Ecuador. Miércoles 7 de diciembre de 2016
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Lérmontov, el escritor favorito de Putin

Mijaíl Lérmontov, poeta ruso.

Moscú, (EFE).- Si los libros que uno lee le definen como persona, entonces para entender al inescrutable presidente ruso, Vladímir Putin, hay que leer a su escritor preferido, Mijaíl Lérmontov, poeta romántico, oficial zarista y disidente que murió en un duelo a los 26 años.

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“En mi mesa siempre está Lérmontov, para pensar, distraerme y sumergirme en otro mundo”, confesó recientemente Putin al reunirse con un grupo de profesores, que le preguntaron qué libros leía.

Aunque acostumbra a citar sólo sus poemas más patrióticos, Putin no dudó en calificar a Lérmontov (1814-1841) de “disidente”, ya que fue “muy crítico” con las autoridades de su tiempo, especialmente tras la muerte de su amado Pushkin en 1837.

“Por otra parte, estaba dispuesto a dar la vida por los intereses de su patria. Era un hombre extraordinariamente valiente”, recordó.

Lérmontov, que fue coetáneo de Pushkin y Gógol, y admirador de Lord Byron, es uno de los escritores más queridos por los rusos, tanto por su poesía, como por su única novela, “El héroe de nuestro tiempo”, un clásico de la literatura rusa.

Paradigma del romanticismo más lírico, tanto por su obra como por su forma de vivir enfrentado a las convenciones sociales del zarismo más pacato, también es considerado uno de los pioneros del realismo literario.

Al igual que Pushkin, este poeta, dramaturgo y novelista es más apreciado en Rusia que en el extranjero, donde son mucho más leídos Tolstói, Dostoyevski o Chéjov.

“No me sorprendió que Putin mencionara a Lérmontov como su escritor preferido. Nuestro presidente ha cambiado, ha evolucionado como persona desde que llegara al Kremlin”, dijo a Efe Grigori Moskvín, profesor de literatura en la Universidad Estatal de Moscú.

Destaca que, de hecho, Lérmontov gana en popularidad según pasa el tiempo, es de lectura obligatoria en la escuela secundaria y su obra tiene la capacidad de “unir a jóvenes y viejos, derecha e izquierda, ricos y pobres”.

“Era un genio, al mismo nivel que Pushkin. Los considero igual de importantes. Cualquier ruso conoce de memoria algunas de sus estrofas. Eso demuestra su grandeza”, insiste.

Comenzó a escribir con 14 años, en 1832, pero lo dejó al cumplir la mayoría de edad, tras lo que se inscribió en la universidad y se enroló en el Ejército imperial, para retomar su carrera literaria en 1837.

“Lo extraordinario es que vivió 26 años y 9 meses, de los que sólo se dedicó a escribir durante seis. Pero nos dejó obras maestras. Escribió más de 300 composiciones poéticas, pero durante muchos años no publicó nada, ni siquiera lo intentó”, señala Moskvín.

Aunque fueron sus poemas los que le llevaron a la inmortalidad, también compuso varias obras teatrales, de las que la más popular es “Mascarada”, que sigue siendo escenificada por muchas compañías teatrales rusas.

Es difícil encontrar un ruso que no haya leído su única obra en prosa, “El héroe de nuestro tiempo”, un auténtico “best-seller” desde su misma publicación, hace casi dos siglos.

“Pechorin, su protagonista, no deja a nadie indiferente”, apunta el profesor, que no se atreve a asegurar que ese personaje -un rebelde sin causa, atrevido, calavera, mujeriego y egoísta- y Lérmontov sean la misma persona.

El experto reconoce que el autor fue “una persona complicado e incómodo” para la sociedad zarista, al tiempo que “idealista y soñador”, “de carácter rebelde”, pero nunca llegó a entrometerse en política.

“Era un patriota. Me lo puedo imaginar en el siglo XXI, aunque le faltaría el genio. Los rusos ahora leemos menos, debido a la velocidad con la que vivimos”, admite.

De hecho, Putin utilizó su poema “Borodinó” sobre la famosa batalla contra el Ejército napoleónico (1812) para cargar contra los “nacional-traidores” que critican la política exterior del Kremlin, sea en Ucrania o Siria.

Lérmontov fue desterrado al Cáucaso contra su voluntad, la primera vez por desafiar al poder zarista en “Muerte de un poeta” -un homenaje a Pushkin-, lo que llegó a oídos de Nicolás I, y la segunda por batirse en duelo.

El destierro a esa distante frontera, con sus montañas y sus tradiciones seculares, tuvo una enorme influencia en su forma de ver la vida y consecuentemente en su obra.

“Las montañas del Cáucaso son sagradas para mí”, escribió en una ocasión el literato, que incluso comenzó a estudiar azerbaiyano y situó “El héroe de nuestro tiempo” en esa inhóspita región encajada entre los mares Negro y Caspio.

En su momento, el general y profesor de relaciones internacionales, James Stavridis, antiguo comandante supremo de la OTAN en Europa, recomendó sumergirse en la literatura rusa para entender a Putin, lo que consideró más útil que cualquier informe de la CIA.

“¡La batalla por Rusia continúa!”, proclamó Putin en un mitin en 2012 durante las mayores protestas antigubernamentales desde la caída de la URSS, citando uno de los más conocidos versos de Lérmontov.EFE (I)

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