Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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El retorno del Rey

Jacobo Velasco
Quito, Ecuador

Ha sido el actor dominante de los últimos siete años. Su dominio se ha traducido en una hegemonía creciente, en una presencia recurrente, en una necesidad para la gente.

Jacobo Velasco
Quito, Ecuador


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Ha sido el actor dominante de los últimos siete años. Su dominio se ha traducido en una hegemonía creciente, en una presencia recurrente, en una necesidad para la gente. Y también en estadísticas y en récords que van cambiando, cada día, la percepción. Con él hay un antes y un después en la historia. Con él, se ha podido establecer un periodo sin precedentes de logros, de triunfos, de festejos. Con él, sus seguidores y sus propios compañeros de lucha, amén de sus rivales, han tendido que rendirse a la evidencia de su reinado y de la necesidad imperiosa de verlo lucirse sobre el terreno de un juego en donde impone la dinámica a base de una versatilidad y una inteligencia inigualables.

No obstante, tuvo un resbalón reciente. No puede ganarlo todo. Hasta los súper hombres tienen límites. A Superman la criptonita lo debilita. A él el ansia de triunfo le pasa la cuenta.

Divierte verlo disfrutar del juego. Si por él fuera, estaría las 24 horas del día haciendo de las suyas. Es una máquina de creatividad. Vuelve fortalezas sus aparentes debilidades. Hace factibles cosas que parecen imposibles de concretarse. No esconde el pellejo y da rienda suelta a su talento a la que menos uno espera. Como una estrella fugaz aparece y rompe todos los esquemas. Mientras más grande el desafío pareciera mayor su voluntad por vencer.

Su reinado es una mezcla de factores de entorno y propios, pero sin él nada de eso sería posible. Es él quien ha hecho de esos triunfos y esos logros una realidad y un listado de récords. Algo que es mucho más elocuente pensando en su ausencia. De hecho, es muy difícil prever un futuro de gloria, del mismo tipo de gloria logrado, sin él. La continuidad de este periodo solo puede concretarse con él al mando. Desafortunadamente, sus cualidades únicas lo convierten en un fenómeno irrepetible. Todos en su entorno lo saben. Tienen la noción clara de que cualquier opción de victoria y de hegemonía pasa por su presencia y un potencial que, en su máximo, es imparable. Por eso es tan necesario. Por eso hay que mantenerlo contento. Es la joya de la corona. O mejor, simplemente, el rey.

Sí, Lionel Messi es el rey del futbol de inicios del siglo XXI. Y volvió en gloria y majestad este domingo en el derby español.

No solo metió tres golazos (hasta los dos penales son una pintura al óleo digna de un museo). Rompió el récord de goleo del clásico hispano, nada menos que desplazando a un segundo lugar a Alfredo Di Stéfano. Subió a un momentáneo segundo lugar en el registro de goles de la historia de la liga española. Y prendió nuevamente al Barca en la cacería del título, en el más emocionante torneo de la última década.

Más allá de su fuerza gravitacional para vencer a un rival que llevaba 23 fechas sin perder, lo que destaca de la Pulga es la calidad y lo completo de su juego, habilitando o definiendo. Messi enchufado, en su esplendor, es una fuerza de la naturaleza. Es un soberano, que define el  qué, el cómo y el cuándo. Estás en desventaja y te tiritan las pernas en defensa, aparece y soluciona un acertijo con un toque de billar. Tienes a una doble línea con 8 jugadores protegiendo el arco rival, encuentra el espacio justo para habilitar y provocar un penal. Debes definir dos veces ante un gigante y el público en contra, la ubica en el mismo lado, con una mezcla de fuerza y técnica que ningún arquero sería capaz de contener.

El rey volvió el domingo pasado, lleno de magia y brillo, dando cátedra, generando emoción en el público e invitando a soñar nuevamente. Larga vida al rey.