Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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No hay dos sin tres

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay

“No hay dos sin tres”, sostiene la izquierda uruguaya que da por hecho el triunfo del candidato presidencial del Frente Amplio (FA), Tabaré Vázquez (74), en el balotaje que disputará con Luis Lacalle Pou (41) del histórico Partido Nacional (Blanco), el próximo domingo 30.

Danilo Arbilla
Montevideo, Uruguay


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“No hay dos sin tres”, sostiene la izquierda uruguaya que da por hecho el triunfo del candidato presidencial del Frente Amplio (FA), Tabaré Vázquez (74), en el balotaje que disputará con Luis Lacalle Pou (41) del histórico Partido Nacional (Blanco), el próximo domingo 30. Más allá de lo que digan las encuestas (52% para el FA y 38% para los blancos), a las que no les fue muy bien en sus vaticinios para la primera vuelta del 26 de octubre, prácticamente nadie cree que Vázquez pueda perder. Desde el FA ya se habla de las medidas a adoptar en el próximo período del gobierno.

De concretarse este seguro pronóstico, el médico oncólogo Tabaré Vázquez asumirá por segunda vez la presidencia de la República, en la que sucederá a José Mujica, iniciando así el próximo 1 de marzo el tercer periodo de gobierno izquierdista en el Uruguay.

Como en los dos ejercicios anteriores, el FA gobernará con mayoría parlamentaria. En octubre, contradiciendo todo lo que auguraban las firmas encuestadoras, el Frente con el 47,81% de los votos (Lacalle obtuvo el 30,88%) consiguió 50 diputados para una Cámara de 99 miembros y 15 senadores (Senado de 31 miembros) a los que se sumaría el vicepresidente que preside la Cámara Alta y que, en el caso, sería Raúl Sendic Rodríguez (52), hijo del fallecido líder del movimiento guerrillero Tupamaro Raúl Sendic Antonaccio.

Pese a tener resuelto el tema de las mayorías, Vázquez busca lograr un triunfo lo más contundente posible en la segunda vuelta para que refuerce su legitimidad y no tanto como primer mandatario del país, sino también para su liderazgo en la izquierda el que disputa con el actual presidente José Mujica.

Es sabido aquí que las relaciones entre Vázquez y Mujica, formalmente correctas , no son de lo más fluidas, por decir lo menos. Y el dato es que Mujica fue el senador más votado y su sector, el Movimiento de Participación Popular, fue el que obtuvo más senadores y diputados dentro del FA, lo que le mantiene una cierta cuota de poder al actual presidente, con el cual Vázquez deberá armonizar mucho.

Esa armonización, por encima de las “simpatías” personales, se hace necesaria, pero quizás no tan fácil ante un futuro económicamente menos halagüeño como en la última década, y frente al cual la política a seguir habrá de concertarse entre un sector más ortodoxo y mayoritario, en el que se ubica a Mujica, que habla de acentuar la “socialización” del país, y la posición más moderada de Vázquez y de quien sería su ministro de Economía otra vez, Danilo Astori, que ha sido la línea seguida hasta ahora, con la comodidad de un viento favorable desde el exterior -el precio de las materias primas-, que ya ha dejado de soplar tan fuerte y que hasta puede ponerse en contra.

Durante estos últimos 8 años de “vacas gordas” o “plata dulce”, los jubilados y pensionistas han recibido aumentos anuales superiores al incremento del índice de precios y lo mismo pasó con los funcionarios públicos, cuyo número se ha incrementado en unos 50.000 en el período. Teniendo en cuenta que los jubilados y pensionistas son 750.000 y los funcionarios 250.000, cuyos ingresos crecientes vienen del Estado, y considerando que los votantes suman unos 2.300.000, es lógico ubicar por ahí buena parte de la explicación de este tan contundente triunfo de la izquierda. Pero, como se sabe, esa es un arma de doble filo, ya que si la economía se enlentece se hace más difícil conseguir los recursos para pagar los sueldos y calmar los reclamos de un movimiento sindical muy fortalecido y bastante arrogante, cuya dirigencia es del FA con sus mismas divisiones y pugnas.

Por algo ya desde Tabaré Vázquez, pasando por Mujica, hasta la mayoría de los dirigentes izquierdistas, anuncian nuevas cargas fiscales para el campo y a la producción agrícola y ganadera, que ha sido uno de los motores de la economía. Ese, entonces, es otro de los eventuales conflictos en el horizonte, que se suma al tema salarial, más algún estancamiento de las inversiones, que en cierta medida son frenadas por las demandas e imposiciones sindicales y los propios cambios en la economía internacional, todo lo cual hace prever mayores dificultades para el nuevo gobierno.

Tendrán que hilar muy fino y limar diferencias para mantener una política más pragmática que ideológica como hasta ahora. La otra opción ya sería “profundizar el socialismo” -¿el Socialismo del Siglo XXI?- con los riesgos que ello pueda aparejar de que “”la tercera sea la vencida”, como esperan resignadamente los hoy derrotados partidos de la oposición.