Virginia Giuffre recibió amenazas de hombres ricos antes de morir

‘La chica de nadie’ son las memorias póstumas de Virginia Giuffre, víctima sexual de Jeffrey Epstein, en las que no llegó a incluir el listado completo de sus abusadores: «Si hubiera podido decidir libremente, lo hubiera hecho, pero recibió amenazas de hombres muy ricos a su seguridad y la de su familia».

En una entrevista con EFE, la escritora Amy Wallace, coautora con Giuffre de las memorias, que este miércoles se publican en Latinoamérica, tras la edición en 2025 en EE.UU. y Reino Unido, revela que escribieron el libro en secreto durante cuatro años (2021-2025).

Solo la editorial lo sabía, pero ocho semanas antes de la publicación se filtró que el texto denunciaba a los abusadores de la red de pederastas, con nombres y apellidos, y comenzaron las amenazas.

Dice Wallace que Giuffre, que no llegó a ver publicado el libro -se suicidó en abril de 2025-, recibió mensajes de hombres muy poderosos: magnates, políticos, científicos y empresarios que la amenazaban «con denunciarla eternamente y que pasaría el resto de su vida en los tribunales, así que decidió no convertir el libro en un listado de abusadores y sí en unas memorias donde contaba su historia de víctima de tráfico sexual».

En esta edición en español (Planeta), no hay detalles nuevos porque el libro quedó «cerrado y sellado» por Giuffre en 2025.

Parece que la autora de alguna forma anticipó su muerte, ya que dejó un mensaje expreso: «Deseo de corazón que esta obra se publique, al margen de cuáles sean mis circunstancias en el momento de hacerlo».

Pese a que la coautora está convencida de que Guiffre se suicidó, el libro contiene un tuit publicado por ella que dice: «Quiero dejar constancia públicamente de que no soy una persona con tendencias suicidas (..) si me ocurriera algo, por el bien de mi familia, no se queden de brazos cruzados, ayúdenme a protegerlos. Mucha gente malvada querrá silenciarme».

Abuso familiar

Fue Wallace la que contactó con Virginia en cuanto supo que buscaba un escritor, y lo hizo después de ver en Netflix el documental «Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico».

 La conexión fue inmediata tras una conversación por zoom entre Australia (donde vivía Virginia) y California, residencia de Wallace, y ahí empezó un proceso de escritura que duró cuatro años y que fue devastador al revivir los primeros abusos, primero por su padre cuando tenía solo 6 años. Después llegó Forrest, un amigo de la familia al que fue entregada por su propio padre.

Tras una infancia de violencia, abandono, autolesiones y el internamiento en un centro de menores, Virginia, de 15 años, se topó con Jeffrey Epstein y su novia Ghislaine Maxwell, que dirigieron una de las mayores redes de prostitución de menores de las últimas décadas.

Epstein y Maxwell captaban a las jóvenes a las puertas de los institutos y buscaban el perfil de las más vulnerables y necesitadas de dinero, a las que convertían en esclavas sexuales.

El epicentro de las operaciones estaba en Little St. James (Islas Vírgenes de Estados Unidos), una propiedad con mansiones y un helipuerto, en el complejo de spa de Mar-a-Lago, propiedad de Donald Trump, y en varias residencias en Nueva York y Nuevo México.

Epstein se obsesionó con Giuffre, a quien llamaba «la número uno» y a quien obligó a buscar chicas a la entrada de los colegios: «Los rostros de las chicas que recluté siempre me perseguirán. Conozco su dolor, y nunca superaré haber sido una de las causantes».

Comentarios positivos sobre Trump

Afirma Wallace que Virginia no tuvo ninguna experiencia negativa con Trump, a quien conoció en Mar-a-Lago, donde el padre de la autora trabajaba en mantenimiento: «Él la trataba con cariño e incluso llegó a trabajar como cuidadora de los hijos de sus amigos, que pasaban temporadas en el complejo, es el recuerdo que tenía».

«Lo que ha hecho la Administración Trump es utilizar la historia que cuenta para exonerarle totalmente de su posible participación», dice la escritora.

Lo cierto es que la red estuvo funcionando décadas. En 1996, el FBI registró la primera denuncia y como mínimo el operativo se prolongó 30 años, aunque Giuffre estuvo dos, entre el verano de 1999 y septiembre de 2002.

Una de las denuncias más relevantes fue la del príncipe Andrés. Wallace comenta que decidió denunciarle porque «los abusos ocurrieron hasta en tres ocasiones, es un miembro de la familia real y hay una élite que piensa que puede hacer y deshacer lo que quiera, incluso tener sexo con menores porque están por encima de la ley».

El libro incluye la famosa foto con el príncipe Andrés que Virginia pidió a Epstein que les sacara con su cámara desechable.

La gota que derramó el vaso fue cuando Epstein y Maxwell le pidieron que tuviera un hijo con él, cediendo todos los derechos legales sobre el bebé. Virginia fingió aceptar, negoció tiempo, les convenció para que la enviaran a Tailandia a estudiar masaje y ya no volvió. EFE (I)

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