Por Carlos Andrés Vera
Quito, Ecuador

Hoy, Orlando Pérez, director de El Telégrafo, ha publicado un análisis sobre el reciente perdón de Rafa en los casos El Universo y Gran Hermano. Pueden leer el análisis completo de Orlando titulado “Que Emilio Palacio deje de ser ejemplo de nada”. Desde el titular, y a lo largo de importantes pasajes del análisis, difiero. Voy a explicar por qué.

“Que Emilio Palacio deje de ser ejemplo de nada”, opina Orlando. Puede que el titular tuviera sentido hace un año, cuando Emilio estaba en su cumbre como director de opinión de El Universo. Seguramente yo estaría de acuerdo: creo que Emilio Palacio, en líneas generales, no puede ser un ejemplo o referente de opinión, porque sus artículos me parecieron siempre carentes de sustento (y se lo hice saber a Emilio varias veces, en algunos intercambios que tuvimos por mail). Por la misma razón, creo que Emilio Palacio tampoco puede ser un ejemplo de buen periodismo. No suscribo esa idea (oficialista) de que Emilio Palacio es un símbolo de la libertad de expresión. No: acá no hay símbolos y lo más parecido a uno es lo que veo en la propaganda oficial siempre que se refieren a Rafa. El discurso oficial hace sus esfuerzos por posicionar esa falacia de que los que señalamos los atropellos a Emilio Palacio suscribimos su forma de hacer periodismo. Se equivocan. Como se equivoca Orlando al afirmar que Emilio no debe ser ejemplo de nada, porque Rafa lo convirtió en un ejemplo de persecución política. Y eso es lo de fondo acá.

Lo he dicho varias veces ya: creo que Emilio injurió. También creo que es un mal periodista y un irresponsable. Partamos del supuesto de que tengo razón: alguien que injuria, es mal periodista e irresponsable, tiene derecho a un juicio justo. La declaración universal de los derechos humanos no excluye a injuriadores, malos profesionales o irresponsables, de este derecho universal. Se aplica a todos, incluidos los delincuentes más atroces. Y Emilio Palacio no es un delincuente. Sin embargo él y los hermanos Pérez fueron tratados como tales. Orlando reflexiona en su análisis desde un punto de vista muy cómodo: las “lecciones” que esto le deja al periodismo y cuál debería ser su rol en adelante. Ese debate, Orlando, no es nuevo. Es permanente y no pierde vigencia, mucho más ahora que los ciudadanos tenemos más herramientas que nunca para escoger nuestras fuentes de información. Lo cómodo, Orlando, es dejar a un lado el análisis de lo que sí resulta algo inédito para la “revolución ciudadana”: la justicia como herramienta de persecución política.

¿Es coincidencia que Rafa le haya puesto un freno a este show ridículo solo cuando intervinieron las instancias internacionales? Yo creo que no. “No existe ni la más mínima posibilidad de que Correa tenga éxito ante los órganos del sistema interamericano…” afirma Xavier Flores, abogado zurdo que conoce muy bien el sistema interamericano, en un artículo que recomiendo. Rafa paró cuando tuvo la certeza de que iba a perder ante tribunales que él no controla. Porque acá, él controla los tribunales. No sólo dijo que lo haría y los ecuatorianos le dimos ese poder en la consulta pasada, sino que los que acudimos a la CNJ el 16 de Febrero lo confirmamos: quien mandaba en el edificio, era el acusador. Rafa era parte de un proceso legal como ciudadano, pero en la corte, él y sus funcionarios determinaban quién entraba al edificio y quién no. ¿Puede hacer lo mismo cualquier ciudadano?

Orlando se refiere a la demanda: “…Pero también el Mandatario sabe que la desproporción de la demanda económica desvió el centro del conflicto. Sirvió para que los abogados y los políticos oportunistas desfiguraran la raíz de los juicios” Orlando, el problema no es la desproporción de la demanda. Rafa, en sus magnánimos delirios y mal asesorado por sus abogados, podía pedir mil millones si quería (al tratarse de una cifra impagable, es tan ridícula como los ochenta millones que efectivamente pidió). El problema Orlando, es la desproporción de la sentencia (por no mencionar las dudas, de sobra sustentadas, sobre su origen). Lo grave, es que un juez esté tan delirante como el demandante y firme una sentencia que toma como referencia el presupuesto del Estado para determinar un monto indemnizatorio. Ni qué decir sobre la autoría coadyuvante (teoría bajo la cual, Orlando, tu suscribes los delirios de doña Nancyta y Rafael Correa suscribe tus artículos) y la prisión por delitos de opinión, incompatible con la constitución vigente y todos los tratados internacionales suscritos por el Ecuador en materia de derechos humanos. Supongamos que Paredes la noche en que “redactó” la sentencia, a full speed, estaba tan acelerado que se le fueron unos tres ceros de más. Ese delirio, ilegal, absurdo e indefendible en cortes internaciones, se mantuvo a través de todas las instancias de justicia en Ecuador. Orlando, el principal problema acá no es el periodismo. Es la justicia.

