Ecuador. Jueves 20 de Julio de 2017
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Fan Popo, el cineasta que logró sentar en el banquillo a la censura china

Beijing (China), 15/04/2016.- A picture made available on 22 May 2016 of Chinese filmmaker Fan Popo being photographed in his home in Beijing, China, 14 April 2016. The 30-year-old director and LGBT (Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender) activist made history in China when he brought to court and got a favorable ruling on his suit against China's top film regulator, the State Administration of Press, Publication, Radio, Film and Television, or SAPPRFT last year. He sued the media regulator when he found his 2012 documentary, 'Mama Rainbow', was taken down from three major Chinese video streaming sites including including Youku, Tudou and 56.com two years ago. EFE/EPA/HOW HWEE YOUNG

Pekín, (EFE).- De pronto, algo desaparece de internet. Puede ser una película o una serie, quizá un documental. Los internautas chinos están acostumbrados y, aunque lo critican de vez en cuando, en general no desafían al sistema. Hasta que llegó el cineasta Fan Popo y dijo basta.


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Con sólo 30 años, Fan ha hecho historia en su país: ha conseguido llevar a los tribunales a las autoridades de censura de China, la Administración Estatal de Prensa, Radio, Cine y Televisión, y conseguir un fallo a su favor.

“Me siento muy emocionado”, afirma el director en una entrevista con Efe en su piso de Pekín, que comparte con dos compañeros, uno de ellos activista, como él, en defensa de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB).

En 2012, Fan grabó el documental “Mamá Arcoiris”, que cuenta la historia de seis madres chinas y sus hijos homosexuales, y tras presentarlo en diferentes festivales, lo colgó en tres portales chinos, donde recibió más de un millón de visitas.

Pero, de repente y sin explicación alguna, su trabajo desapareció de estas plataformas. Fan trató de buscar respuestas y le derivaron al organismo de censura del país, que no suele dar explicaciones.

Su historia podría ser la de cualquier otro, pero él decidió rebelarse y presentó una denuncia para esclarecer los hechos.

En un gesto inusual, un tribunal aceptó la demanda y en diciembre condenó a las autoridades a pagar unos 7 dólares por no dar una explicación adecuada a Fan. Una sentencia menor que no obligó a emitir el documental online de nuevo, pero que el cineasta considera “todo un éxito”.

“No sólo importaba el resultado, también el proceso. Que se aceptara el caso ya era un éxito”, asegura Fan en su habitación, empapelada como la residencia de un estudiante, con numerosos carteles de festivales, fotografías de actores o escenas de alguno de sus viajes.

Fan detiene el montaje de su próximo documental, que le espera en la pantalla de su ordenador, y habla con Efe de la situación de su sector en China, donde cada vez es más fácil rodar películas, pero más difícil difundirlas.

“De 2010 a 2014, había menos control de internet, pero ahora cada vez más páginas están bloqueadas”, señala el joven, que se declara gran admirador de Pedro Almodóvar y, en especial, de su filme “Todo sobre mi madre”.

Si la situación es complicada, la temática en la que su trabajo se centra, el colectivo LGTB, no ayuda, pues se ha convertido en uno de los temas “sensibles” para este Ejecutivo. “El Gobierno chino está preocupado por cualquier tipo de avance en cuestión de derechos de los ciudadanos: como si que la gente tenga más derechos significara que el Gobierno tiene menos”, critica.

En sus obras, Fan arroja luz sobre las relaciones familiares, que suponen el mayor peso para un homosexual en China, tal y como evidenciaba un estudio de Naciones Unidas publicado esta semana.

El informe describía un ambiente de múltiples presiones para el colectivo, lo que provoca que hoy sólo un 5 por ciento de los gais, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales del país se haya atrevido a salir del armario.

El joven director lucha por remediar esta situación a través de la pequeña -o gran- pantalla. “Lo importante de un documental es mostrar a la gente las posibilidades”, explica Fan, que va a la raíz del problema: “En China, muchas personas no saben muy bien qué es el colectivo LGTB. Piensan que son monstruos. Las películas son una manera importante para romper con ideas anteriores”.

Fan compagina su trabajo como director con el de activista, pues, en su opinión, “si no nos preocupamos por nuestros derechos, viviremos como cerdos”, aunque añade: “tengo esperanza”.

De momento, ha conseguido que su documental vuelva a verse en una página web china, pero es consciente de que el enemigo es fuerte.

“Hacen falta más personas para cambiar el sistema, que sólo yo denuncie no sirve”, dice a Efe calmado y serio, aunque enseguida deja entrever una sonrisa. Sabe que él ya ha abierto una puerta. EFE (I)