Fujimori y Maquiavelo

La derechista Keiko Fujimori reacciona tras posesionarse como presidenta de Perú para el quinquenio 2026-2031 este martes, en Lima (Perú). Fujimori juró como presidenta de Perú en un acto con el que asume oficialmente el cargo para el que fue elegida en las recientes elecciones, en las que se impuso en la segunda vuelta por una ajustada diferencia de menos de 50.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez. EFE/Guadalupe Pardo POOL

Hernán Pérez Loose

Guayaquil, Ecuador

Keiko Fujimori llegó al poder luego de haber sufrido tres derrotas. Ganó por una diferencia mínima en la segunda vuelta (menos de 50 mil votos), siendo los votos de los residentes en el exterior los que le dieron el triunfo.

El sistema político peruano es muy propenso a la inestabilidad. En la última década ha tenido ocho presidentes. ¿Podrá Keiko terminar su mandato? Hay algunos factores que pueden favorecerle. Uno es el hecho de que el Perú abandonó el modelo unicameral y ha regresado a un sistema bicameral. Como es conocido, los modelos unicamerales tienden a ser más conflictivos que los de doble cámara. El impechment presidencial, que es un elemento altamente desestabilizador, se hace más difícil en un modelo bicameral.

El otro factor a favor de Keiko es que probablemente evite los errores de su padre Alberto. Mucho debió haber aprendido habiendo estado por tantos años cerca de él y ver como su popularidad y grandes aciertos que lo llevaron a triunfos electorales espectaculares, de poco se evaporaron hasta ser un personaje rechazado por el pueblo que un día llegó a idolatrarlo.

Algunas sociedades toleran a las autocracias cuando a cambio de ellas obtienen una mejoría sustancial de sus niveles económicos o la eliminación de una amenaza existencial. El Perú optó por renunciar a sus libertades, a cambio de detener el monstruo del terrorismo de Sendero Luminoso y de darle un giro radical a la economía que agonizaba en la hiperinflación.

Fujimori logró ambas cosas. Pero, como sucede a menudo, Fujimori terminó abusando del poder, abusó de ese pacto no escrito por el que el Perú toleraba su estilo dictatorial a cambio de seguridad y bienestar. Creyó que tenía un cheque en blanco.

En efecto, Fujimori hizo de los organismos electorales sus peones, neutralizó a sus competidores enjuiciándolos o comprándolos, amordazó a la prensa, compró a periodistas, se apoderó de la fiscalía, asaltó al sistema judicial, así como a los órganos de control, y llegó incluso a instalar una red de espionaje increíble.

Los derechos humanos eran violados sistemáticamente. Las ejecuciones sumarias y las desapariciones se normalizaron; el miedo se apoderó de la sociedad peruana. El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, decía Lord Acton. Y eso fue lo que hundió a Fujimori padre. La lucha contra el terrorismo degeneró lamentablemente en un pretexto para saciar un apetito infinito de poder y alimentar una paranoia galopante, llevándolo al abismo.

Por décadas su apellido provocaría un rechazo profundo en el Perú. Y Keiko lo sabe.

Muchos autócratas optan por seguir el famoso consejo de Maquiavelo, de que “es mejor ser temido que amado”. Se olvidan, muy convenientemente, que el gran Florentino agregó a ese consejo otro: “pero lo que sí debe evitarse a toda costa es ser odiado”.

La historia enseña que del miedo al odio la distancia es corta. Como bien señala Adla Palmer comentando a Maquiavelo: “Cuando el miedo se cruza al odio, allí es cuando a los enemigos deja de importarles si terminan incendiándose ellos, con tal de que el autócrata también se incendie…”. Y eso fue lo que le pasó a Fujimori, tal como le ha pasado a autócratas. Algo que la inteligente Keiko sabe bien. (O)

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