a mis hijos que toca ir a buscar agua, lloran y se esconden», añadió.

Las familias más vulnerables consumen agua almacenada en condiciones insalubres, mientras que quienes disponen de recursos económicos recurren a empresas privadas que venden agua a precios muy elevados.

«Compramos un camión cisterna cada 4 o 5 días por 2.000 afganis (unos 31 dólares). Con un salario de 18.000 afganis, pagar 2.000 es difícil. Nos ha causado penurias, un grave estrés mental, y usamos el agua con mucho cuidado», relató otro residente de la ciudad, Hayatullah Rohani.

Esta asfixia diaria también ha desatado el hartazgo de los habitantes contra la inacción del gobierno talibán. «Proporcionar agua es su responsabilidad, pero las autoridades han sido negligentes y nos han abandonado en esta lucha», denunció un ciudadano de la capital afgana, Zamari.

Desde la toma del poder de facto por los talibanes en agosto de 2021, la congelación de fondos internacionales y la falta de voluntad política han paralizado proyectos vitales para garantizar el acceso al agua.

La crisis del agua en Afganistán refleja un problema estructural desde hace años en un país que, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), es el cuarto con mayor riesgo climático y el octavo más vulnerable, pese a emitir solo el 0,08 % de los gases de efecto invernadero.

 Según advirtió un informe de la organización humanitaria Mercy Corps publicado en junio de 2025, la gravedad de esta situación podría llevar a Kabul a convertirse en la primera capital del mundo sin agua. EFE (I)

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