Ecuador. Martes 24 de enero de 2017
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Del dolor, el terremoto, la crisis y otros efectos

Xavier Oquendo Troncoso
Quito, Ecuador

La gran poeta peruana Blanca Varela escribió que el dolor es “una mágica cerradura”.

Yo leo esta imagen como que el dolor es algo que está dentro de cada uno y tarde o temprano debe explotar. Es como un anticuerpo que defiende la parsimonia y la monotonía en la que se vive. Ya lo dijo Schopenhauer, alguna vez: “Si nuestra existencia no tiene por fin inmediato el dolor, puede afirmarse que no tiene ninguna razón de ser en el mundo”. Uno debe dolerse para crear y crearse, para saber que está presente, para irrumpir en mejores cosas.

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Los ecuatorianos hemos pasado en este tiempo por días tristes, llorando en silencio, oyendo tantas mentiras, tantas afirmaciones falsas, tantos lamentos de cosmético. Hemos visto cómo la gente “se da” de voluntariosa tras una selfie, se pone a caminar como por una pasarela para entregar “en caridad” los “multiproductos” del desastre. Y mientras ello pasa, hay un discurso por detrás.

“Para muestra, un botón”: Me encontré con unas personas que no quisieron entregar sus donaciones a los militares, porque no querían que fuera el Presidente de la República quien se aproveche de las donaciones y sea él quien se muestre ante los ojos de los demás como el benefactor. Es decir, no es que querían donar, lo que querían era “figurar”. Y es que: dime quién más dona y te diré quién es mejor político; dime cuánta sangre y agua de la que  necesitan mis “hermanos” de la costa entregó y te diré quien soy. Que si soy lo más caché, donaré yo mismo, con un súper camión y si los militares me paran, diré que soy el superman de los desastres y entraré a dejar mi funda de donaciones.

Y siguen diciendo: …pero si me toca donar en masa, con el Correa o con el Rodas, entonces no sale, porque yo soy una persona independiente y bien inteligente que sabe cómo salvar el mundo, no solo este país, y entonces comenzaré salvándolo con mis donaciones y luego seguiré salvando a la población del caos y la ignorancia y ojalá haya ignominia, para entonces ser efectivamente un salvador independiente. Porque, eso sí, si no me dejan pasar: ¡pasaré! Si no me dejan tomarme una selfie con los damnificados, entonces grabaré una nota de voz falsa en whatsapp y diré que ya mismo se acaba el mundo y que las placas terrestres van a destruir el país y las conciencias, pero antes de eso los voy a salvar con frases hermosas y de gran “autoayuda”, diciendo, por ejemplo: “cuídense por favor de los embates de la naturaleza”, “alerta por favor con la ira de la tierra” y otras frases tan “creativas” y “bellas” como las expresadas. Pero luego, lueguito, cuando se decide, al fin, aportar de verdad con medidas emergentes y ordenadas, entonces es cuando se acabó la cosa. Y entonces vuelven a salir los agoreros de la construcción y  defensores de la “caridad” a (re)clamar. Vale citar la contundente  frase de Eduardo Galeano: “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”. Hemos sido un pueblo enseñado a la caridad. Los de arriba les dan el pan, no lo comparten comiendo juntos, les dan la “funda de productos” y se van a su zona de confort.

Es maravilloso que el Ecuador se haya unido para ayudar en medio de la catástrofe, lo que resulta feo es que mucha de esa ayuda sea siempre vinculada a situaciones políticas. Así no se puede. Así el dolor deja de ser el túnel por donde sale la creatividad. Crisis y creación siempre han ido de la mano: seamos más creativos y menos “figuritas de pastel”.

Por favor, si se come la torta, ¡coma callado!

 

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