Guayaquil, Ecuador
Se atribuye a Óscar R. Benavides, expresidente del Perú entre 1933 y 1939, la famosa frase que da título a estas líneas. Sin embargo, más allá de la demagogia y del abuso de poder que encierra la primera parte de la frase, centrémonos en la segunda.
“Para mis enemigos, la ley”
Esta expresión describe que, bajo determinadas condiciones, todos podemos ser víctimas de la persecución; que “la ley” puede ser selectiva, direccionada y convertirse en un mecanismo de venganza, revancha o represión. Esto, mis amigos, no es menor.
Implica una circunstancia en la que todos podemos ser víctimas del abuso y en la que, por tanto, los límites institucionales destinados a impedir los excesos de quien detenta temporalmente el poder no están funcionando. En estas democracias frágiles, la libertad de pensamiento y de expresión ponen en riesgo a sus portadores. Las tiranías y los tiranos —sus ejecutores— lo han sabido desde siempre: “la ley puede ser su mejor aliado”.
En las sociedades en las que esto se permite, se tolera o sucede, las opiniones disidentes suelen ser silenciadas y la persecución suele disfrazarse de “justicia”. Ocurrió durante el correísmo con el diario El Universo y diario La Hora, entre otros; ocurre también cuando el mandatario no soporta las opiniones que no se unen al coro de los sumisos, aduladores, correligionarios o confundidos.
En estas, suele lanzarse a “la justicia” contra los enemigos políticos, los detractores, los contendores ideológicos y quienes tuvieron la osadía de no estar de acuerdo con quien “manda en la nación”.
Muy por el contrario, en las sociedades occidentales, modernas y civilizadas, la ley es el mecanismo que somete al poder a su único ámbito legítimo: garantizar los derechos individuales —vida, libertad y propiedad—. En estas, el poder no es el instrumento que permite la persecución mediante el sistema de justicia, sino la herramienta que puede facilitar la convivencia.

Las leyes en las democracias liberales, son aquello que permite la convivencia pacífica, no aquello a lo que teme la ciudadanía. “Para mis enemigos, la ley” no es más que el reflejo de que aún nos falta mucho por resolver, pues la inseguridad adopta muchas formas, y esta también es una de ellas.
Seguimos conversando.