Si Emilio injurió y en su “maldad y soberbia” (Rafa dixit) los hermanos Pérez no estaban dispuestos a emitir una disculpa, pues bueno: para eso se supone que está la justicia. En un proceso justo, jamás los hermanos Pérez, y menos una compañía, habrían tenido que afrontar un proceso penal por un artículo que ellos no escribieron. En un proceso justo, se habría impuesto una sanción proporcional al daño (como recomienda la UNESCO para delitos de opinión), por ejemplo, la rectificación y disculpas públicas de Emilio Palacio en el mismo espacio en que cometió la injuria. En un proceso justo, se habrían aplicado el principio de lucro cesante y daño emergente para determinar el monto indemnizatorio, como explica Eduardo Carmigniani.

En un proceso justo, nadie habría sido sentenciado a prisión por la publicación de unas palabras supuestamente injuriosas y mucho menos al pago de montos delirantes, que inevitablemente significaban la destrucción del capital y las vidas de los acusados. ¿Por qué ignoras eso en el análisis, Orlando?

En lugar de señalar lo grave y peligroso que es para la democracia que el recién inaugurado sistema de justicia se comporte como la extensión del líder, Orlando resalta su generosidad: “… (Correa) Sabía que ofrecer esa suma al proyecto Yasuní no significaba nada para la prensa y los opositores.” ¿Y por qué ha de significar algo, si la sentencia no tenía asidero legal? ¿Qué rol juega el Yasuní en esto, Orlando? ¿O sea que una sentencia ilegal está bien siempre que los millones no vayan a la cuenta del líder sino a la selva? Delirante.

Luego, Orlando se refiere al Gran Hermano: “Que Juan Carlos Calderón y Cristian Zurita nos devuelvan la confianza en el periodismo, desde sus medios y funciones, cumpliendo la norma básica del oficio para contrastar las fuentes y no supeditarse a una de las partes interesadas en un conflicto”. Orlando, te recomiendo leer el libro. En la página 199, se cita a Fabricio cuando afirma que Rafael conocía los contratos de su hermano. En la página 200 (sólo un párrafo después) se cita a Rafael Correa y Alexis Mera, afirmando lo contrario. Listo: fuentes contrastadas. (Puedes escuchar la entrevista que le hicimos a Calderón con todos los detalles, acá.) En solo cuatro párrafos, se citan todas las versiones sobre la afirmación que en primera instancia le iban a costar a Calderón y Zurita dos millones de dólares. De paso, recomendaría extender tu reclamo a todos los medios públicos que luego del 30S se alinearon al discurso oficial para atacar a los presuntos autores sin pedirles, nunca, su versión de los hechos: ahí nunca se contrastó la información. ¿Son Calderón y Zurita entonces los encargados de “devolvernos la confianza en el periodismo”? Yo creo que han hecho tan bien su trabajo que Rafa debería agradecerles: si no fuera por ellos, nadie se habría enterado de los contratos de Fabricio y probablemente seguiría enriqueciéndose “a sus espaldas” con contratos que superaron los 400 millones de dólares. Contratos que nadie vio en su momento y que nadie ha sancionado.

Orlando, no creo que Calderón y Zurita deban devolvernos la confianza en el periodismo. Por ahora, yo pondría parte de esa responsabilidad sobre tus hombros ya que me cuesta entender cómo alguien que habla de la construcción de medios públicos independientes ignore detalles sobre este capítulo tan graves como los que he señalado. Por el contrario, optas por seguir la línea oficial, apuntando tu artillería contra quienes en épocas pasadas fueron tus colegas y hasta compañeros de trabajo.

Para remate Orlando, sentencias: “Si el Presidente extendió su perdón, ¿no corresponde a los directivos de El Universo, a los periodistas Calderón, Zurita y hasta a Palacio asumir con humildad la responsabilidad de rectificar?”. Orlando, ¿por qué alguien a quien le han violado sus derechos fundamentales, como el derecho a una defensa justa, debe rectificar?

Esto no se trata de Emilio Palacio, Orlando.

Se trata del abuso de poder y el control de la justicia.