Ecuador. Lunes 16 de enero de 2017
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Leicester City: de equipito a King of Kings

Juan Romero Vinueza
Quito, Ecuador

«Los últimos serán los primeros», se suele decir para no desanimar a alguien que está haciendo mal las cosas y que, posiblemente, va a fracasar.

Esta frase es bastante inútil, si lo pensamos, porque nos da a entender que, en realidad, nunca seremos los primeros pero que podemos seguirlo intentando. Es, como quien dice, un epítome del fracaso, el consuelo de los perdedores. Este caso, sin embargo, es algo especial porque el equipo que se encontraba en los últimos lugares de la Premier League del año pasado –de la manera más sorpresiva y como suele pasar en una burda película hollywoodense de argumento soso– fue el campeón en el presente año.

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Estoy hablando de Leicester City, que fue fundado en 1884, y que hasta el 2 de mayo de 2016, nunca había ganado un título de la primera división de fútbol inglés ni se había clasificado a la Champions League. Tuvieron que pasar 132 años para que el club pudiese obtener un campeonato y dicha clasificación. Desde el título obtenido por el Nottingham Forest, en 1978, no se había dado un campeón que lo hiciera por primera vez, sino que, como siempre, lo habían sido los equipos que ya había logrado obtenerlo anteriormente[1].

El año pasado, en este mismo mes, Leicester City estaba peleando el descenso en la Premier League de Inglaterra. Faltando nueve jornadas, se encontraban en la última posición. Pero ganaron siete de esas nueve fechas. En la penúltima jornada el Leicester City empató 0-0 contra el Sunderland y, con la derrota del Hull City, salvó la categoría. Luego golearía 5-1a Queens Park Rangers en la última jornada. De esta manera cerró el año, con las justas, contando los sueltos, y se quedó en la primera división. La prensa inglesa llamó a este hecho “The Great Escape”, como el genial disco de Blur.

Luego de eso –y como premio por haber conservado categoría– Vichai Srivaddhanaprabha, el presidente del club, organizó una gira promocional en Tailandia, su país natal. Un equipo inglés en Tailandia sonaba bien desde donde lo miraras. En realidad, no importaba que sea el Leicester City el que vaya de gira. Era el equipito que salvó la categoría, pero era un equipito que disputaba una de las ligas más fuertes y competitivas del mundo. Ergo, podía llamar la atención del público en dicho país no tan futbolero. Puro marketing, nada más.

Y así fue. Llamó mucho la atención, pero no por su juego, sino por el escándalo sexual que los medios de comunicación difundieron. Tres jugadores del club habían tenido una orgía en Tailandia, para celebrar su estancia en la división de privilegio, y ciertas imágenes y videos empezaron a circular por las redes. Ahora, el Leicester City empezaba a darse a conocer al mundo de forma mediática. ¡Y de qué manera! El escándalo en sí no fue por la orgía, sino por los insultos racistas que se podían escuchar en las grabaciones. En fin, pasó lo que tenía que pasar y lo que pasó en Tailandia se quedó en Tailandia. Los tres jugadores implicados fueron despedidos y el entrenador también (era el padre de uno de los jugadores que participó en la orgía).

Otra vez, el club debía empezar desde cero con un nuevo técnico. El presidente optó con contratar a Claudio Ranieri, un estratega italiano que pasó por varios equipos de primera división de algunos países. Ranieri fue la opción porque era un técnico que salvaba a clubes que estaban desesperados. Su misión en el Leicester City era hacer que el club se mantuviera en la Premier League. Nada más. Y, ciertamente, lo logró.

Leicester City, con entrenador nuevo, seguía siendo un candidato para el descenso. Empezó bien, pero nadie pensaba que eso continuaría. «Algún rato se caerá, como todos los que comienzan así», es lo que recuerdo que escuché alguna vez, luego de que este equipito empezara a ganar varios partidos. Así pasó toda la Premier. Se esperaba que los realmente candidatos al título empezaran a ocupar los primeros puestos. Hasta cierto punto, sí se dio eso. No cómo se esperaba, pero algo es algo.

