Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Encrucijada

Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile

Parece como si Chile, el país latinoamericano señalado como ejemplo de estabilidad, crecimiento económico sostenido, de reformas cuya implementación ha sido sujeto de análisis a nivel regional y mundial, de pronto se encontrara en una encrucijada que va a marcar el tono de las elecciones presidenciales de este año. No solo bastaba una lógica económica-político-institucional estable y progresiva para que una nación subdesarrollada transite al desarrollo, como sugeriría la idea del modelo chileno. También era importante –y de ahí el problema- que las brechas sociales no se profundicen y que la ciudadanía, más allá del sistema de partidos, pueda repensar y participar en la construcción del tipo de sociedad que desea.

Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile


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Parece como si Chile, el país latinoamericano señalado como ejemplo de estabilidad, crecimiento económico sostenido, de reformas cuya implementación ha sido sujeto de análisis a nivel regional y mundial, de pronto se encontrara en una encrucijada que va a marcar el tono de las elecciones presidenciales de este año. No solo bastaba una lógica económica-político-institucional estable y progresiva para que una nación subdesarrollada transite al desarrollo, como sugeriría la idea del modelo chileno. También era importante –y de ahí el problema- que las brechas sociales no se profundicen y que la ciudadanía, más allá del sistema de partidos, pueda repensar y participar en la construcción del tipo de sociedad que desea.

Lo segundo no parecía ser evidente. En las más de dos décadas de democracia, el sui géneris sistema electoral chileno garantizaba que el electorado funcione en una lógica bipartidista (las coaliciones de centroizquierda y derecha funcionan como un solo bloque), y que los electores sean siempre los mismos, porque el padrón electoral era de registro optativo. Ello condujo a lo que se conoce como un “envejecimiento” del padrón electoral, porque se inscribían pocos jóvenes (4 millones estaban fuera del padrón, la mayoría menores de 40 años) y en donde los electores eran adultos de más edad que votaban siguiendo la lógica de los dos grandes bloques, asegurando un empate entre ellos. Si además existe quórum calificado en el Congreso para realizar reformas políticas y estructurales, cualquier intento para implementarlas ha sido infructuoso.

No obstante, en Chile se ha observado una creciente participación de la ciudadanía fuera del sistema de partidos, que exige cambios, se mueve en torno de diferentes temas de debate y en donde los jóvenes han mostrado liderato. Las movilizaciones estudiantiles del año 2011 son un símbolo de este fenómeno, que cuestionó la definición de participación democrática. El año pasado se aprobó una importante reforma al padrón electoral que permite el voto opcional y universal para todos los mayores de 18 años, con un impacto inmediato en las elecciones municipales del año pasado.

La pregunta sobre el tipo de sociedad que quieren los chilenos y el formato institucional para construir dicha sociedad está en el centro de las primarias de fines de junio que definirán a los candidatos de las coaliciones. Es curioso, pero el tema de la igualdad es tan transversal que hasta el abanderado del partido de la derecha tradicional lo lleva en su eslogan de campaña. Dentro del bloque de Centroizquierda, quedó en evidencia la apertura a realizar cambios de fondo desde el Congreso o con la posibilidad de una Asamblea Constituyente. Empero, la discusión sobre el cómo solo resalta la necesidad de cambios constitucionales profundos. El desafío es enorme, pero la demanda por mejorar la calidad de las instituciones para darle un sentido de coherencia e igualdad al modelo chileno, bien lo vale.

* El texto de Juan Jacobo Velasco ha sido publicado originalmente en el diario HOY.