Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Gobierno turco y los “indignados” no ceden en su pulso

Estambul, 7 jun (EFE).- Tanto el Gobierno turco como los “indignados” que ocupan la plaza Taksim de Estambul se han enrocado hoy sin ceder en sus posiciones, con la exigencia del Ejecutivo del cese de las protestas y con los manifestantes que responden que no abandonarán el lugar hasta que no se atiendan sus demandas.


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La policía no ha entrado en la céntrica plaza de Estambul desde que la abandonara el pasado sábado, y donde miles de personas han ocupado el parque Gezi, origen de las protestas, y las manifestaciones antigubernamentales se han extendido por las principales ciudades del país.

La exigencia del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, a su regreso a Turquía tras una gira por países del Magreb, de que cesen “de inmediato” las protestas no parecen haber tenido el menor efecto sobre los manifestantes.

“Deben poner fin de inmediato a manifestaciones que han derivado en vandalismo y anarquía absoluta”, dijo ante miles de personas que se reunieron durante la madrugada en la primera manifestación a favor de Erdogan, en la que se jalearon cánticos como “Somos soldados de Tayyip” y “Dios es grande, aplastemos Taksim”.

Erdogan reconoció que la policía se excedió en reprimir las primeras protestas medioambientales para proteger el parque Gezi y que se han transformado en una crítica a su gestión autoritaria y sin buscar el acuerdo en asuntos sensibles.

El primer ministro ofreció su discurso ante la multitud desde un autobús descapotable de su partido, el islamista moderado AKP, lo que levantó las críticas de la oposición por dar la imagen de que gobierna solo para sus votantes.

Horas después, el comisario de Ampliación de la Unión Europea (UE), Stefan Füle, transmitió a Erdogan que las protestas no afectarán al proceso de negociación para la futura adhesión de Turquía al bloque europeo, pero recordó que los abusos policiales no tienen cabida en una democracia.

Por su parte, los activistas acampados en Gezi han declarado que no tienen ninguna intención de moverse de allí hasta que se anule el plan urbanístico que prevé su demolición, se libere a los detenidos, y se destituya a los responsables policiales de los excesos.

Tampoco parece que a los miles de ciudadanos que ahora deambulan por el espacio verde, curiosean en los puestos de información, comida o artesanía o llevan a sus hijos a talleres improvisados de pintura, les afecten las exigencias de Erdogan.

Cada vez son más numerosos también los turistas que fotografían el colorista ambiente de la plaza, lleno de banderolas, consignas y vendedores ambulantes, que ofrecen desde comida caliente hasta máscaras para limitar el efecto del gas lacrimógeno.

“Llevamos diez días aquí y no ha habido problemas; sólo hay heridos cuando entra la policía a cargar. No hacemos mal a nadie y aquí seguiremos”, dice Atakan Savas, un activista de 29 años que lleva desde el primer día en las acampadas.

“No tengo miedo. Si la policía quiere venir, que venga”, concluye.

Otra joven, estudiante de Ciencias Políticas, explica a Efe: “Erdogan ha insistido en su proyecto de reformar el parque y construir esos cuarteles otomanos en el lugar. Eso quiere decir que no nos escucha, no hace caso a la gente, y habla como si quisiera provocar más violencia”.

El movimiento de protesta, que aglutina a un amplio sector de las clases medias urbanas, es uno de los mayores desafíos al poder de Erdogan, que ha vencido en las tres últimas elecciones legislativas con una clara mayoría.

Como telón de fondo está el temor de la perdida de libertad por lo que muchos consideran como una creciente legislación sobre la vida privada, según criterios religiosos, en una de las escasas democracias musulmanas con una Constitución laica.

La jornada de hoy ha transcurrido con tranquilidad y sin incidentes destacados, aunque en Ankara se produjo un desalojo de un pequeño parque ocupado por los “indignados”.

En esta ocasión, los agentes negociaron una salida pactada y no recurrieron a los gases lacrimógenos, según recogió el diario Hürriyet. EFE