Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Juego limpio

Por Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

Si vamos a jugar, que el juego sea limpio, las cartas sobre la mesa y al descubierto. No estoy al tanto de si existe algún juego que se haga con las cartas abiertas, a la vista de todos los jugadores. Pues este es el tipo de juego que quiero proponer.

Por Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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Si vamos a jugar, que el juego sea limpio, las cartas sobre la mesa y al descubierto. No estoy al tanto de si existe algún juego que se haga con las cartas abiertas, a la vista de todos los jugadores. Pues este es el tipo de juego que quiero proponer.

El celo que han puesto siempre nuestros países en su derecho a elegir sus propios sistemas de gobierno y sus gobernantes; el celo que han puesto siempre en establecer sus propias políticas para poder administrar los Estados de manera que todos sus ciudadanos tengan la posibilidad de eso que la Constitución de los Estados Unidos de América dice: “lograr la felicidad”, se ha visto roto. Pensaba decir “sorpresivamente”, pero pensándolo bien no fue nada sorpresivo, ya que era el desenlace esperado tras una serie de situaciones que se fueron dando en la última década.

El hecho más reciente de la ruptura de ese respeto que nos teníamos hasta no hace mucho tiempo, los de un país y los de nuestros vecinos, se dio durante el llamado Foro de Sao Paulo que se realizó en Caracas; un foro que se formó con la participación de diversos países para darle un respaldo a la “revolución bolivariana” y apoyar el proceso electoral en Venezuela que debe darle necesariamente el triunfo a Hugo Chávez. Estos “demócratas” no aceptan otra solución.

En dicho foro participó Ignacio Lula Da Silva, ex presidente de Brasil; no es un ciudadano cualquiera: es alguien que gobernó Brasil durante dos periodos: 2002-2006 y 2006-2010, por lo tanto sus opiniones siguen relacionándose con dicho país, el mismo que a lo largo de su historia se ha destacado por una línea política severa trazada por Itamaraty que le ha dado sus buenos frutos. Lula Da Silva fue allá y le dijo a los participantes: “Solo con el liderazgo de Chávez el pueblo realmente ha tenido conquistas extraordinarias. Las clases populares nunca fueron tratadas con tanto respeto, cariño y dignidad. Esas conquistas deben ser preservadas y consolidadas. Chávez, cuente conmigo, cuente con el PT (Partido de los Trabajadores), cuente con la solidaridad y apoyo de cada militante de izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano. Tu victoria será nuestra victoria”.

Inesperada e insólita participación de un ex presidente que había logrado el respeto de muchos brasileños y no brasileños por los aciertos de su gobierno. Insólita actitud ya que se está jugando su prestigio en la ruleta del populismo más soez y arrabalero que haya surgido en nuestro continente posiblemente desde que surgió Juan Domingo Perón en Argentina. Sus apreciaciones sobre el gobierno de Chávez están fuera de lugar en una persona que ha ocupado la presidencia de un país y mucho más fuera de lugar está el comprometer el apoyo y la participación de un partido político brasileño, el PT, en aventuras políticas que no están nada claras y que seguirán sumidas en la bruma según puede verse por el camino que transitan.

Al ex presidente brasileño Lula Da Silva hay que dejarle bien en claro que está abusando del prestigio que le dio su carrera política para prometer apoyos de “cada militante de izquierda, de cada demócrata y de cada latinoamericano”. Habemos muchos ciudadanos latinoamericanos que entramos dentro de esa clasificación y que precisamente, por sentirnos demócratas, no estamos dispuestos a darle ningún tipo de apoyo a quien está oprimiendo a su pueblo, privándole de la posibilidad de disfrutar de la libertad para participar de la vida política de Venezuela con medidas que ni siquiera serían tomadas en el mítico Macondo de García Márquez.

Su última medida en favor de la democracia, la suya, desde luego, la democracia entendida como expresión “bolivariana”, la que alienta el propio Lula Da Silva, se resume en una prohibición estricta, a todos los militares de su país, a que vean canales de televisión privados. Tienen permiso para ver única y exclusivamente el canal público en el que no aparece su opositor Capriles ni propaganda electoral para los próximos comicios; esos comicios en los que debe ganar obligatoriamente Chávez, pues para eso se ha creado el Foro de Sao Paulo y donde un ex presidente brasileño fue a pedir a todos los venezolanos que lo voten. Mientras se hacen estas intervenciones ofensivas a la inteligencia, la presidenta de Brasil, en complicidad con otros presidentes también demócratas, como Kirchner de Argentina y Mujica de Uruguay, se han unido para darnos clase de democracia a los paraguayos. ¿No es pasmoso?

* Jesús Ruiz Nestosa es periodista paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC, de Asunción, Paraguay.