Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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La balada del músico sin apoyo

Por Alejandro Varas
Guayaquil, Ecuador

Para aquellos que desconocen el acontecer fuera del contexto político y económico del país quizás les interese saber lo que ocurre tras bastidores de los círculos artísticos y musicales. Hace unos meses, en el Ecuador se elaboró la propuesta de ejecutar un proyecto en la Asamblea Nacional denominado “Ley de Comunicación“, con la cual se pretende regular la emisión de contenidos de los diversos medios de comunicación ecuatorianos. Esa ley bautizada por la prensa como “Ley Mordaza” no sólo hablaba de las normas y convenciones de la transmisión de contenidos en medios de comunicación y la conseción de frecuencias sino que existían apartados en los que se buscaba, como siempre, “proteger y asegurar la igualdad de oportunidades” de los ciudadanos y las ciudadanas.

Por Alejandro Varas
Guayaquil, Ecuador


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Para aquellos que desconocen el acontecer fuera del contexto político y económico del país quizás les interese saber lo que ocurre tras bastidores de los círculos artísticos y musicales.

Hace unos meses, en el Ecuador se elaboró la propuesta de ejecutar un proyecto en la Asamblea Nacional denominado “Ley de Comunicación“, con la cual se pretende regular la emisión de contenidos de los diversos medios de comunicación ecuatorianos.

Esa ley bautizada por la prensa como “Ley Mordaza” no sólo hablaba de las normas y convenciones de la transmisión de contenidos en medios de comunicación y la conseción de frecuencias sino que existían apartados en los que se buscaba, como siempre, “proteger y asegurar la igualdad de oportunidades” de los ciudadanos y las ciudadanas.

Para quienes no conocen de qué trata esta ley, denominada como Ley 1×1, es un artículo que mediante el ejercicio de la ley ecuatoriana obligaría a todas las estaciones de radio incluir en su programación hasta un 50% de artistas en su programación habitual.

A raíz de esta iniciativa nacionalista y antimonopolio musical y quién sabe cuantas cosas más que nos hacen daño al “buen vivir”, muchos músicos se han puesto la camiseta tricolor y como si fuese una barra para apoyar un partido de la selección de fútbol nacional se han empecinado en realizar campañas en su mayoría a favor de la ejecución de esta ley para poder dar el salto a la fama y que su arte sea disfrutado por todos.

Gracias a esta conmoción en la escena musical del Ecuador, han saltado muchas iniciativas independientes y autofinanciadas. Desde los típicos eventos músicales en el que se busca demostrar el apoyo al artísta nacional independiente hasta movilizaciones virtuales como la creación de catálogos de “artistas ecuatorianos independientes“.

La intención de este catálogo es registrar la mayor cantidad de actos independientes y que no cuenten con el apoyo de una entidad de producción para demostrar, como si se tratase de un partido de fútbol que hacer música independiente y alternativa “SI SE PUEDE”. Al tener en mente que la idea de este registro es ir a tocar la puerta de entidades como el Ministerio de Cultura para demostrar cuantos artístas nacionales existen afuera que no son apoyados para exponer su arte a ver si Papá Estado puede hacernos un favor y decirle al público mediante una ley que están obligados a escuchar lo que el artista sin auspicio hace con su esfuerzo propio.

Históricamente, desde los artistas clásicos y contemporáneos han luchado por su cuenta para lograr que su obra sea apreciada y llegue a cuantas personas sea posible hasta lograr encontrar esa audiencia fiel que los seguirá hasta el fin del mundo de ser necesario. Hacer música, al igual que cualquier otro acto de emprendimiento exige mucha dedicación y esfuerzo; no podemos esperar que porque logramos empuñar cuatro acordes desafinados y lamentarnos por un romance que terminó mal en 5 minutos sea un éxito instantáneo donde quiera que vayamos.

Por mucho tiempo he visto una gran variedad de actos musicales locales, la gran mayoría de ellos son espectaculares y merecen ser escuchados por todos pero lo interesante es que muchos de ellos al ver la tan aclamada “falta de apoyo a la escena” aprovechan los pocos medios que tienen disponibles para organizarse y darse a conocer.

En este país, el común denominador de los ciudadanos aún no aprecia actos distintos a los que suenan en la radio. Si tu canción no habla de amor, ruptura amorosa, el plan de conquista, traición amorosa a un ritmo fácil de escuchar mientras manejas no tendrás la misma oportunidad que un Fausto Miño o un Justin Bieber. Por este motivo, tal como están dictadas las reglas del mercado o buscas espacios donde serás apreciado o creas tu propio camino.

Ser músico o artista en general en Ecuador es un suplicio. Conozco esta realidad personalmente, ya que formo parte de una banda formada con el transcurso de los años a través de mucho esfuerzo, dedicación y por supuesto, confianza entre los miembros de la banda. Nuestra visión es forjar una audiencia interesada en la música experimental tanto en el país, Latinoamérica y el mundo. Sin embargo consideramos que es oportuno y sensato trabajar en el proyecto, buscando cualquier oportunidad que se presente para que la banda se de a conocer, en lugar de lamentarme de por qué nadie escucha nuestra música y cómo alguien con poder puede hacerme el favor de darnos a conocer.

Es muy común escuchar noticias en las que bandas con trayectoria a nivel local se separen después de 5, 10 o más años de luchar en el mercado y nunca recibir la difusión ni acogida del público; también es mucho más común escuchar historias de estaciones de radio que no permiten transmitir actos independientes por el temor de perder la audiencia ante lo nuevo o porque piden cifras (la infame payola) absurdas a gente que apenas puede endeudarse por 12 meses sin interes por un instrumento de $300.00 o menos.

Por esa razón es mas probable que te vaya mejor haciendo tropipop, tecnocumbia o reguetón que promocionando un tema conceptual o instrumental de 5 minutos en la que esperas que el oyente reflexione con tu música sobre lo que bien puede ser un mensaje de observación a la sociedad sin utilizar recursos repetitivos como el insulto o palabras de oposición o favor al gobierno de turno. Es cuestión de oferta y demanda.

El uso de la internet se ha convertido en una herramienta clave para una gran cantidad de músicos profesionales y aspirantes a artistas a nivel mundial asi que ¿Por qué no hacemos un poco más como bandas y artistas que a pesar de su aparente comodidad se alejaron del sistema, se olvidaron del intermediario y tomaron las riendas de su destino artístico? Si son aficionados a la música ustedes sabrán de quienes hablo.

De esta forma quizás podemos alejarnos del pensamiento paternalista y dejar de lado la pleitesía que nos obligan a tenerle al más grande, sea esta una entidad pública con recursos ilimitados que salen de nuestros bolsillos o una productora multinacional que solo ve cuánto dinero puedes aportarle destruyendo tu concepto y convirtiéndote en el heredero al trono del rock latino o reforzando la idea de que el talento tiene nacionalidad perdiendo en el camino la verdadera misión de un artista: Crear un concepto, desarrollar un mensaje y compartirlo al mundo.

La intención de este artículo no es plantear con firmeza ni obstinación que esta columna muestre la visión única y correcta a la problemática detrás de la propuesta de la ley 1×1 sino que se pretende demostrar que podemos ser dueños de nuestro destino sea este artístico o en otra profesión y depender únicamente de nuestros talentos y las oportunidades que podamos aprovechar mientras aparezcan.