A falta de tres partidos, Leicester City tenía el campeonato en sus manos. Debía vencer al Manchester United, el equipo más ganador de ligas inglesas de todos los tiempos –y que anda en un mal momento, intentando obtener un cupo a competiciones europeas–, en su propio estadio: Old Trafford. No lo logró. Manchester United fue el “chimbador” de la fecha, ni ganó ni dejó ganar. El partido terminó en empate 1-1 y eso le daba una ligera oportunidad al Tottenham para quedar campeón. Esperando que el Leicester perdiese sus dos últimos partidos y que Tottenham ganase los tres que le quedaban, la Premier se quedaría en manos de un viejo conocido. Pero eso no fue así.

Luego del empate 2-2 entre Tottenham y Chelsea, el Leicester City se proclamó campeón, por primera vez en su historia, y sin necesidad de ganar los dos últimos partidos que le quedan contra Everton y Chelsea. Podrían darse el lujo de solo salir a tocar el balón, divertirse un poco, de una manera calmada, hacer lo que les diese la gana en la cancha con tal disfrutar de aquél título que parecía imposible, ese campeonato por el que nadie apostó, ni sus familias: la Premier League ganada por un equipito.

Los clubes ingleses gastan muchísimo dinero en fichajes para reforzar a sus plantillas. Según el portal Transfermarkt, toda la plantilla del Leicester City tiene un valor de 127 millones de euros y sus máximas estrellas: Riyad Mahrez, un valor de 20 millones; Jamie Vardy, de 12 millones; y N’Golo Kanté, de 10 millones. Está claro que estos son los precios actuales que tienen los tres jugadores, luego de la magnífica temporada que tuvieron en el 2016. Pero, cuando llegaron a Leicester City, esto era diferente: Mahrez dejó Le Havre de la segunda división de Francia por un precio de 500 mil euros; Vardy, el Fleetwood Town de la tercera división de Inglaterra por1millón 200 mil; y Kanté, el SM Caen de la primera división de Francia por 8 millones.

Las tres estrellas de los “foxes” costaron, entre los tres, 10 millones 700 mil euros. Manchester City gastó 74 millones en Kevin de Bruyne; Manchester United gastó 50 millones en Anthony Martial; Liverpool 41 millones en Roberto Firmino; Chelsea gastó 27 millones en Pedro. Eso por dar un ejemplo de sólo uno de los fichajes, porque si comparamos todo el dinero gastado por los clubes grandes para esta liga, daría un poco de vergüenza y rabia, que ninguno de ellos la hubiese ganado.

Como vemos, no fue necesario desembolsar una suma de dinero exorbitante para poder ganar la Premier League. Las plantillas de los cuatro equipos antes mencionados tienen un costo superior a los 400 millones de dólares: cuatro veces más que lo que vale la humilde plantilla del flamante campeón. El equipito del Leicester City venció a las multimillonarias nóminas de los equipos top de Inglaterra.

Esta ha sido una hazaña verdaderamente asombrosa si pensamos en los nombres de los otros equipos que dejó atrás: Arsenal, Manchester City, Manchester United, Liverpool, Chelsea y Everton, que son los equipos de la Premier League que, por lo general, están disputándose los primeros puestos de la tabla. El Leicester City, en cambio, peleaba los primeros puestos de la tabla, pero si la contamos desde abajo.

Este día quedará grabado como el momento en que, como en las ligas barriales, el campeonato lo ganó el más mañoso y no el más aniñado, el que puso más ñeque y no el que más figureteó, el que a pesar de todo pronóstico venció a los usuales campeones. El 2 de mayo del 2016 restará en nuestra memoria como el día en que el Leicester City venció a los reyes de la Premier League, el día en que pasó de ser un equipito a ser el King of Kings.

[1] Nottingham Forest obtuvo el campeonato de la Premier League en 1978 y también el de la Champions League en 1978 y 1979. En la actualidad, disputa la segunda división de Inglaterra.

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