Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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El indeseable

Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador

Kim Jong-un representa la antítesis de lo que los seres de bien aspiramos de un dirigente de masas. Producto de un régimen que se autoproclama como uno de los mejores sistemas del mundo en protección de los derechos de sus ciudadanos, mientras el pueblo se muere de hambre y desconoce todo tipo de libertades y derechos que  se garantizan, en menor o mayor grado, en la mayoría de democracias de alrededor del mundo.

Gustavo Domínguez
Quito, Ecuador


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Kim Jong-un representa la antítesis de lo que los seres de bien aspiramos de un dirigente de masas. Producto de un régimen que se autoproclama como uno de los mejores sistemas del mundo en protección de los derechos de sus ciudadanos, mientras el pueblo se muere de hambre y desconoce todo tipo de libertades y derechos que  se garantizan, en menor o mayor grado, en la mayoría de democracias de alrededor del mundo.

Este dirigente, elevado a la posición de dios viviente por herencia directa dentro de la estructura de  un régimen profundamente inhumano y antinatural para las realidades del siglo XXI, y que es intensamente venerado por un pueblo aislado, famélico e ignorante de las realidades que existen fuera de sus fronteras, ha tomado dimensiones que lo acercan más a comportarse como el cancerbero del infierno, que como el líder de un país con honorables credenciales en el campo de la defensa y protección de los derechos humanos de sus conciudadanos, como alega su propia defensa.

Kim Jong-un, con su virulento discurso no solamente amenaza a su vecino y hermano enemigo Corea del Sur y a su aliado Estados Unidos, también pretende intimidar y chantajear a la raza humana, a todas las culturas amantes de la paz en el mundo, a la organización del sistema internacional de comunidades, y al mismo sentido común. Pretende encender el fuego del pánico fuera de sus fronteras, que es la fórmula con la que su dinastía ha subordinado exitosamente al pueblo norcoreano.

El imberbe líder, seguramente uno de los pocos regordetes en un país que lenta y cruelmente muere de hambre, considera que con su bravata diabólica el mundo se pondrá a sus píes y accederá a sus inaceptables pretensiones. Corea del Norte durante años ha intercambiado ayuda económica para alimentos con la promesa de reducir su desarrollo bélico nuclear. Promesas que descaradamente ha incumplido, y que le han costado sanciones por parte del Consejo de Seguridad de  las Naciones Unidas, incluyendo el voto de su tradicional aliada China.

El aprendiz de líder con capacidad nuclear, que considera que la expansión atómica con fines bélicos es su única tarjeta de presentación ante quien sabe que clase de dioses adore (más allá de su padre y abuelo), claramente merece ser tomado en serio por la comunidad internacional. Mientras que ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur pueden ser considerados como tácticamente correctos, podrían convertirse en estratégicamente fatales para la paz mundial; siendo esta realidad un problema alarmantemente serio para la comunidad internacional. Comunidad, que se ha visto en la práctica, incapaz de entablar compromisos directos con Corea del Norte, especialmente luego de la realización de pruebas con mísiles balísticos y de índole nuclear, que le ha merecido al país de Kim Jong-un severas sanciones internacionales. Sanciones que han enfurecido al dictador y que han generado su arremetida verbal contra la paz mundial.

Corea del Norte y su sistema político, se convierte en la prueba que perfecciona la tesis de política internacional que asegura que las democracias no solamente son el mejor sistema de autogobierno, si no que son una gran garantía para la paz internaciones. Los dictadores, como nos prueba Kim Jong-un, con algo de poder, fácilmente tienden a convertirse en indeseables.