Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Globalización y desigualdad

Nicholas Gachet
Quito, Ecuador

El otro día escuchaba en un programa de radio al profesor Daron Acemoglu del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Nicholas Gachet
Quito, Ecuador


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El otro día escuchaba en un programa de radio al profesor Daron Acemoglu del Massachusetts Institute of Technology (MIT) en una entrevista en la cual explicaba sus críticas a la obra de moda en el mundo de los economistas, “El Capital en el Siglo XXI” de Thomas Piketty (a los interesados en este tema, el paper publicado por Acemoglu y su coautor, James Robinson, se titula: “The Rise and Fall of General Laws of Capitalism” ).

Entre los temas que se trató en la entrevista, llamó mi atención el relacionado con la desigualdad.

Resulta que uno de los temas fundamentales por lo que Acemoglu y Robinson critican la obra de Piketty, es por la falta de inclusión de variables en su trato sobre los orígenes de la desigualdad.

El economista francés Piketty se encierra mucho en su concepto de capital y como este va creciendo más rápidamente que el propio crecimiento económico. Por su lado Acemoglu y Robinson, desde su visión institucionalista, abogan por la falta de ese tema esencial dentro de las explicaciones de Piketty.

El tema que más captó mi intención fue cuando Acemoglu (en la entrevista) dio el ejemplo de Sudáfrica en relación a cómo las instituciones forjan la desigualdad. En su ejemplo, el brillante economista del MIT, sostuvo que el “Apertheid” fundó reglas de juego que poco a poco se iban institucionalizando y creaban desigualdad sin tomar en cuenta el rol del capital per se. Entre las reglas de juego creadas hubo el de situar un salario mínimo para los blancos y otro para los negros (este último era menor).

La desigualdad viene a ser un fenómeno incitado por las instituciones, sin lugar a dudas. Trabajos del economista ganador del Premio Nobel de Economía, Douglas North, también alimentan este argumento (en el caso de North el estudia las diferencias entre las Américas colonizadas por los ingleses y la América colonizada por los españoles). Estos y otros ejemplos concuerdan que las diferencias en libertades individuales y acceso a cuestiones como la educación, son factores determinantes al momento de conducir a una sociedad hacia la igualdad de oportunidades.

El tema de la globalización es muy criticado, más que nada por personas de pensamiento de izquierda, que enfatizan que esta ha traído un discurso en el cual se aboga por las libertades, entre otras cosas, pero que es solo eso, un discurso. La extrapolación que deseo hacer en este artículo es la de compartir con usted, estimado lector, el acceso que la globalización brinda a distintas experiencias históricas y coyunturales y que permite que tengamos en conocimiento cuestiones como la relación entre las instituciones y la desigualdad, por ejemplo.

El argumento de que, precisamente, es la globalización la que trae desigualdad es absolutamente erróneo, puesto que es este mismo fenómeno el que permite que reflexionemos el cómo factores ajenos al capital son los que provocan la desigualdad entre personas (y en ingresos). Las instituciones que promueven la igualdad de oportunidades (y derechos), a diferencia de lo sucedido en Sudáfrica, son las que construyen un futuro prometedor para la sociedad en cuestión.

Este es solo uno de los aportes que la globalización brinda a los hacedores de política y a la Academia. No obstante, existen muchos otros que datan desde hace mucho antes (como el mismo comercio entre mercaderes en la antigüedad, el acceso a tecnología, etc.) en el cual la globalización no ha promovido la desigualdad, sino más bien la ha combatido con generación de conocimiento y acceso a mercados.