Ecuador. Viernes 9 de diciembre de 2016
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Norman Manea, una obra marcada por un sufrimiento que se tornó universal

Norman Manea, escritor rumano. cultura.nexos.com.mx

Guadalajara (México), (EFE).- Del campo de concentración a la dictadura y de ahí al exilio; aunque son muchas las cicatrices del autor rumano Norman Manea, ganador del FIL de Literatura 2016, este se niega a limitar su obra con su sufrimiento particular, y señala lo peligroso que es el humor contra el poder.

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Manea, nacido en Suceava (Bucovina, Rumania) el 19 de julio de 1936, cuenta con una obra literaria marcada por la figura del migrante, la cual evoca los vaivenes constantes de su propia vida.

En su infancia, el autor de origen judío fue trasladado a un campo de concentración, y de adulto sufrió los desmanes de la dictadura comunista en su país, que le llevó a exilio en la década de los 80.

Pese a los oscuros episodios que tuvo que atravesar, el rumano, quien actualmente vive en Nueva York, rechaza vincular de manera plena su producción literaria con su dolor, aunque este sea “profundo”.

El sufrimiento “es una experiencia humana, no es algo individual que pueda considerarse como único”, aseguró en una conferencia telefónica celebrada después de que el jurado del Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en Lenguas Romances 2016 le nombrara ganador de esta edición de manera unánime.

Como él, son muchas las personas que han salido del país o han sido deportadas, y que han sentido “en carne propia” el haber sido arrancados de su origen, afirmó.

Por ello, reconoció que prefiere ver su bibliografía como un reflejo de la búsqueda que los individuos emprenden hoy en día para alcanzar “un poco de paz”, cargados de tenacidad y resiliencia.

El rumano es autor de títulos como “El sobre negro” (1986), “Payasos: el dictador y el artista” (1997), “El regreso del hooligan” (2003) -el cual fue considerada por muchos críticos como una novela autobiográfica- o “El té de Proust” (2010), volumen que aúna sus cuentos.

Entre sus creaciones más recientes se encuentra el ensayo “La quinta imposibilidad” (2012), en el cual analiza el judaísmo anterior al Holocausto, la realidad de la Europa del Este después del comunismo y la disidencia cultural en los regímenes totalitarios.

En síntesis, una obra “inmensa” que, a consideración del jurado de la 26 edición del premio, “no puede definirse por los géneros literarios tradicionales”.

Entre lucha y lucha con los censores de su país -que dieron como resultado que varios de sus libros salieran a la luz con mutilaciones-, Manea consiguió infiltrar en sus creaciones su particular sentido del humor, señalado en ocasiones como negro.

“El humor siempre es la última solución cuando no podemos echar mano de ninguna otra”, defendió.

Independientemente de la forma de Gobierno, el humor “puede ser peligroso para aquellos que se encuentren en el poder”.

Manea, defensor de la memoria histórica y de que se recuerden aquellos hechos del pasado que han “avergonzado” a las naciones, asegura que en la actualidad los países viven atados a una censura que, si bien no se presenta como tal, convierte a los ciudadanos en “entes del Gobierno”.

Una censura “económica” que no cuenta con un componente tan ideológico como la que él sufrió hace años, pero que responde a los hombres ricos en el poder, aseveró el autor.

El rumano reconoce estar “fascinado” por el sentido del humanismo que descubrió en la literatura latinoamericana, a través de nombres como Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges, quienes abanderaron -opinó- “tramas intensas y la lucha por la libertad de expresión”.

En los autores de la región hay un referente para “no perder los sueños y continuar con la creatividad”, apuntó Manea, quien dijo sentirse más cerca de los literatos argentinos, por sus raíces europeas.

El autor ha recibido la Beca Guggenheim, el Premio MacArthur, la Medalla Literaria de la New York Public Library y el Premio Literario Internacional Nonino, entre otros reconocimientos.

En su país ha sido merecedor de la Medalla del Mérito Cultural en 2007 y el honoris causa por la Universidad de Bucarest y Cluj. EFE (I)

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