Muerto el perro, ¿y la rabia?

Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

Tengo un borrador, del 10 de diciembre, del informe para segundo debate del proyecto de reformas a la Ley de Comunicación, que habría sido aprobado el pasado 5 de diciembre por la comisión que lo tramita (hasta la mañana del jueves 13 no está aún publicado, en la pagina de la Asamblea, el informe oficial).

Según ese borrador, la Superintendencia de Comunicación “…demostró ser un ente administrativo que actuó de manera subjetiva, principalmente al servicio de ciertos funcionarios públicos para perseguir a medios de comunicación y periodistas por la información u opiniones vertidos por ellos. Los casos emblemáticos han sido materia de estudio inclusive por agencias periodísticas internacionales… …las que han señalado enérgicamente que se han violentado los derechos a la libertad de comunicación, expresión y opinión como las normas básicas del debido proceso” (exposición de motivos, p. 31).

Que una ley se funde en semejante varapalo, que reconoce que hasta normas básicas del debido proceso fueron violadas, y que por añadidura proponga no solo eliminar a la Supercom sino derogar las desproporcionadas multas hasta hoy previstas por “infracciones”, debiera ser suficiente motivo para que, por mínima coherencia, el mismo proyecto sugiera extinguir las multas impuestas en el pasado por Ochoa y sus secuaces, cuya validez y legalidad siguen discutiéndose hoy en vía judicial.

Eso estaría además en armonía con la lógica (si desaparece la infracción no puede el Estado seguir pretendiendo cobrar una multa), y también con la Constitución, que establece el principio de favorabilidad, según el cual si una ley posterior a la (real o supuesta) infracción es más benigna que la previa, debe aplicarse la nueva, por ser menos rigurosa (Constitución, art. 76, 5º).

Pero un no se qué lo torpedea. Desde el proyecto original se intenta tozudamente que el Estado siga gastando dinero en litigios en que defiende las actuaciones abusivas del censurado Ochoa (disposición transitoria tercera). El pleno de la Asamblea debe enmendar la plana. Muerto el perro se acabó la rabia.

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