Ecuador. Miércoles 28 de septiembre de 2016
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Olivia de Havilland, el amor platónico del “Indio” Fernández

Olivia de Havilland, el amor platónico del "Indio" Fernández. Foto de Archivo.

México, (EFE).- Desde que la vio en la cinta “Lo que el viento se llevó”, la actriz Olivia de Havilland se convirtió en el amor platónico del cineasta mexicano Emilio “el Indio” Fernández hasta el punto de que bautizó una calle con su nombre.

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“Dulce Olivia”, así nombró Fernández (1904-1986) la calle del barrio colonial de Coyoacán donde se encuentra la mansión en la que residió gran parte de su vida, recuerda la cronista Julieta González en una entrevista con Efe.

“Cada alba despierta tu nombre bajo mi ventana”, decía orgulloso el actor, director y productor de la Época de oro del cine mexicano (1936-1959) al referirse a De Havilland, única sobreviviente del clásico “Lo que el viento se llevó” y quien mañana cumple 100 años.

Tras verla en esa película (1939), “se enamoró de ella, así que le pidió a un amigo (Marcus Goodrich) que le llevara cartas de amor”, pero fue el novelista estadounidense quien que se casó con ella, apunta González.

En una entrevista realizada por Elena Poniatowska en 1971 para el diario Novedades, el propio Fernández cuenta que se enamoró de la actriz estadounidense de origen británico por sus películas e incluso asegura que se iba a casar con ella, aunque nunca llegó a conocerla.

“Yo nunca la he visto en persona. Fue por carta todo. Yo escribía las cartas, pero me ayudaba en el inglés mi amigo Marco Aurelio Goodrich, y él fue el que se casó con ella al llevarnos los recados”, relató entonces.

“Yo me enamoré mucho y tengo una gran cantidad de fotografías dedicadas y de retratos. Por ahí han de andar, o a lo mejor me las rompieron aquí. He tenido cinco esposas, quizá una de ellas las rompió”, añadió.

Sin embargo, en el buró izquierdo de su cama aún reposa una foto de Olivia de Havilland firmada, aunque la rúbrica de la actriz apenas es perceptible debido al paso del tiempo, según constató Efe en un recorrido por la residencia.

“Cuando decidió bautizar la calle con su nombre, en una noche, se cuenta que él escribió el nombre de dulce Olivia en una tabla y salió con un martillo y lo pegó en el poste, para que la gente supiera que así se llamaría la calle”, comenta Julieta.

“El Indio despertaba en su cuarto y decía: ‘yo aquí la tengo a mis pies’; el Indio siempre ganaba”, añade.

Al presidente Miguel Alemán (1946-1952) le parecía una historia muy romántica y por ello la calle conservó el nombre elegido por Fernández, cuyas películas marcaron la Época de Oro del cine mexicano.

Además de la historia de Havilland, la casa guarda infinidad de recuerdos de aquella época: los sombreros que el Indio usaba en las películas, los premios que ganó o la máquina donde escribían Juan Rulfo y José Revueltas.

La fortaleza, que abre sus puertas al público solo para eventos especiales, se rodaron numerosas películas, entre ellas “El rapto”, una comedia protagonizada en 1953 por María Félix y Jorge Negrete.

“Esta casa fue hecha para grabar cine; el Indio le pidió a su arquitecto (Manuel Parra) que donde se posara la cámara, se hiciera una armonía con el encuadre”, señala la cronista al precisar que allí fueron grabadas “190 películas” nacionales e internacionales.

Uno de los rincones especiales de la casa es la sala de música, donde estuvieron artistas de la talla de Arthur Rubinstein, María Callas, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, Celia Cruz, Lucha Reyes, Antonio Bribiesca y Cuco Sánchez, entre otros.

“La sala de música tiene una cúpula de rosetón y un abovedado acústico y en cada esquina hay una escultura hecha por Diego Rivera”, destaca González, y recuerda que allí también estuvo Marilyn Monroe, a quien el cineasta le enseñó a tomar tequila. EFE (I)

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