Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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¿Y Antigua y Barbuda?

Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

Está muy bien que se proponga -lo hizo la comisión legislativa que tramitaba el proyecto de ley urgente enviado por el Ejecutivo- que sea pública la información sobre los flujos de fondos recibidos del Estado por sus contratistas y subcontratistas (art. 11, 4º).

Que no haya reserva bancaria, ni de ninguna índole, sobre el manejo y destino del dinero recibido del Estado, complica los atracos a los coimeros. Cualquier esfuerzo en esa línea debe ser respaldado.


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Pero no hay que engañarse. Como claramente enseña el caso Odebrecht, los sobornos salen de fondos distintos a los entregados por el Estado (son, digamos, “otra” plata). Además, son gestionados desde y hacia cuentas opacas en el exterior. Un claro ejemplo, con ramificaciones en el caso ecuatoriano, es el de la sociedad pantalla Klienfeld Services Ltd., usada por Odebrecht como vehículo para el pago de coimas. De ahí salió el “honorario por consultoría” cuando era ministro del régimen Correa, a Alecksey Mosquera (cuyo enjuiciamiento penal, por cierto, está curiosamente congelado hace meses).

A propósito de Klienfeld, no he podido encontrar, en la información que publica la Fiscalía, que se hubiese pedido asistencia penal a Antigua y Barbuda, en el Caribe, para indagar los movimientos bancarios desde ahí hechos para sobornar, directa o indirectamente, a funcionarios ecuatorianos. No hay que olvidar que en 2012 a Klienfeld se le quedaron congelados millonarios depósitos en el Antigua Overseas Bank. Tampoco hay que olvidar que otro banco usado para el envío de sobornos era el Meinl Bank Antigua. Y menos se puede olvidar que fue el propio Rodrigo Tacla, uno de los sobornadores de Odebrecht, cuya colaboración permitió agarrar a Mosquera, quien reconoció que en esos lares manejaba cuentas abiertas a nombre de varias “sociedades”, cuyos nombres constan en las revelaciones que, en acuerdo con la Fiscalía brasilera, hizo el 17 de junio de 2016 el banquero Vinicius Veiga Borin (página 10).

Aprovecho este recordatorio para volver a recordar que la verdad igual se sabrá.