Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Giro hacia la inversión

Pablo Játiva
Melbourne, Australia

Un interesante giro ha dado el gobierno de la Revolución Ciudadana en lo referente al manejo de la política de comercio exterior del país, un ministerio recién creado para procurar dar un manejo más técnico y menos político a esta importante rama de la economía nacional parece estar influyendo de forma positiva en el desempeño del Ecuador frente a nuevos mercados e inversionistas.

Pablo Játiva
Melbourne, Australia


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Un interesante giro ha dado el gobierno de la Revolución Ciudadana en lo referente al manejo de la política de comercio exterior del país, un ministerio recién creado para procurar dar un manejo más técnico y menos político a esta importante rama de la economía nacional parece estar influyendo de forma positiva en el desempeño del Ecuador frente a nuevos mercados e inversionistas.

Luego de leer las reseñas sobre la gira de Rafael Correa por Europa, un sorpresivo pero decidor diagnóstico se hace presente: de repente el presidente del Ecuador empezó a creer en los empresarios del país y, por lo tanto, en el capitalismo; ahora éstos ya no son los creadores de pobreza y desigualdad, mutaron en importantes generadores de prosperidad.

Contemplar al mandatario –otrora anti imperialista y enemigo del capital–,  viajando en el mismo avión junto a tantos actores que podían (¿o pueden?) ser considerados artífices y cómplices de la larga noche neoliberal es símbolo inequívoco de que el viejo enemigo se convirtió en invitado de honor entre las huestes del socialismo bolivariano, o de lo que quede de él.

Aún más interesante resulta ver a Correa viajar por Europa y con destreza usar todos los trucos del marketing para vender la imagen de un país seguro, -jurídicamente hablando-, para invertir y hacer grandes negocios. Ahora es él, que se ha caracterizado por cada cierto tiempo criticar ferozmente a los grandes poderes económicos transnacionales, quien va con gran sonrisa y mano extendida a pedir de favor a los representantes de las grandes corporaciones europeas que inviertan en el país. Hasta ahí llegó la retórica anticolonialista, y menos mal, porque ya era discurso desgastado y aburrido. Se mostraron índices de desempleo, según el primer mandatario, menores que los de ciertos países europeos. Con orgullo se demostró como la estabilidad económica ha generado estabilidad política, por supuesto, el Ecuador es el nuevo Chile, según el power point. Ni una palabra se dice sobre la interminable persecución a los periodistas. Nada sobre los presos políticos, que cada vez son más. ¿Y para qué decirlo, y quien va a decirlo? Al fin y al cabo, esas peculiaridades al inversionista no le importan, business son business, por eso nadie complica sus relaciones con China, a pesar de la tiranía que gobierna el país.

Es difícil determinar si este giro en la política internacional ecuatoriana se debe a un reconocimiento implícito de la necesidad de mejorar los índices de inversión extranjera en Ecuador o quizá un intento de tapar la mala imagen generada luego del fiasco del proyecto Yasuní. Tal vez marcar distancia con los evidentes fracasos del modelo económico venezolano y del ALBA. Sin embargo, es necesario reconocer como positivo el cambio más allá de la gran contradicción que éste golpe de timón tenga con los postulados anti libre mercado que sostiene Alianza PAIS, la apertura comercial es oportuna y brinda grandes oportunidades de crecimiento a la economía nacional.